
Adelanto de primavera
Las azaleas florecen profusamente desde fines del invierno. Aquí, algunas sugerencias para que sus pimpollos se desarrollen y duren más tiempo sanos, coloridos y vigorosos
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En unos días más, muchos se darán cita en el Jardín Japonés para admirar el espectáculo de cientos de azaleas en flor. También empezaremos a divisar manchones fucsias, rosados, blancos y hasta naranjas en balcones y a través de los cercos. La mayor parte de estas azaleas son de flor simple y de porte grande, que en zonas más frías pueden llegar a medir dos metros. Las que tienen flores con más pétalos -y que generalmente compramos en las florerías- se llaman dobles y florecen con más frecuencia.
Las plantas de porte mediano y bajo se adaptan perfectamente a vivir en macetas. En cualquier caso, no hay que plantarlas demasiado profundo, pues sus raíces son superficiales, y el suelo, sí o sí, tiene que ser ácido.
Eso significa que la tierra debe incluir turba pura, o 3/4 partes de ella y 1/4 parte de hojas de pino. Como la turba virgen no contiene alimento, habrá que agregar fertilizante orgánico regularmente, en especial después de la floración.
Para que abunden las flores, la azalea necesita sol desde la mañana hasta el mediodía. Si notamos que las flores se marchitan y caen rápidamente, es probable que se haya regado menos de lo necesario o que esté en un lugar muy caluroso con gran sequedad ambiental. En este caso hay que trasladarlas a una zona más sombreada. Pero si lo que sucede es que los pimpollos no se abren, estamos frente a una saturación de agua. Cuando las hojas se vuelven amarillas es probable que sea porque se la riega con agua muy dura, ya que el sustrato se alcaliniza y termina padeciendo clorosis. Si la planta no florece o lo hace escasamente necesita un abono pobre en nitrógeno y que la situemos en un lugar con mejor iluminación.
Un consejo para los que no se resignan a dejarlas ir: saque las flores marchitas para prolongar la floración, ya que la planta gasta energía en secarlas y en gestar las semillas.
Si queremos obtener nuevas hay que esperar hasta el verano. Se deben cortar tallos terminales de unos 8 centímetros. Luego plantarlos en una mezcla de turba y arena en partes iguales. Estos esquejes (gajos) deben mantenerse en un lugar fresco y tienen que cubrirse durante el enraizamiento con un plástico transparente que sirva como invernadero. De esta manera se mantendrá una elevada humedad ambiental.
JARDIN sugiere
- En lo posible, riéguelas con agua de lluvia, pero no en exceso. No moje el follaje ni las flores.
- Protéjalas de los fuertes vientos.
- Quite las flores con manchas y retírelas también de canteros y macetas.
- Para conseguir que la planta florezca año tras año, es importante mantenerla a temperaturas bajas y regarla en forma abundante.






