
ADOLFO BAGNASCO: "LO PEOR PARA UN JUEZ ES CREERSE EL DUEÑO DE LA VERDAD"
Hace cinco años que es juez. Por su despacho pasaron los expedientes de los casos más mediáticos de la era menemista. Procesó a Matilde Menéndez por su actuación en el PAMI y a los implicados en el affaire IBM. No le disgustaría integrar la Corte Suprema
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Por el juzgado del doctor Adolfo Bagnasco, en el séptimo piso de la avenida Comodoro Py, pasaron algunos de los más resonantes casos de los últimos tiempos, como el de varios de los jefes militares de la dictadura que desde allí pasaron a prisión. Fue el mismo Bagnasco el que, a partir de la denuncia del periodista Pinetta, inició los procesamientos de algunos de los implicados en el caso de coima IBM - Banco Nación. Procesó a Matilde Menéndez por su actuación en el PAMI, a Haroldo Grisanti en la causa del Correo Central, fue recusado por Cavallo y se declaró incompetente en la causa por la pista aérea de Anillaco. Hijo de un magistrado ya fallecido, Bagnasco hace cinco años y medio que es juez, pero 25 años que trabaja en la Justicia, 16 de ellos como funcionario en la Corte de la provincia de Buenos Aires y un tiempo menor como secretario letrado de un juez de la Corte nacional.
Tal vez por eso afirma que no le disgustaría ser integrante de la Corte Suprema de la Nación.
-Usted integra el grupo de jueces federales, que en este momento tienen su prestigio un poquito cuestionado...
-Le agradezco lo de poquito. Se trata de una graciosa concesión de su parte.
-Bueno, entonces, ¿por qué tan cuestionados?
-Hay una cantidad de razones que concurren. Somos demasiado conocidos; la gente le presta mucha atención a lo que nosotros hacemos; la prensa incorporó juicios de valor a nuestra tarea e incita a tomar partido; la opinión pública, muy activa, toma partido, pero suele confundir eso con la decisión final, que inevitablemente será del juez, y el hecho innegable de que en nuestros despachos se dirimen fuertes intereses de sectores y, si alguna decisión no coincide con un sector, el juez es objeto de cuestionamiento. Y, desde luego, por algunos gruesos errores que hemos cometido los jueces y que nos corresponde asumir. Luego de estar 25 años en la justicia estoy seguro de que no somos los inventores de esos errores, pero la diferencia es que hoy están expuestos en un espacio mediático mayor y todo se difunde.
-¿Qué es lo peor que dijeron de usted?
-Que soy arbitrario. Cada vez que a mí alguien me recusa está diciendo que tomo partido por tal o cual cosa, y eso es muy dañoso porque el juez trabaja en la creencia pública de que es imparcial. También han dicho de mí que me enriquecí ilícitamente y esto ya jugaba directamente con mi honorabilidad. Por suerte, creo que ambas cuestiones han quedado absolutamente aclaradas.
-Mas allá de la aclaración, por cosas como ésas hay muchísima gente que directamente desconfía de la Justicia.
-Y muchísima otra que confía. Cada día, cuando voy por la calle y me reconocen, me alientan a seguir adelante, trabajando en lo mío.
-Está bien, pero a veces adelante está el abismo.
-Pero también están los logros, depende del camino que uno se fije. Cuando alguien delega una porción de su libertad diciendo: Me someto a la voluntad del juez, ocurre un hecho trascendente, imposible de llevarlo a cabo sin confianza.
-Y hablando de confianza, ¿qué mensaje le enviaría a tanta gente que, muy desde los sentimientos, hoy no cree en la Justicia?
-Que me parece altamente positivo, pero que eviten que el descreimiento se les convierta en indiferencia. Nosotros, todos, venimos de eso. Hoy nos encontramos en plena investigación de una causa (la de apropiación de menores durante la dictadura) en la que se presentaron 7 mil hábeas corpus y en ese entonces nadie se preocupaba por lo que resolvía un juez, simplemente porque nadie creía en ese sistema. Hay que mejorar el quehacer judicial porque es el poder equilibrador de todos los poderes. Me parece bien la crítica al Poder Judicial, pero debe ser superadora. Es imposible vivir sin Poder Judicial y sí es posible procurar vivir con un Poder Judicial un poco mejor cada vez.
-Pero usted mismo dijo que pensaba en volver a la tarea de abogado porque esto de la Justicia se le volvía insalubre.
