Reseña: No salgas de noche, de Stacy Willingham
En su debut literario, la estadounidense Stacy Willingham (1991) narra en dos tiempos dos thrillers a la vez, ambos con las víctimas habituales en las novelas policiales: mujeres (en este caso, chicas de poco más de quince años). Dos décadas atrás, Dick Davis, el padre de la narradora, ha sido condenado a prisión perpetua en la “Alcatraz del sur” por el asesinato de seis adolescentes que eran amigas o compañeras de su hija Chloe, en Breaux Bridge. Los cuerpos nunca se encontraron. Convertida en psicóloga (y en adicta a los ansiolíticos para soportar el trauma), Chloe hace los arreglos de su boda con Patrick, un visitador médico al que conoció en Baton Rouge. La joven terapeuta, que considera a su padre un monstruo, ha cortado lazos con él pero mantiene el vínculo con su hermano mayor, Cooper.
La llegada de un periodista que quiere escribir un artículo sobre su padre, a veinte años de los hechos, reaviva el pasado. Para colmo, en la localidad donde ahora vive Chloe, dos jóvenes han sido asesinadas. No solo ella sospecha que un asesino serial intenta imitar a Dick Davis; incluso interpreta que su presencia allí activó el impulso de matar del nuevo feminicida.
“Hay muchas formas sutiles en las que las mujeres nos protegemos inconscientemente a lo largo del día; nos protegemos de las sombras, de depredadores invisibles –reflexiona Chloe–. De las fábulas y las leyendas urbanas”. Esta oscura fábula sobre el mal, narrada desde un punto de vista angustiado, recibió elogios de Karin Slaughter y HBO Max desarrolla una serie con producción de Emma Stone y Dave McCary.
No salgas de noche
Por Stacy Willingham
Motus. Trad.: C. Bordeu
418 páginas, $ 3350











