
A cielo abierto
Los días de sol se prestan para disfrutar de una comida con una escenografía verde como fondo. Las terrazas y los jardines de algunos restaurantes situados no muy lejos de la capital son un refugio cuando el calor acecha
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Cuando el calor castiga a Buenos Aires, se puede huir del cemento ardiente para disfrutar de un almuerzo de domingo junto al río, o de una cena bajo las estrellas. Es una buena fórmula de apurar los días hasta que se haga la bendita hora de las vacaciones.
Algunos restaurantes situados a pocos minutos del centro se convierten en oasis de la urbe, con diversas propuestas gastronómicas que pueden saborearse en una terraza protegida del sol o en un tranquilo jardín iluminado por la luna llena o la tenue luz de las velas. Es el caso de Demetria, con su menú naturista que admite carnes -sólo que ecológicas-; de La Cocina de Peloncha, que abre su casa con jardín donde reina la cocina francesa, o de Morena, de cara al Río de la Plata.
Si las circunstancias permiten ir más allá de la avenida General Paz, la experiencia se puede completar con un chapuzón en la pileta (La Pequeña Holanda), la visita a un campo productor de la mejor mozzarella en plaza (granja Arrivata) o el encanto del legendario Parque Leloir (Los Yaghanes), entre otras propuestas con aires campestres.
Darle un respiro al acalorado cuerpo urbano, regalar un momento de sosiego a una mente cansada, ofrecer una salida diferente a la familia o intentar una velada romántica bajo la luz de la luna. De eso se trata. Un escape sabroso para no arder en el infierno de la gran ciudad.
A pocos minutos de la Capital
Granja Arrivata Ruta 28, km 3,200, Pilar; 02322-431555. Reservas, 4362-7636. Martina Coppola, ingeniera agropecuaria, comenzó elaborando mozzarella artesanal en su propio tambo y terminó abriendo un restaurante de estilo campo, pero donde sirve bocados de acento itálico, realizados con productos de su establecimiento. Sobre mesas con bancos de madera se puede comer también fuera del gran quincho vidriado, con cocina a la vista. Algunos platos son las verduras grilladas con salsa de alcaparras (6), polenta frita con salsa de hongos secos (8), ravioles de ricotta y calabaza con salsa de tomate (12) y pizzas que salen del horno de barro (desde 9). Imperdible el postre lso canoli con crema de mascarpone y chocolate (7). También se pueden comprar los productos elaborados en el lugar.
La Perdiz Howard Johnson Resort de Campo y Polo, ruta 6 y río Luján, Open Door; 02323-496669. Para el mediodía o la noche, el restaurante del hotel, con dirección de Dolli Irigoyen, propone un menú a saborearse en el salón con capacidad para 75 comensales, o en la terraza que cuenta con cerramiento plástico para los días de lluvia (20 cubiertos). Con vista a las 70 hectáreas de campo hasta el río y las cuatro canchas de polo, el paladar degusta y la mente descansa. Los platos: milhojas de mozzarella, morrones asados, tomates secos y tapenade (8), ensalada griega (6) y otras entradas; salmón con almendras, pesto de rúcula y pequeños vegetales (20), ojo de bife a las hierbas con galleta de papa y pequeña ensalada (17), penne rigatte con tomates frescos y palta (12), entre otros platos. Y de postre, dúo de mousse (chocolate blanco y negro, 9), chessecake con salsa de frutos rojos (8), degustación de sorbets (6), y demás. Para los más chicos, kid´s menú que ofrece milanesitas de lomo con puré (10), gnocchis de ricotta con crema de queso (9), o penne rigatte con salsa rosa (10). Los fines de semana, previa reserva, se ofrecen dos turnos de almuerzo, a las 13 y a las 15.