-Me gustaría aclarárselo. La tarea se transforma en insalubre cuando el juez pasa a ser objeto de tironeo, motivo de interés bastardo y eso lo excede en sus funciones. Habrá escuchado usted hasta el cansancio esta frase: Yo confío en la justicia. Esa confianza persiste hasta que llega la resolución desfavorable. Ahí ya no confía más y el juez pasa a ser un vendido, un hipermenemista, uno que figura en la servilleta de Corach, un frepasista, un oportunista que como el fin del mandato está cerca quiere dar el salto y salvarse. Y mil cosas más. Entonces, el juez dice: pero, hombre, si usted vino hasta acá y planteó este tema y a mí me toca resolverlo, ahora con el resultado a la vista bánquesela, como máximo apele el fallo, pero no salga a los medios a putear gratuitamente. Estas son las cosas que a uno lo agotan.
-Usted hizo parte de su carrera de Derecho, se recibió de abogado y trabajó durante la dictadura militar. ¿Siente en este momento a la Justicia más insalubre que durante aquella época?
-Durante ese tiempo trabajaba como empleado subalterno. Siempre sostengo que el Poder Judicial de los años 90 es mucho mejor que el de los 70. Es mucho mejor trabajar de juez hoy, porque en aquel momento uno quedaba seriamente expuesto con un gobierno no sólo autoritario y represivo, sino además vaciador y fraudulento. A mi padre, que también lo habían cesanteado después de 1955, lo destituyeron en 1976. El siempre lamentó esa circunstancia y sentía una sana envidia por aquellos colegas que asumieron en 1983, cuando volvió la democracia.
-Si se alejara de la Justicia, ¿se dedicaría a la política?
-Ni me lo he planteado ni me lo han ofrecido. Sólo lo haría porque lo considero una forma de convivencia respetable. Hacer política sería para mí una alternativa.
-¿Es menemista?
-No, soy peronista.
-¿De qué sector?
-¿Cómo de qué sector? El peronismo no es un numerus clausus o una realidad estática: es una forma de canalizar una idea de lo político y de lo público.
-Y hoy, ¿de quién se siente más cerca? ¿De Menem o de Duhalde?
-No creo que sea una cosa sobre la que deba definirme hoy. Los sectores no conducen a nada. Claro, lo digo desde afuera del peronismo, pero lo mejor sería lograr una síntesis.
-Bagnasco, ¿qué es eso de ser juez? ¿Es colocarse por encima de la vida de todos?
-Ser juez es la representación física del Estado, y cuando hablo del Estado hablo de un ente. En el caso del juez, toma cuerpo y cumple una función cuando hay un conflicto entre particulares. Nuestro sistema democrático y republicano prevé que los particulares deben dirimir sus conflictos entre ellos. Excepcionalmente, cuando eso no ocurre, ceden una porción de sus derechos y recurren a un tercero, que es la personificación del Estado, que en nombre de ellos trata de resolver el conflicto, todo o en parte. En el caso del juez penal el incidente no es entre dos particulares, sino entre la sociedad, portadora de una escala de valores y el particular del que se sospecha que ha violado esa medida.
-Así como lo cuenta parece un trabajo como cualquier otro. Pero, ¿ustedes los jueces no terminan teniendo algo de dioses?
-Depende de la responsabilidad. Nosotros, los jueces penales, tenemos en nuestras manos, como facultad reconocida, la segunda sanción más grave que se puede imponer a una persona, que es quitarle la libertad. La primera, desde luego, sería quitarle la vida. Hace cinco años y medio que cumplo la función de juez, pero ya se cumplieron siete desde que alcancé el rango y hace 25 años que trabajo en el Poder Judicial. Mi padre fue también juez, yo lo soy y no me siento ninguna deidad. Hay un concepto interesante que es el de impartir justicia, que quiere decir darle a cada uno lo que le corresponde, según derecho. El juez penal debe tener claro el concepto de que, siempre, el interés general supera al interés particular. En lo personal yo trato no tanto de ponerme en el lugar del otro, sino intentando superar la realidad propia del expediente, de entender al otro. En parte es un trabajo como cualquier otro, pero con altísimos niveles de responsabilidad. Esto lo digo porque creo que no hay que estar predestinado para ser juez. Tampoco hay que tener diez de promedio en la facultad.
-¿Lo dice por las dudas, porque es un dato público que su promedio fue de 6,50?
