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A los 21. "En Alemania no seguir las normas es socialmente descalificante"

Jimena Barrionuevo
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18 de febrero de 2020  • 00:11

Sintió que todavía no estaba "listo" con aquel país que tanto le había dado en tan poco tiempo. Su experiencia como estudiante de intercambio del Rotary International en el pequeño pueblo del oeste de Alemania, había sido inolvidable en todo sentido . Y, aunque todavía no lo sabía con certeza, había algo allí que lo incitaba a quedarse e ir tras aquello que ansiaba.

Felipe Vanrell (21) nació en la provincia de Santa Fe. Sin embargo, cuando tenía seis años, sus padres decidieron mudarse a Humberto Primo (a unos 150 km. de Santa Fé), debido a la gran criminalidad que se vivía y para darle a su hijo una infancia más segura. "Allí tuve una vida de pueblo, muy tranquila, pero sin desafíos. Hasta que al terminar la escuela secundaria decidí realizar un intercambio con Rotary International en Alemania . El intercambio duró un año y allí fui hospedado por familias vinculadas al proyecto. Ese año fue decisivo para mi vida, ya que mis horizontes se me ampliaron inmediatamente y ,ergo, mis expectativas para mi futuro. Durante ese año aprendí muy bien alemán, hice exámenes de idioma y gracias a mis buenas notas, mi club de Rotary me ofreció quedarme a estudiar en Alemania".

No dudó ni un segundo en aprovechar la oportunidad. Tenía el apoyo financiero y los buenos consejos de la gente del Rotary, una ayuda económica que sus padres le hacían llegar con mucho esfuerzo y, además, Felipe había logrado conseguir un empleo de fin de semana en un museo de Historia Antigua de la ciudad de Bonn. Ese era el lugar que había elegido para estudiar Ciencias Políticas. "Entre tantas ciudades universitarias con gran nivel, me decidí por la universidad de Bonn – excapital de la Alemania Occidental y lugar de nacimiento de nadie más y nadie menos que Ludwig van Beethoven- cuyas bibliotecas y escaleras han sido recorridas por grandes pensadores como Friedrich Nietzsche, Karl Marx, Konrad Adenauer, entre otros".

El ámbito incita a estudiar

No sabe cuál es el motivo, pero Felipe aclara que cree que el ámbito incita al estudio. Y, en ese sentido, el se siente como pez en el agua. "Estudiar está bien visto, algo que en nuestra mentalidad argentina no existe. Quizás es el clima que repercute en la mentalidad de los países. Y, aunque un gran obstáculo para muchos en Alemania es el invierno duro y feroz, que puede durar hasta siete meses, como los días oscurecen a las 17 no queda otra opción que estudiar, tocar un instrumento o realizar actividades introspectivas".

Otro gran factor que consolida la idea de un ambiente sano es el orden, la limpieza y la tranquilidad de las calles y de los alemanes mismos . "Al margen de Berlín, creo que Alemania no se destaca verdaderamente por ser un país para ir de fiestas y vivir en alboroto y caos. Aquí los domingos se asemejan al silencio de un cementerio. Pues, el día de descanso, es para descansar, justamente. Ningún negocio abre, nadie sale de compras. Incluso podés llegar a tener problemas con tus vecinos por ¡pasar la aspiradora o cortar el césped del jardín!".

A diferencia de América Latina, para los alemanes es normal seguir normas. Hay un apego a ellas y las reglas. "No seguirlas es socialmente descalificante. Típico ejemplo es cruzar con el semáforo cuando no corresponde; no importa si llueve, nieva, te estés congelando o si es de noche y no circula ningún auto, un alemán espera la luz verde. No se aceptan excusas para evadir esa norma. ¿Estás apurado y tu tren se va? Hubieses podido organizar mejor tus horarios y asumí la responsabilidad. No busques la culpa en los demás".

Más allá del invierno, hay otro aspecto de la vida de Alemania que resultó "difícil" para Felipe. Y es la soledad, estar lejos de sus padres. Pero puede decir con orgullo que ha aprendido a vivir solo y a disfrutar eso. Los años en Alemania lo han fortalecido emocionalmente. "De ser el nene de mamá, tuve que tomar las riendas de mi vida, en otro país a 11.000 km de distancia de mi zona de confort y en otro idioma, ergo con otras adversidades. Pero estos tres años han sido un aprendizaje para mi vida".

En Alemania no hay lugar para perder tiempo. Se trabaja eficientemente, se estudia. "La disciplina, la honestidad, el respeto por el prójimo, la colaboración, el cumplimiento de normas, el sentido de la responsabilidad se respira en el aire de este magnífico país. Yo inhalé e interioricé esos valores. Es por eso, tal vez, que cada regreso a Argentina me produce un gran choque cultural. Alemania no es un simple moretón en mi, es un tatuaje. No se me borra más".

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