
Colores, materiales, ubicaciones y diseños inspiradores para armar desde cero o renovar nuestro espacio de trabajo en casa
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EN EL CUARTO. Algunos prefieren destinar un ambiente completo a su oficina en casa y compartirlo con la familia. A otros les parece mejor y más realista que cada uno tenga su pequeño espacio de trabajo en su dormitorio: tranquilo y con el estilo de su dueño. Puede ser a un lado de la cama, con muebles de diseño; en blanco laqueado y aprovechando un nicho en la pared; o bien en clave simple, debajo de la ventana. Todo vale.

FINÍSIMO. Con un panel de madera –que se puede usar como biblioteca y zona de apoyo, o bien dejar libre a modo de biombo– se separó de forma funcional y liviana una sintética posta de labores o estudio del comedor. En idéntico material, dos ‘líneas’ (una como mesa y otra como estante superior, que desembocan en un placard cerrado) dan forma a un escritorio que se luce por su sencillez.

INTEGRADO. Una buena idea tanto para un gran living como para un monoambiente: reunir varias funciones en un mueble modular. Acá, listones de por medio, el sector de TV se convierte sutil y bellamente en espacio de trabajo. Tramado por las arquitectas Candelaria Cadenas y Magdalena Rica, este orgánico diseño fue presentado en la edición de Casa FOA que se llevó a cabo en La Abadía.

ACCESORIZADO. El más simple de los ambientes se puede vestir de gala con los complementos correctos, como estas mallas metálicas negras de 35x70cm con ganchos en ‘S’ para colgar útiles y exhibir imágenes ($290 c/u), enganchadas con tirantes de cuero ($100). Completan el look un cartel luminoso ($990), una lámina de las fases de la luna de 30x40 ($120) y un practiquísimo canasto para papeles ($320, todo de Papelera Contemporánea).

VINTAGE. Cualquier rincón, por minúsculo que sea, es ‘escritorizable’. Todo es cuestión de captarle la espacialidad y el clima, como bien hizo este nostálgico dueño de casa, que completó una esquina contra la ventana con elementos retro que apelan a la memoria emotiva: láminas de Mickey, una mesa de madera y la infaltable máquina de escribir.

CHAPA Y PINTURA. Este escritorio de chapa y hierro pintado al horno se puede adaptar prácticamente a cualquier situación. En este caso, sus creadoras, las arquitectas del estudio Truá, lo combinaron con una silla ‘Eames’ amarilla, una papelera turquesa, una lámina y muchas plantas: un combo colorido para ponerle onda a las tareas y evitar darle al living un look de estricta oficina.

AIRE Y LUZ. La buhardilla, el altillo o algún recoveco con techo a dos aguas que estamos desperdiciando (o usando de espeluznante depósito) se puede convertir en luminoso y agradable espacio de trabajo. Basta con sumarle cerramientos en el techo, como este modelo de Velux enchapado en madera, para ganar productivos metros.

CON VISTA. Tres escritorios, un leitmotiv: el telón verde de fondo para descansar la vista y el cerebro cuando despegamos los ojos de la computadora. Lejos de ser una distracción, la vista al jardín o el exterior puede ser inspiradora y relajante, además de sumarnos una sana dosis de luz natural.