-Esa información partió de una respuesta mía a la encuesta Quién es quién en la justicia. No tenía a mano las calificaciones y traté de reconstruirlas lo más seriamente posible. Yo estudié Derecho en La Plata en donde son sabidas las diferencias, incluso culturales, de criterio, para calificar a los alumnos. Esto hace que allá en La Plata no sea lo mismo un 4 en Derecho que un 4 en Medicina.
-¿En alguna ocasión su padre le advirtió sobre algo inherente a su tarea?
-No, él siempre decía que no era un trabajo fácil. Mi padre sentía orgullo por su apellido, que no era ilustre, sino de inmigrante, y la única advertencia seria que me hizo fue en ese sentido. Me pidió cuidado para conservar lo que a él le había costado mucho mantener: el valor del nombre. Creo haberlo hecho. El ya murió, pero ninguno de mis hermanos me ha reprochado nada en los últimos años.
-¿A qué alude el concepto juez y parte?
-Uno se convierte en juez y parte cuando pierde la condición de juez. Porque el juez es el tercero, el que plantea una posición de equidistancia, aunque el Estado sea uno de los litigantes. Hoy mismo (N. de la R.: la entrevista se realizó a fines de diciembre) el abogado del ex presidente de facto Bignone me recusó, porque sostiene que tengo parte tomada y que soy absolutamente parcial.
-¿Considera justa esa recusación?
-No. Porque no tiene nada que ver un planteo procesal con una conceptualización histórica. El Proceso de Reorganización Nacional existió, fue llamado así y uno puede, como ciudadano, vertir un concepto incluso cuando no estuviera ninguno de los militares implicados en este tema.
-Llegó a entender por qué a la Justicia se la representa con los ojos vendados?
-En lo esencial, es un símbolo elegido por algún artista. Pero no siempre es así. El que se puede ver en el Palacio de Tribunales no tiene vendas. Es una representación que, a mi entender, se refiere a no ver, a no tomar partido, a no dejarse tentar.
-¿Usted ordenó pinchaduras telefónicas?
-Dice usted intervenciones...
-Pinchaduras
-Técnicamente tienen diferencias, porque la intervención telefónica tiene un fundamento legal expresado en el expediente y que mostraría la existencia de un hecho ilícito. Cuando se resuelve hay un fundamento y tiene un plazo. En cambio, lo que en el lenguaje común se conoce como pinchadura de teléfonos generalmente está alejado de requisitorias judiciales.
-¿Piensa a veces que tiene sus propios teléfonos pinchados?
-Sí, aunque nunca me puse personalmente a revisarlos ni mandé a hacerlo. Pero, colegas suyos de distintos medios me hicieron saber que les habían ofrecido cas-settes en los que aparezco hablando, vaya a saber qué o con quién. Desde que soy juez jamás me cuidé de mis llamados ni tomé ningún recaudo tecnológico.
-¿Ordenó cámaras ocultas? ¿Le parece un método eficaz?
-Hice algunos procesos de inteligencia en temas de drogas en donde se filmaron operaciones para controlar posibles compras y ventas. En cuanto a la eficacia, depende para qué se use, si es para detectar un delito o para generar un hecho periodístico.
-¿Y a usted lo filmaron en cámara oculta?
-Hasta ahora, no.
-Casi todos los días estos tribunales de la calle Comodoro Py están, como hoy (N. del R.: esa tarde iba a declarar al despacho de la jueza Servini de Cubría el ex almirante Massera), rodeados de cámaras, de periodistas. ¿Le impresiona o ya se acostumbró?
-Hay un tema interesante para reflexionar. Usted habrá visto que, allá abajo, en cantidad, había primero policías, después periodistas y gente. Esto es así, siempre.
-¿Y eso qué significado tiene para usted?
-Que se está trabajando con mucha menos presión social y política, que se está convirtiendo en lo que es: un hecho judicial.Y no tanto un episodio de conmoción social, como podría ser hoy en Chile la detención de Pinochet.
-¿Alguna vez se sintió presionado por los medios?
-No, nunca. He observado en ocasiones tratamientos algo livianos de ciertos temas, faltas de exactitud, una presencia demasiado importante de la adjetivación, la necesidad de los periodistas de comprobar lo que piensan, o creen saber, de antemano. En el periodismo hay también demasiada tendencia a la interpretación.
-¿Cuántas veces hay que salir en los diarios para convertirse en un juez mediático?
-Qué se yo, ¿por qué me lo pregunta a mí? Yo no salgo en los diarios todos los días.
-¿No?
