
Agua mineral
El agua de mesa fue siempre de la canilla, o del sifón. Cambios de hábitos y una saludable conciencia
hacia la bebida más sana condujeron a una demanda que derivó en buenos negocios.
Los argentinos consumimos un promedio de 14 litros por habitante, por año -un estimativo que decayó con la crisis-, y la producción nacional se aproxima a los 500 millones de litros, de los cuales el 76% es agua sin gas y el 24% corresponde a las gasificadas. Sin embargo, no todas las agua minerales son iguales, aunque tengan características similares para el consumidor.
El agua mineral natural es la que se obtiene de una fuente surgente o de un acuífero y debe envasarse en el mismo lugar, como lo exige el Código Alimentario Argentino. El agua mineralizada artificialmente se elabora con agua de red urbana a la que se le adicionan minerales de uso permitido. Estas no tienen exigencia respecto de la ubicación geográfica de envase. Ambas pueden ser con o sin gas, y algunas de las mineralizadas llevan el rótulo bajo en sodio, recomendadas por los médicos para los hipertensos. Natural o naturalizada, esta bebida pasa por una serie de cuidadosos controles desde su origen hasta el envase final. Otra opción para beber agua pura es aplicar los purificadores con filtros renovables que retienen las impurezas y permiten consumirla rica y fresca de la canilla. Como en todos los casos, es una cuestión de gusto y de dinero también.
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