Violeta Kreimer: la productora argentina del corto que ganó un Oscar y que admiran Jodie Foster y Julianne Moore
Invitada por el festival La mujer y el cine, presentará Two People Exchanging Saliva, en el Malba
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Es difícil imaginar todo lo que conlleva producir un cortometraje al que vieron más de un millón de personas y que fue premiado con el Oscar. Pero basta una conversación con Violeta Kreimer, productora de Two People Exchanging Saliva, para entender que se trata de una tarea tan ardua como llena de satisfacciones.
La productora argentina, radicada en Francia desde hace más de 20 años, está de visita en Buenos Aires, invitada por el festival La mujer y el cine, una iniciativa que lleva 38 años poniendo el foco en los films realizados por mujeres. En la actual edición del ciclo, que tendrá lugar desde este jueves hasta el domingo 30, se proyectará en pantalla grande el corto que ganó este año el Oscar a Mejor Cortometraje (Ficción), premio que compartió con The Singers, en un histórico empate.

“Para mí fue muy lindo cuando me escribieron y me explicaron la historia del festival, de cómo se formó y el hecho de defender este tipo de miradas y enseguida les dije que sí”, cuenta Kreimer, en una charla con LA NACION, en un café de Palermo.
La productora cerrará un círculo personal al presentar el jueves 27, a las 18, Two People Exchanging Saliva, en el Malba, cuya sala de cine cumplió un papel fundamental en su educación cinematográfica. Kreimer recuerda con nostalgia las largas filas para entrar a ver películas en el museo, un ritual que comenzó cuando estaba en los últimos años del Liceo Francés y siguió durante su cursada en la Universidad Torcuato Di Tella, donde estudió Ciencia Política, carrera que completó en la prestigiosa Sciences Po, de París.
Aunque se inclinaba por la gestión de políticas culturales, un interés por el arte cultivado durante toda su vida la llevó a trabajar con artistas. Su formación en un área que puede parecer tan distinta, resulta un valor agregado en su tarea como productora, ya que le permite “construir estrategias de todo tipo, reconocer a los buenos colaboradores y que la historia sea fiel al mensaje que queremos transmitir”, según ella misma reconoce.
“Los proyectos que hice no son documentales políticos, pero en todos hay un fondo de mensaje que me importa que se transmita -dice Kreimer-. A veces es casi inconsciente, ¿no? Pero de hecho, también me interesó pasar del arte al cine por eso, porque si bien en los proyectos de arte en los que trabajé siempre había también mensajes de fondo y todo arte tiene una fuerza política, en distintos niveles, me pareció que a veces estaba como una manera de conceptualizar las cosas o que quedaba dentro de un cierto ambiente y que no podía difundirse. Creo que el arte llega cada vez a más gente y de muchas maneras, pero el cine tiene una mayor capacidad de difusión”.

Con esa idea nació Misia Films, la productora que fundó junto con la italiana Valentina Merli. Durante la pandemia del Covid, establecieron una colaboración con las Galerías Lafayette, que aportaron sus impactantes tiendas para producir By Night, una serie de cortos experimentales, realizados por artistas, entre ellos las argentinas Cecilia Bengolea y Clara Cullen.
Así llegaron al proyecto de los directores Natalie Musteata y Alexandre Singh, que quisieron utilizar este espacio único para trabajar sobre la idea del lujo y el consumo. En ese marco se desarrolla Two People Exchanging Saliva, que cuenta, en solo 36 minutos, una historia de amor entre una vendedora de una tienda de lujo y una clienta, dentro de una sociedad distópica, en la que los besos están prohibidos y la moneda de cambio son las cachetadas.
“La elección del blanco y negro nos permitía hacer un paso de costado - explica Kreimer-. Es decir, estamos hablando, en realidad, del mundo actual. No es tan distópico como creíamos, en un punto. Casi como que en un momento nos creímos que estábamos haciendo una película absurda y la película es bastante real y realista. El tono es absurdo, los nombres enfatizan eso y hay un montón de detalles en ese sentido. También había referencias a Buñuel, a El conformista. Este lugar impone una cosa muy estricta. De hecho las vendedoras del corto tienen algo muy rígido, la vestimenta que elegimos casi que las vuelve futuristas. Es un mundo más rígido que lo normal, es al mismo tiempo algo futurista, pero basado en una rigidez que en otra época. El lujo está trabajado como un ritual, como también el momento del pago es casi un ritual”.
Esa estética trabajada desde el elegante espacio de Lafayette, el vestuario que incluye piezas de Chanel y una fotografía impecable en blanco y negro, a cargo de Alexandra de Saint Blanquat, refuerza la idea de la trama, que investiga la posibilidad de la existencia de belleza en un mundo signado por la represión violenta y el control del Estado sobre la vida privada de las personas.
