Abandonado sobre basura, lo rescataron a tiempo para ir a la veterinaria pero el diagnóstico fue devastador: “Este perro está entregado”
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“Este perro está entregado”. Esa fue la primera frase que escucharon cuando entraron al consultorio veterinario y, con mucho cuidado, apoyaron sobre la camilla el frágil cuerpo de lo que alguna vez había sido un perro. “Había que manipularlo con delicadeza porque sentíamos que se podía romper”. Frente a ellas ahora veían con tristeza la imagen de un animal que parecía una bolsa de huesos cubierta de piel destruida, costras y una mirada que ya no transmitía nada.
Lo habían encontrado en Las Tunas, en General Pacheco, partido de Tigre, abandonado sobre unas bolsas de basura, casi sin fuerzas para masticar lo poco que Claudia, siempre atenta al dolor ajeno, intentaba acercarle. Parecía un caso imposible, uno de esos finales que ya están escritos por la crueldad del tiempo y el olvido. Pero para las integrantes de Proyecto Hocicos Contentos, rendirse no estaba en los planes.

Decidieron bautizarlo Simba en honor a otro rescatado, que había vivido 15 años gracias a los cuidados junto a Amanda Schwint. “Era un deseo, una expresión de anhelo: que este nuevo Simba, rescatado del desamparo absoluto, pudiera conocer al menos una fracción de ese amor”, dice emocionada la mujer.

El diagnóstico médico en el consultorio de la Dra. Mirta fue un mapa del abandono: desnutrición severa, anemia, deshidratación profunda y Hepatozoon, un parásito que estaba devorando sus últimas defensas. La hepatozoonosis canina es una enfermedad que, a diferencia de otras transmitidas por garrapatas, no se transmite por la picadura, sino por la ingestión de garrapatas infectadas. “Cuando el perro ingiere la garrapata, se liberan esporozoítos en el intestino que atraviesan la pared intestinal y se diseminan por sangre y linfa. Se alojan principalmente en hígado, bazo y médula ósea, donde continúan su desarrollo y generan el cuadro clínico”, explica Lucía Marcerou, médica veterinaria de König.
La presentación clínica puede variar según la carga parasitaria y el estado inmunitario del animal. Los signos más frecuentes incluyen dolor articular y muscular, fiebre, trastornos locomotores, postración y letargia, anemia con palidez de mucosas y caquexia. “La prevención es la herramienta más eficaz para evitar el contagio y es siempre más segura, simple y económica que el tratamiento de una enfermedad ya instaurada. Las medidas incluyen uso regular y continuo de pipetas ectoparasiticidas. Además, se puede complementar con la utilización de collares antiparasitarios con acción repelente y protección prolongada. La administración de comprimidos sistémicos con acción contra garrapatas también ayuda”, aclara Marcerou.

Sin embargo, faltaba el ingrediente que la medicina no puede recetar, pero que la solidaridad provee: un hogar que iluminara con una luz de esperanza la situación del animal al que le calcularon entre ocho y diez años. Así apareció Lisy, una vecina de Virreyes conocida como el “ángel guardián” de los perros viejos y enfermos. En su casa, donde ya convivía con cinco perritos ciegos y ancianos, se abrió un espacio para Simba.
Las primeras horas fueron un milagro silencioso que todos contemplaron con lágrimas en los ojos. Simba tomó agua, comió y, por primera vez en mucho tiempo, se acurrucó en una camita propia, tapado por una manta suave que Lisy acomodó con una delicadeza que el perro apenas podía procesar.

Lo que siguió no fue una recuperación mágica, sino un trabajo minucioso y dedicado de semanas. Medicación, curaciones, mimos y, en los momentos más críticos, darle de comer en la boca. Fue una pelea contra la desidia. Lisy puso el cuerpo minuto a minuto; la Dra. Mirta, su ciencia solidaria y Proyecto Hocicos Contentos, el sostén permanente. Fue bajo ese calor humano y esa red de contención que Simba decidió que valía la pena volver. Sus mucosas recuperaron el color, sus heridas cerraron y su corazón, que parecía apagado, empezó a latir con nuevo vigor.

Hoy, Simba es otro. Su pelo negro brilla, pero más brilla su carácter: es feliz, adora los paseos y es profundamente cariñoso. Ya no es aquel animal “entregado” que llegó a la veterinaria; es un sobreviviente que demuestra una gratitud infinita en cada gesto.

Ahora, Simba espera a la familia que lo elija y lo ame para siempre. Es un perro adulto, mestizo, mediano... características que a veces lo hacen parecer “invisible” en los catálogos de adopción. Pero quienes lo conocen saben que es único.


Simba es el recordatorio viviente de que al involucrarse el final de la historia puede cambiar. “Solo esperamos que alguien lea estas líneas y decida que es el momento de decir: Bienvenido a casa, Simba”.
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