
Fue ingeniero en Venezuela, emigró a Miami y a los 78 años triunfa con un oficio que aprendió desde cero
El hombre perdió su empresa y sus contratos con el estado ante el cambio de presidente; hoy tiene una clientela abundante en la ciudad y sueña con enviar sus pasteles a otros estados
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Un reconocido ingeniero civil de 78 años de Venezuela, que trabajaba en grandes proyectos y colaboraciones con el estado, decidió mudarse para reconstruir su vida en Miami, en Florida, frente al colapso económico de su país natal. Luego de encontrar múltiples dificultades en su camino, comenzó a comercializar tartas dulces sin tener experiencia en la gastronomía a partir de una receta que había creado su hija, y hoy triunfa con una clientela diversa en toda la ciudad.
El ingeniero de Venezuela que emigró a Miami y a los 78 años triunfa con un oficio que aprendió desde cero
Máximo Mendoza vivió la mayor parte de su vida en Venezuela, en donde de joven logró recibirse en la carrera de ingeniería al estudiar por la noche mientras trabajaba de día. El fruto de su esfuerzo le permitió tener una trayectoria larga y estable en el rubro, pero todo cambió de un momento a otro.

Con su título bajo el brazo y algunas experiencias previas, fundó una empresa y trabajó en importantes proyectos de ingeniería en Caracas, entre los que se incluye Parque Central, uno de los desarrollos comerciales y culturales más emblemáticos de la ciudad.
No obstante, la estabilidad de la que gozaba en su país se desmoronó después de que Venezuela votara por Hugo Chávez como presidente. “Me lo quitaron todo. Tenía mi empresa y me la arrebataron. Los contratos con el estado desaparecieron”, explicó en diálogo con Washington Post.
Al perder su negocio, cambió de rubro hacia la agricultura y comenzó a administrar una granja, pero poco tiempo después el gobierno también se la quitó. Sin opciones de cara al futuro, en 2018 tomó la decisión de abandonar su tierra natal.
“Si tienes que empezar de nuevo, empiezas de nuevo. Si te quedas estancado en lo que perdiste, morirás pensando en ello”, razonó.
El nuevo comienzo de Máximo Mendoza en Miami como pastelero
En principio, Mendoza llegó a Florida en 2018 con su esposa para la Primera Comunión de su nieta y, ante el colapso económico de Venezuela, su hija le pidió que no regresara.
Ante esta petición, la pareja se estableció en Florida y ambos solicitaron la residencia permanente a través de su hija. Cuando se les acabó el dinero, su esposa encontró trabajo en una boutique, y él intentó sin éxito conseguir empleo en hospitales y ferreterías.
Fue entonces cuando su hija Ana le sugirió comercializar una receta de pasteles que ella misma había creado hace más de 30 años. A pesar de que Mendoza revela que antes “se le quemaba hasta el agua”, aprendió el oficio “desde cero” bajo la tutela de su hija.

En marzo de 2025, empezó a vender sus pasteles en un pequeño mercado de Key Biscayne. Aunque al principio las ventas eran escasas, poco a poco construyó su marca, y el éxito llegó cuando cambió el nombre del negocio.
Con la modificación, su pequeña empresa pasó a llamarse “Max & Crust”, con el objetivo de honrar su historia. “Para mí, era fundamental que Max fuera la imagen de la marca”, expresó María Julia Stolk, quien lideró el rediseño. “La gente conecta con las historias, no solo con los productos, sino con las emociones. Y él está lleno de vida. Creo que es un ejemplo y una inspiración, y por eso era importante que mostrara quién es y contara su historia”, agregó.
Desde aquel momento, las ventas se dispararon, y ahora recibe pedidos a través de Instagram y WhatsApp, en español e inglés. En cuanto a la producción, Mendoza detalló que elabora a mano pasteles de chocolate y guayaba en su cocina de Coral Gables, y en un mes llegó a producir más de 240 pasteles.

Los planes a futuro de Máximo Mendoza en Florida
Luego de haberse reencontrado en el oficio de la pastelería, Mendoza percibe el cariño de los clientes como uno de sus mayores impulsos para seguir con la venta de pasteles. “Esos mensajes te dan ganas de seguir adelante. De mejorar. De crecer”, manifestó.
Si bien por el momento continúa con su trabajo en su casa en Coral Gables, espera poder enviar pronto sus comidas a otros estados y mudarse a una cocina industrial.
Según relató, cada uno de sus pasteles representa para él “un pedacito de casa”, horneado con la paciencia de quien aprendió a empezar de nuevo una y otra vez a base de esfuerzo.


