
Encuentran los restos de un avión que cayó al mar en 1952 y que cambió todas las normas de seguridad aérea
Todos los pasajeros del vuelo 526A de Pan Am sobrevivieron a un amerizaje, pero se negaron a seguir las instrucciones del piloto y 52 murieron ahogados
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NUEVA YORK.– Hace 64 años a los pasajeros de un vuelo comercial no se les daban instrucciones de cómo proceder en caso de emergencia ni sobre el uso de chalecos salvavidas. Pero el 11 de abril de 1952, el trágico accidente del 526A de Pan Am que costó la vida a 52 personas que murieron ahogadas por negarse a seguir las órdenes del capitán, cambiaron para siempre las normas. Ahora, finalmente hallaron los restos de la aeronave hundidos en el Océano Atlántico frente a las costas de Puerto Rico.
La Air/Sea Heritage Foundation, en colaboración con otras entidades, incluido el programa “Expedition Unknown” de Discovery Channel, encontró el mes pasado los restos del “Clipper Endeavor” de Pan Am en el fondo del mar, según informó Discovery en un comunicado el martes.
El vuelo que partió de la capital portorriqueña duró menos de nueve minutos, ya que los dos motores derechos perdieron potencia en rápida sucesión mientras el Douglas DC-4 realizaba su ascenso inicial desde San Juan con destino a Nueva York.
John C. Burn, piloto del Pan American Clipper Endeavor no tuvo más remedio que amerizar. El total de 69 pasajeros y tripulantes sobrevivieron inicialmente al accidente, pero el pánico y la confusión se apoderaron de la tripulación en los pocos minutos posteriores al amerizaje.
Muchos de los pasajeros se negaron a seguir las órdenes del capitán de abandonar el avión cuando amerizó, y permanecieron abrochados en sus asientos, según declaró el piloto ante la junta, añadiendo que incluso había arrastrado a algunas personas al agua por la fuerza.
Según los relatos de los 17 sobrevivientes, la barrera del idioma en un vuelo con mayoría de pasajeros hispanoparlantes, también dificultó la evacuación del avión. Los pasajeros afirmaron que el fuerte oleaje y la amenaza de tiburones en el agua llevaron a algunos a permanecer dentro de la cabina. Muchas de las víctimas se ahogaron.
Finalmente la sección de cola del avión se desprendió y el fuselaje se hundió, en una tragedia que costó la vida a 52 personas y se convirtió en un catalizador para las instrucciones que brinda hoy la tripulación de forma rutinaria en todos los vuelos comerciales, y los actuales procedimientos de seguridad aérea.
Búsqueda y hallazgo
Durante casi tres cuartos de siglo, los restos del avión, cuyo tamaño es similar al de un Boeing 737, permanecieron perdidos en el abismo del Océano Atlántico.
Pero el 2 de junio pasado, tras rastrear una extensa zona oscura del lecho marino con un vehículo submarino autónomo, que se asemeja a un torpedo y está equipado con un sonar y cámaras sofisticadas, se produjo el avance decisivo, según un equipo de exploración.
Allí, a 600 metros bajo la superficie y a unos 8 kilómetros de la costa, unas letras blancas formaban la palabra PAA sobre un fondo azul con el logotipo del globo alado de Pan American World Airways, el mismo que, según los exploradores, aparecía en la nariz del avión.
También pudieron distinguir las letras VOR en “Endeavor”. El resto de la palabra estaba cubierto de escombros acumulados por la intemperie y el paso del tiempo.
“Cuando llegaron las primeras fotos, fue impactante”, dijo en una entrevista Josh Gates, presentador de “Expedition Unknown” en Discovery Channel, quien participó en el proyecto. “Me dejó sin aliento porque superaba con creces todo lo que imaginaba que veríamos. El avión está tan intacto, y ver ese aluminio, que no se corroe, brillando desde abajo, fue simplemente asombroso”.
El vuelo 526A de Pan Am, apodado el “Especial de Pascua”, se dirigía al aeropuerto Idlewild de Nueva York (ahora Aeropuerto Internacional Kennedy) el Viernes Santo cuando fallaron dos de sus cuatro motores, según el testimonio del piloto ante la junta de aeronáutica civil. El piloto, viró de regreso hacia San Juan, pero el avión estaba perdiendo altitud rápidamente sobre el océano, lo que obligó a la tripulación a descargar combustible e intentar un aterrizaje de emergencia en el agua.
“Fue un accidente que transformó radicalmente la aviación tal como la conocemos”, señaló Gates.
Diana Lachatanere, de 80 años, declaró el lunes que tenía 5 años cuando su padre, Romulo Lachatanere, farmacéutico de hospital y fotógrafo, falleció en el accidente. Según relató, él regresaba a su casa en Washington Heights. “Sigue siendo emotivo”, expresó Lachatanere, archivista jubilada y exsubdirectora del Centro Schomburg para la Investigación de la Cultura Negra en la Biblioteca Pública de Nueva York.
Dijo que no sabía que se había realizado una búsqueda de los restos del avión. “No hay ningún cuerpo”, se lamentó. “Me da mucha tristeza solo de pensar en él”.
Según el equipo de exploración, se tomaron más de 350.000 fotografías de los restos del avión, que permanecieron intactos. El equipo afirmó que no había planes para recuperar ningún resto del lugar. “Esa es la única lápida que probablemente tendrán en su vida”, dijo el señor Matthews.
Según el comunicado, la Fundación Air/Sea Heritage está trabajando con el gobierno de Puerto Rico para ampliar la protección del lugar del accidente y aboga por la creación de un monumento en honor a las víctimas.
Agencia AP y The New York Times



