La casa-taller que surgió en un galpón centenario y entre escombros de una carpintería incendiada
El refugio de la artista Nicola Costantino, bajo la mirada de la directora de arte Mariana Rapoport y la fotógrafa Victoria Schiopetto
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Un galpón de principios del siglo pasado -que albergaba las maderas de la carpintería que allí funcionaba- junto a una construcción de hormigón de la década del 70 y un incendio que arrasó con todo, dejando apenas reconocibles los hierros fundidos de las vigas y el techo caído sobre los escombros, fueron la base sobre la cual la artista plástica Nicola Costantino, transformaciones mediante, levantó la casa-taller que estaba soñando cuando despuntaban los 2000.
“Yo estaba buscando propiedad y estaba siempre pensando en casa-taller. Cuando vi esto me morí porque pensé: este tiene que ser mi taller. Fue el galpón el que me encegueció. Con el incendio se deformó, se destruyó el fondo del galpón. Quedaron las vigas derretidas y el techo caído, un agujero tremendo”. dice.

“El fondo del galpón hoy es un jardín. Yo rescaté las tres cuartas partes del galpón, hice un cerramiento tratando de diseñarlo como de la época”, cuenta la artista rosarina que expone su muestra PaRDes: el jardín del tiempo suspendido hasta noviembre próximo en la Fundación Santander, donde despliega una obra en la que las flores, realizadas con la técnica japonesa neriage nerikomi, son protagonistas.
Con la idea de vivir en comunidad, Costantino se contactó entonces con amigos vinculados al arte, como el artista Sebastián Mauri, la entonces directora del MAMBA (Museo de Arte Moderno) Laura Buccellato, y la coleccionista y galerista Cecilia Remiro.
Decidimos lanzarnos a la aventura de hacer un libro que reuniera hábitats extra-ordinarios, alejados del modelo hegemónico de belleza contemporánea”
“Compramos el edificio para comenzar las reformas para vivienda. Laura trajo a Horacio Torcello como arquitecto, quien conoció a Cecilia Remiro, se enamoraron y formaron una familia con dos niños. Después se sumó Gabriel Valansi, quien me posibilitó incursionar en el maravilloso mundo de la fotografía. Luego de dos años de obra, lo habitamos en el 2008. Ya con el nido listo, llegó Aquiles, quien nació en el 2009. Al edificio, que está sobre la calle Aguirre, enseguida pensé llamarlo La ira de Dios. Quién hubiese dicho que la ira de Dios podría traer amores, nacimientos y prosperidad”, reflexiona Costantino.

Con semejantes condimentos, la casa-taller de Nicola Costantino cumplía con todos los requisitos para formar parte y ser la tapa del libro Los Excéntricos, mundos con magia y locura, obra de Mariana Rapoport y Victoria Schiopetto, que estiman se lanzará en septiembre.
“Un día de verano post pandémico, martes, miércoles, jueves o viernes da igual, nos juntamos a almorzar. Sobre nuestra pequeña mesa, un libro. Un bellísimo libro australiano compilaba el trabajo de una fotógrafa que había salido a la caza de las casas más soñadas que hayamos visto en los últimos tiempos. Las dos estábamos en éxtasis mientras saltábamos de página en página. Ese libro nos encendió. Ahí mismo decidimos lanzarnos a la aventura de hacer un libro que reuniera hábitats extra-ordinarios, alejados del modelo hegemónico de belleza contemporánea”, cuentan las autoras.

Así empezó lo que se transformaría en un recorrido muy especial, en el que cada una de las 18 viviendas visitadas aportara una visión distinta de cómo vivir una casa. Entre anotaciones de lugares que Mariana Rapoport -autora de los textos y directora de arte (@marianarapoport)- y Victoria Schiopetto -fotógrafa (@victoriaschiopetto)- apuntaban para fotografiar, se fue armando un cronograma de viajes que se extendieron de norte a sur y de este a oeste, a lo largo de todo un año.
“En nuestro listado aparecieron refugios y guaridas, de todo tipo y estirpe. Un palacete morisco en Mendoza. Una iglesia reconstruida a media hora de Jujuy capital. Un ex convento de monjas francesas en La Cumbre y un viejo pueblo alguero en Chubut. Pero también sumamos una pulpería solitaria en Centinela del Mar, un paraje solitario sobre la costa Atlántica y varios ejemplos de espléndidos departamentos en CABA”, señalan Rapoport y Schiopetto.
“Desde el minuto uno, estaba clarísimo que buscábamos documentar mundos empapados de una belleza extraordinaria. Mundos con magia, con locura, que estaban habitados por personas que habían volcado sus pasiones, sus obsesiones, condimentos que nos resultaban afrodisíacos. Y fueron esos habitantes, con sus locuras, con sus obsesiones, los que le dieron el nombre a este libro”, agregan.
Por supuesto, Nicola Costantino era uno de esos habitantes cuya casa-taller encandilaría a las autoras de Los Excéntricos. Una de las excéntricas del libro, Cecilia Remiro Valcárcel fue quien les recomendó que conocieran el lugar. “Tienen que ir a lo de Nicola porque no es sólo una casa especial, es un universo completo”, entusiasmó a Rapoport y a Schiopetto.