“Por un lado está el mundo que creamos, que tiene un montón de reglas y al mismo tiempo lo que pasa es una simple historia de amor y es eso lo que te engancha”, comenta la productora, para quien la rigidez de la estética permitió que cada plano se concentre en las sensibles actuaciones de las protagonistas, Zar Amir Ebrahimi y Luàna Bajrami, quienes le dan vida a esta dramática historia romántica, acompañadas por la narración de la talentosa Vicky Krieps.
Decisiones
El exitoso recorrido de Two People Exchanging Saliva no es la gracia de un destino mágico, sino el resultado de una serie de decisiones y un trabajo incansable por parte de Kreimer, los directores y todo el equipo, mayoritariamente compuesto por mujeres.
La primera decisión clave fue no expandir una historia que tenía potencial para convertirse en un largometraje y quedarse en el terreno del corto.
“En un momento dudamos de hacer con lo que teníamos un largo y nos dimos cuenta que tampoco había lo suficiente para hacer un buen largo y preferimos tomar el riesgo de hacer casi un mediometraje, que es muy difícil de hacerlo circular. En el momento fue tanto el trabajo que entra la duda: ‘Bueno, si llegamos a pifiarla, el corto no circula tanto’”, explica la productora, sobre la dificultad de la decisión.
El rodaje, según cuenta Kreimer, fue muy complejo, ya que tenían que entrar con el equipo a las galerías a las nueve de la noche y dejar todo exactamente como estaba a la seis de la mañana, cuando empezaban a limpiar para comenzar la jornada. Para aprovechar el tiempo al máximo, Singh, director y guionista junto con Musteata, aprendió a utilizar Animatic, una tecnología que les permitió probar las posiciones de cámara antes de llegar a la locación.

“Habíamos escaneado el lugar con un teléfono y podíamos probar la cámara en todas partes -explica la productora-. Eso nos permitió tener la libertad durante el rodaje de que haya momentos de accidentes, de improvisación o probar cosas. Todo estaba muy decidido, lo cual es normal en un plan de rodaje, pero particularmente en un corto, nunca tenés tanto tiempo de trabajo”.
Kreimer elogia la enorme capacidad de trabajo de los directores Singh y Musteata, que terminaron siendo coproductores del film, por la gran inversión de tiempo y labor que aportaron. El montaje del corto de 36 minutos llevó seis meses. Luego, empezó otra etapa que les llevaría a las productoras, los directores y las protagonistas otra buena parte de su tiempo y dedicación: la difusión.
Al terminar el corto no podían imaginar que ese recorrido los llevaría al premio más reconocido del cine internacional, los Oscar.
“Un cortometraje no lo pensás así, sobre todo este, que viene de una historia que en realidad fueron un montón de coincidencias -dice la productora-. Pasó que tuvo un buen recorrido de festivales. Empezó en Telluride, que es donde empiezan las campañas del Oscar en Estados Unidos. Entonces, ese festival puso como una especie de tono a los encuentros, todos estaban en campaña Oscar. Y después, el primer premio que ganamos fue en Los Ángeles, el premio de ficción en el AFI, que es calificativo para los Oscar. Lo cual no quiere decir mucho; creo que al final quedan unas 200 o 300 películas calificadas”.
El camino
La adquisición por parte de Canal Plus y el premio del público del prestigioso festival de cortos de Clermont-Ferrand, terminó de convencer a Kreimer y a su equipo de que estaban en un camino que los podría llevar muy lejos. Empezaron a hablar con colegas que habían tenido experiencia sobre cómo encarar una campaña para el Oscar y tuvieron conversaciones con los profesionales de relaciones públicas que se dedican exclusivamente a trabajar con ese objetivo.
Cuando la revista New Yorker compró el corto para su screening room virtual, aumentó la visibilidad del proyecto, sobre todo en los Estados Unidos.
“Tuve que ir a buscar plata para financiar esta campaña también -dice la productora-. Esta película ganó muchos premios, pero fue una decisión en septiembre decir: ‘lo que estamos ganando, que tampoco es mucho, lo vamos a invertir en la campaña’. No es que tengo capacidad financiera en la productora todavía para invertir en ese tema. Los cortometrajes no tienen distribución. Los distribuidores son los que financian las campañas de largometrajes, como Neon, Sony, etcétera. Son inversiones que están contabilizadas y que son enormes. Va desde todo, de publicidad, agente de prensa, hasta movilizar a la gente para estar en las buenas fiestas, en las proyecciones, invitar a la gente, etcétera. Es mucho tiempo. Está el tema del dinero, pues también está el tiempo que le vas a dedicar a eso y que no estás haciendo otras cosas. Ni nosotros ni los directores. Nosotros estábamos queriendo avanzar también en la versión largometraje. Pero fue una decisión conjunta. Sabíamos que teníamos una chance porque había un boca en boca fuerte. Sentíamos que teníamos un tema político, actual, que nos daba para defender el proyecto y hacerlo circular y que, pasara lo que pasara, tenía mucho sentido”.
