Reseña: La mano mágica, de Norberto Jansenson
“Vi desaparecer la moneda de lugares imposibles, la vi aparecer donde habría jurado que sería ridículo que apareciera”, cuenta Norberto Jansenson en La mano mágica, a propósito de un número de ilusionismo llevado a cabo, con tres naipes y una moneda, por René Lavand (Héctor René Lavandera,1928-2015).
En este libro el mago, narrador y orador Jansenson (Buenos Aires,1971) recopila anécdotas y recuerdos de Lavand que, a pesar de haber perdido en su niñez casi todo su brazo derecho al ser atropellado por un automovilista, se especializó en cartomagia y a lo largo de su brillante carrera alcanzó un merecido prestigio internacional.
Las conversaciones y los momentos compartidos con él y su compañera Nora están agrupados de manera muy libre: muchos transcurren en la cabaña tandilense de la pareja, acompañados de una copa de buen vino.
El autor se centra más en la personalidad de Lavand (“tiene la picardía de Mozart y la profundidad de Beethoven”) que en los tecnicismos del ilusionismo y prefiere señalar, en un tono casi filosófico, sutilezas esenciales de ese arte, como “el equilibro armónico que debe lograrse entre la charla y el efecto” en un acto de prestidigitación y el objetivo de motivar en el público “el sentimiento del asombro profundo”.
La mano mágica no pretende ser una biografía. Es un homenaje a un hombre que logró “un nivel obsesivo de excelencia que a veces se parecía a la perfección”. El texto brinda fragmentos de gran intensidad emotiva en los que se unen la admiración por el maestro y el afecto incondicional por el amigo.
La mano mágica
Por Norberto Jansenson
Híbrida
129 páginas, $ 3100