Inmediatamente se estableció la conversación con la artista plástica. “Con cierto pudor, confieso. Me intimidaba la figura de esta artista que ha despertado polémica en algún momento de su carrera con las siluetas de animales muertos, con los jabones de grasa elaborados a partir de liposucción propia sumada a esa mirada tan fuerte que tiene y me resultaba intimidante. Con sorpresa, me contestó rápidamente, fijamos un día y hora de encuentro y allí fui a su casa taller en un primer piso de un edificio de Villa Crespo”, narra Rapoport.
Alejada de la pose del artista consagrado, Nicola Costantino impresionó a su interlocutora por su sencillez. “Y, lo que más me fascinó de su vivienda-taller fue el galpón, desordenado y fascinante, lleno de arcilla, de cajas, de instrumentos, de mesas de trabajo, de muebles que fueron parte de su muestra de Evita en el museo Fortabat. Y en el medio de ese caos, emergían las bellísimas flores de Nicola, que viene haciendo desde la pandemia aplicando la técnica japonesa neriage nerikomi”, apunta Rapoport.

Unos meses después la dupla estaba fotografiando a la artista en su casa-taller. Se trata de un edificio de cuatro plantas, donde hoy viven o trabajan también los artistas Gabriel Valansi, Santiago Porter y el filósofo Florencio Nocetti.
“Particularmente me cautivó fotografiar su mundo porque admiro profundamente su trabajo y llegar a ese lugar mágico es entrar en otra dimensión. Esta casa taller tiene todos los elementos para figurar en Los Excéntricos: es original, es rara, la inunda una creatividad sin igual”, añade Victoria Schiopetto.
El galpón, que hoy es el taller de Nicola, en los años 90 era el depósito de madera de una carpintería y junto a él se alzaba un edificio de los años 70. Hasta que el fuego desató la catástrofe, que fue mucho más que material: el dueño de la fábrica de muebles murió del disgusto, quedando el lugar cerrado durante 15 años. Todo cambiaría cuando, en 2006, la consagrada artista plástica decidió llevar a la realidad su sueño de contar con una casa propia.

“Tenía veinte mil dólares como todo capital. Con eso no podía comprar ni un PH en Chacarita, cuando todavía era barato. Pero con mucha ilusión salí a rastrillar la ciudad”, narra 17 años después.
Después de recorrer los barrios, Nicola Costantino dio con el edificio abandonado, que tenía cinco pisos y 60 metros de fondo de terreno. “Pedían doscientos mil dólares. Lo visité, eran plantas libres sin divisiones. Cuando llegamos al galpón, supe que sería mío”, asegura Costantino.
Con sus ahorros -que cubrían apenas el 10% del valor de la propiedad- reservó la casa y pidió escritura directa a 69 días. Y salió de inmediato a buscar socios para compartir el proyecto. “O lo lograba o lo perdía todo. El alto riesgo de fracasar no me impidió ser muy selectiva con los socios. Yo quería sólo gente relacionada al arte y que pudiéramos vivir como en una comunidad”, afirma. Y lo consiguió al incorporar a Mauri, Buccellato y Remiro, a quienes se sumó después Valansi.

Dos años después la obra estaba a punto y, finalmente, la casa-taller pudo ser habitada en 2008. “Ya con el nido listo, llegó Aquiles, que nació en 2009. Yo me endeudé con amigos y coleccionistas y pude saldar mis deudas con la venta de las fotografías que hice con Gabriel Valansi”, confiesa la artista. La división en propiedad horizontal, que consta de 1500 metros cubiertos desarrollados en cinco plantas, se realizó sin problemas.
Veinte años después de la gran aventura emprendida por Costantino, allí vive Nicola con su hijo Aquiles, que ya tiene 14 años. La vivienda cuenta con un estar que cumple también el rol de espacio de experimentación. También están ubicados allí la cocina, “enmarcada dentro de una suerte de pecera, y un pequeño hall que conecta con el taller, con la tipología del galpón industrial, en donde Nicola se pasa las horas creando junto a un grupo de colaboradores”, señalan Mariana Rapoport y Victoria Schiopetto.
Atrapantes, la casa y la historia son el puntapié para iniciar un recorrido por las páginas que sorprenden al lector, quien en todos los casos queda con ganas de ver y conocer al excéntrico que sigue.