La Pequeña Holanda Ruta 25 y río Luján, camino al Paraná de las Palmas, Escobar; (15) 4184-3231. La mirada se pierde tras los botes que surcan el agua transparente del canal navegable conectado con el Delta. Cuando el cuerpo reclama abolir el calor es posible refrescarlo en una pequeña pileta de agua salada. En La Pequeña Holanda, el pólder situado en Escobar camino al Paraná de las Palmas, estas actividades pueden disfrutarse durante todo el día, amén de darse un atracón de manjares asados. El sistema de tenedor libre permite probar las diversas creaciones parrilleras y acompañarlas con ensaladas varias o con las infaltables papas fritas ( $ 11, sin bebidas, pero incluye la estada en el predio). Si después de jugar al voley o animarse con los caballos o las bicicletas, el hambre ataca nuevamente, vale tentarse con la repostería casera. Manzana, limón, naranjas y frutillas son las refrescantes frutas elegidas para rellenar y cubrir las tortas (de 3 a 4). Se improvisa así una suerte de té campestre regado con jugos naturales (2). Antes de emprender el regreso a casa, mientras se disfruta de una caminata guiada por el parque -hay más de 30 hectáreas para recorrer- es posible degustar el sandwich de campo. Una creación artesanal de la casa que encierra abundante fiambre y queso de campo entre dos rodajas enormes de pan y puede compartirse (2,50). La Pequeña Holanda combina dos placeres: el de la buena mesa con una escenografía tan verde, que parece formar parte de algún sueño de verano.
La Tahona Fondo de la Legua 343, San Isidro, 4735-3364. Mediodía y noche; domingos por la noche, cerrado. Al llegar al tradicional reducto en el que predominan los platos de la cocina ítalo argentina, la sombra de un plátano añoso recibe al comensal. Las mesas dispuestas en un amplio ambiente no escatiman en manjares. Como entrada ofrecen prosciutto de Parma con abanico de rocío de miel y hojas de endibias frescas (12) o la palta de la casa, presentada con endibias y langostinos (12). A modo de plato principal, sugieren el esturión grillado bañado en salsa de estragón (17). Los golosos no tienen motivo para prescindir de los dulces, aunque el termómetro indique elevadas temperaturas. El bavarois cremoso de cerezas y chocolate, con hojas de menta (10) resulta irresistible. Si los chicos son de la partida cuentan con un menú infantil (12, más una gaseosa) que incluye plato principal, postre y un regalo sorpresa. Dato: de lunes a sábados, al mediodía, sirven un menú ejecutivo (entrada, plato fuerte y postre con un agua mineral o gaseosa, $ 12).
Los Yaghanes Junta de Mayo 1660, Parque Leloir. 4458-3672/ (15) 4449-9963. Abre mediodía y noche, con reservas. Un patio antiguo de ladrillos recibe aquienes llegan al restaurante. El reducto tiene capacidad para 80 personas e incluye varias mesas sobre los amplios jardines del Club Hípico. El menú fijo ($ 20, por comensal, sin bebidas) ofrece diversas propuestas artesanales para agasajar el paladar en tres pasos. Los fiambres de Los Toldos, acompañados de terrinas de pollo o pescado y ensaladas constituyen la opción favorita a modo de entrada. Colita de cuadril al Borgoña con hierbas, las brochettes de verdura o las pastas caseras son algunas de las propuestas de plato fuerte. Las manos de Alicia, la responsable de la gastronomía del lugar, se especializan en repostería europea. De ahí que los dulces resulten un ítem imprescindible. Los golosos pueden deleitarse con los bavarois de frutas o chocolate que reemplazan a las tortas heladas. Los Yaghanes continúa con la clásica oferta de tortas -lemon pie, selva negra- (4) que hasta se dejan saborear a la hora del té. Si el apetito estival prefiere los bocados ligeros, sirven abundantes picadas (8, para dos comensales) regadas con cerveza (3). Gaseosas (1,50); 3/4 de vino de la casa (5).