-No. Y por otro lado, no sabría decirle, porque leo un diario por día y sólo la sección deportes.
-Para ver cómo anda Lanús, su equipo.
-Desde luego. Lanús es parte de la cultura general. Para un juez es importante sumar y aplicar todo. Con respecto a lo de juez mediático, a lo mejor me llaman así porque atiendo a los periodistas. Como lo he atendido a usted.
-O, como lo acusan algunos, porque pasa demasiadas pistas de sus causas a los medios.
-Esto sí que no. La relación entre periodismo y poder judicial es un tema fascinante, que en los Estados Unidos ya se estudia en posgrados. Aquí, una de las cosas que pasa es que la gente ha tomado mucha más conciencia de lo importante que es este poder en la resolución de muchos de sus problemas y entonces genera una presión informativa que antes no existía.
-¿Es para usted el juez Garzón un modelo para seguir?
-No sabría decirle cuál es su grado de influencia. Sé que su actuación judicial, en su país, España, y en toda Europa, tiene una difusión y a partir de eso logra efectos. En ese sentido acepto que todos los jueces queremos tener el mayor grado de eficacia posible en nuestro trabajo: es elogiable, porque es eficaz.
-¿Qué es lo peor para un juez?
-Creerse el dueño de la verdad absoluta.
-¿Y lo mejor?
-Cuando con nuestros fallos contribuimos a mejorar la convivencia.
-¿Usted cree que en la Justicia hay corrupción?
-No se ha probado, no lo he probado. Pero tampoco digo que no exista. Lo peor que puede ocurrir es cuando un juez toma parte y allí desnaturaliza su función, desmerece su trabajo y todo el sistema se viene abajo.
-¿Le gustaría ser integrante de la Corte Suprema?
-Sí. Trabajé muchos años en la Corte bonaerense y también fui secretario letrado de un juez de la Corte. Entiendo que en toda carrera judicial ése es el escalón máximo.
-¿Aun siendo esta Corte como es, tan parcial?
-Habría que estudiarlo con más profundidad. No sé si esta Corte es muy parcial. Se la llama la Corte del 5 a 4, pero yo me acuerdo de épocas en esta misma década en que la cosa era igual o peor y todo terminaba 6 a 3. El acompañamiento que propició esta Corte en los últimos años posibilitó cambios legales importantes.
El escenario
A la izquierda de su escritorio, en un despacho sobrio, de muebles de serie, hay siete dibujos, algunos dedicados por sus autores: 4 caricaturas de Hermenegildo Sábat y una de Miguel Rep, y dos chistes que lo tienen como protagonista, uno de Hernández y otro de Nik. En cada caso, revela, él se los solicitó a los dibujantes. A la derecha se ve una bandera argentina y una enorme caja fuerte. Sobre el escritorio, bastante ordenado, dos pilas grandes con papeles y carpetas (que parecen integrar el despacho de la jornada) y un ejemplar del día de Ambito Financiero. Atrás del escritorio pende, enmarcado, el decreto 1435 que certifica su nombramiento como juez federal y otro cuadrito con un sugerente rostro femenino que una amiga le trajo de Florencia. En la oficina hay otros cinco cuadros pequeños, todas pinturas de casas y una fotografía en donde se lo ve con la fiscal de Ginebra Carla del Ponte. La foto más curiosa del ambiente es una de conjunto: son los once jueces federales, entre los que hay varios cuestionados,procesados o presos.
Sobre una mesita de luz se observa un souvenir singular: un trocito de tribuna de madera del estadio de Lanús y a los costados colecciones de la Revista Judicial Argentina, de la Ley y el Código Penal Argentino. También reposa una medalla entregada por el actual jefe de la Policía Federal y se exhibe un plato decorativo procedente del Servicio Penitenciario Federal. A la salida, en la sala de espera, aguardaba para ser atendido el ex presidente de IBM Argentina Ricardo Martorana, procesado en la causa IBM - Banco Nación.
Números redondos
5 Sus hermanos (3 mujeres). Tres abogados, uno odontólogo y uno psicólogo.
5200 El sueldo neto de un juez federal, como Bagnasco
6,50 El promedio final de su carrera universitaria
2 Los años que Bagnasco fue secretario letrado de un ministro de la Corte Suprema, entre 1991 y 1993.
1974 Año en que ingresó a trabajar en el Poder Judicial
180.000 El valor en pesos de su último departamento declarado (en Pasaje Rivarola al 100) y actualmente en juicio de divorcio.