En el camino, Two People Exchanging Saliva obtuvo dos madrinas de lujo. Isabelle Huppert y Julianne Moore pusieron su nombre como productoras ejecutivas y se sumaron a la campaña para hacer conocer esta película, cuya visión creativa y política las conmovió.
“Dijimos: ‘tenemos a las dos pelirrojas del mundo del cine’ -dice, riéndose, Kreimer-. Las dos van con la película, son mujeres influyentes, mujeres fuertes. Bueno, estamos hablando de La mujer y el cine y todos estos personajes femeninos que se fueron juntando alrededor de la película: Zar, Luana, Vicky, Aurelie. Hubo muchas mujeres en el equipo técnico. Se armó una especie de energía femenina muy fuerte. Tampoco era una postura decidida y se fue dando naturalmente. Creo que lo que transmite la película toca mucho a las mujeres”.
El corto fue ganando admiradores, desde famosas como Jodie Foster y Catherine Deneuve, hasta público general y también votantes de la Academia de Artes y Ciencias de Hollywood. A medida que se acercaba la fecha de los premios, Two People Exchanging Saliva se perfilaba como uno de los favoritos a quedarse con el Oscar a Mejor Cortometraje. El otro era The Singers, que había sido adquirido por Netflix.
La noche de la premiación, el 15 de marzo, las productoras, directores y protagonistas del corto estaban concentrados en disfrutar de la experiencia, sin importar lo que sucediera. Tenían expectativas por lo que había generado su película, pero habían perdido en los César, en donde eran los favoritos. No imaginaban que iban a hacer historia, como una de las contadas veces en las que un Oscar fue compartido.
La productora cuenta que cuando Kumail Nanjiani anunció que había un empate en la categoría, le costó entender lo que estaba sucediendo. Tuvieron que esperar a que agradeciera el premio el equipo de The Singers para que los anunciaran como los otros ganadores del Oscar a Mejor Cortometraje.
“Entendí en realidad lo que dijo, pero todavía estaba en ese momento en que decía, ‘No quiero todavía convencerme’. Pero los directores sí entendieron, son americanos y entendieron toda la situación sin ningún problema. Entonces yo los miraba a ellos y los veía que no estaban decepcionados. Después fue todo disfrute”.
Ganar el Oscar le permitió a Kreimer posicionar a su productora a nivel internacional y comprobar que su idea de cruzar los mundos del arte y el cine no estaba tan errada. La lista de proyectos en los que está trabajando actualmente es larga y diversa. Participó como coproductora en Los días libres, la opera prima de Lucila Mariani, que recibió una mención del jurado en el último festival de Locarno, y dice que le gustaría hacer más coproducciones con la Argentina.
También, la productora tiene en distintas etapas de desarrollo una comedia romántica francesa, un melodrama, un documental sobre los habitués solitarios de un karaoke parisino, y dos cortometrajes documentales, entre otros proyectos.
Sin dudas, la repercusión de Two People Exchanging Saliva fue una reafirmación de su vocación de producir para cine y generar estos cruces entre ámbitos artísticos. Pero para Kreimer, más que nada, la estatuilla dorada no le cambió la vida, sino que le abrió una posibilidad de conectar su trabajo con sus raíces.
“Al contrario, te hace ver que todo lo otro es importante, ¿no? -reflexiona la productora-. Pero la emoción de mucha gente cercana a mí con respecto a esto, me permitió compartirlo. Me fui hace 23 años e hice un montón de proyectos, quizás muchos que eran casi más ambiciosos, en el sentido de que me costaron dos años de trabajo, y que era muy difícil de poder exportarlos o transmitirlos. La resonancia que tuvo en la Argentina y en mi gente cercana, me dio acceso a poder compartir lo que tengo ganas de defender desde hace mucho. No hubiese venido a la Argentina con este corto, si no hubiese ganado el Oscar. No me hubiese invitado a mostrarlo. Eso ya para mí es enorme, o sea, puede parecer muy simple, pero como argentina que te fuiste, que armaste tu carrera afuera, es muy difícil compartirlo con la gente de acá, sobre todo cuando trabajás en medios artísticos que resulta muy conceptual a lo lejos. Me permite estar viajando con este proyecto, volver acá y mostrarlo”.
Para agendar
Two People Exchanging Saliva se proyectará el jueves 27, a las 18 hs, en el Malba, en el marco del festival La mujer y el cine. Kreimer estará presente para charlar con el público.
El viernes 28, a las 20.30, la productora también presentará el corto en el cine York, en Vicente López.
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