Comidas al aire libre
Sepa dónde comer y ver el cielo en la ciudad
Demetria Ramallo 2626; 4703-0050. Situado en el edificio de la Fundación San Rafael, en Núñez, un jardín frondoso enmarca el camino de ingreso al restaurante naturista. De cara a la arboleda o en el salón con aire acondicionado (al aire libre tienen capacidad para 30 cubiertos aproximadamente), los mediodías o las noches veraniegos encuentran allí sosiego. También el cuerpo, gracias a los productos orgánicos y preparaciones saludables que se cultivan, sin por eso hacer a un lado el sabor. Ofrecen un menú de entrada, plato principal (vegetariano o carnívoro) y postre del día o té y café, sin bebidas, que de lunes a viernes, al mediodía, cuesta $ 10 y de noche o en los almuerzos de sábados, domingos y feriados, 12. La carta depara especialidades artesanales como el antipasto Demetria (8), pollo grillado sobre ensalada de frescas hojas verdes, condimento balsámico y croutons, gazpacho, focaccia con tomates secos, rúcula y queso, entre otras entradas; para continuar, crepes de verdura y pollo sazonados con crema y azafrán, bife de chorizo con tomate grillado y hojas verdes, risotto del bosque y otros platos principales (entre 9 y 11 pesos). Buenos y saludables postres, café orgánico Mam (mexicano), tes de hierbas y la posibilidad de probar vinos y champagnes orgánicos. Fumadores abstenerse.
Errázuriz Av. del Libertador 1902; 4806-8639. El edificio del restaurante fue alguna vez la residencia del embajador chileno Errázuriz. Situado al lado del Museo de Arte Decorativo, es un reducto ideal para disfrutar un día veraniego. Las mesas, engalanadas con sombrillas de color azul, descansan sobre el empedrado y rodean una antigua fuente. Durante toda la jornada resulta posible deleitarse con los platos de la cocina francesa y mediterránea, a cargo del joven chef Thomas Christello. Para el mediodía, el cocinero propone, entre otras entradas, una gran tostada de pan de campo mediterránea, generosa en aceite de oliva de primera presión (8). Vale también tentarse, mientras la vista se pierde en los verdes jardines, con el liviano pollo marinado aderezado con sésamo (10). Si la sobremesa se prolonga y la tarde sorprende al comensal, no defrauda el tradicional sándwich mixto en pan francés (4). Para una velada romántica y nocturna, nada mejor que el foie grass acompañado por puré de hinojos y crocante de papa (18). Siempre a la luz de las velas, se pueden saborear unos penne rigatti al limón con langostinos grillados (17). Cualquier comida puede regarse con una copa de vino blanco o tinto (4).
La Cocina de Peloncha Manuel Ugarte 1752; 4783-9446. En plena capital porteña (Belgrano, casi Núñez), Peloncha Grosse ofrece la intimidad de su jardín y pequeña terraza rodeada de plantas y flores, con no más de 5 mesas en total. Allí, en las noches de verano, a la frescura y placidez del lugar se suman las delicias que esta discípula de los hermanos Troisgros elabora, a la vista de las mesas del interior de su bistró. El menú estival depara paté Maison (9), salade verte au langoustines (10), soupe froide de melón (5), entre las entradas y la sopa de rigor. Los platos principales incluyen huitres tiedes a la ciboulette (9), coq au vin au malbec Norton (12) y demás delicias. De postre, gateau au chocolat chat qui peche (10), sorbet au champagne Norton et framboise (9) y otras dulzuras. Para enamorados, el jardín puede resultar el escenario perfecto en noches de luna llena.
Morena Av. Rafael Obligado s/Nº y La Pampa, Costanera Norte; 4786-0204. Los amantes de la atmósfera serena que depara el río pueden encontrar una escenografía perfecta. Allí, es posible experimentar la sensación de comer sobre un barco detenido en el tiempo. Sobre las mesas situadas en la terraza predominan los platos realizados sobre la base de pescados y mariscos. Un clásico del lugar es el del lomo de merluza negra a la plancha, con guarnición de verduras (19 ) o un abundante plato de spaghettis negros con langosta ( 39). Una sugerencia: si llueve, el salón techado con amplios ventanales que dan al río permiten disfrutar de un mágico espectáculo natural, especial para corazones románticos.





