
Alan Faena: "En la vida tuve la libertad de no saber mucho"
Dice que, "a los 35, todos deberían retirarse a reflexionar", admite que el misterio lo rodea y asegura que nunca fue parte del establishment
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Sentado en un extremo de su suite, mientras cae la noche sobre Puerto Madero, entre innumerables candelabros, cuadros pop y pasteles de boda (todo parte de la decoración realizada por su amigo Phillipe Stark), en el último piso del hotel que lleva su nombre, al verlo acomodado con el sombrero puesto en un sillón de respaldo alto, aguardando al entrevistador que viene a intentar penetrar en sus secretos, uno no puede evitar pensar en Alan Faena (49) como un moderno Jan Gatsby, aquel misterioso personaje de Scott Fitzgerald que se inventó a sí mismo. Pero cuando advertido de la presencia del fotógrafo decida ir a por otra camisa, blanca por supuesto, y se escabulla por unos instantes detrás de una biblioteca hacia otro mundo, aún más privado, la asociación inevitable será con el Sr. Roarke, el enigmático anfitrión interpretado por Ricardo Montalbán que recibía, siempre de impecable blanco, a los huéspedes que llegaban a su isla a cumplir sus fantasías. Porque, ¿qué otra cosa que una onírica isla donde las fantasías parecen volverse realidad es el universo Faena?
Ningún detalle de ese mundo teatral de instantes perfectos está librado al azar. Desde el isologo "Faena", omnipresente en todo el barrio que él mismo gestó cuando pocos apostaban a esa área de la ciudad y lo tildaban de loco, hasta la etiqueta de su línea personal de vinos, todo tiene un sentido, un mensaje. Y su packaging personal también lo tiene. "Todo es parte de lo mismo -responderá cuando se le pregunte por su estilo inconfundible-. En la comunicación está la manera que uno elige para conectarse con los demás. La vida es un gran baile que uno baila con el mundo. Todo lo que me rodea contribuye a crear un instante único. Las cosas que me hacen sentir bien, que me dan paz. Todo es parte del mundo que fui creando y que deseo compartir. No se trata de una estética, que puede parecer algo superficial. Tiene que ver con un estado del alma, con mis ganas de crear y compartir instantes."
¿Por qué particularmente el blanco?
-Durante mucho tiempo me vestí de negro. El blanco no tiene que decir nada, refleja lo de adentro.
¿Y cómo sería hoy el "Faena negro"? ¿Un anti-Faena?
-[ piensa ] Lo contrario de lo que soy. Pero la batalla con el negro está dentro mío. Tengo mis partes oscuras, como cualquiera.
Pese a esa lucha, parecés tener un gran equilibrio en tu vida.
-Es así. A esta altura de mi vida en el armado de ese instante que te decía están sólo las cosas que me hacen sentir bien. Es el estado ideal. Cuando me preguntan si me considero un empresario, todos se sorprenden cuando les digo que me considero un guerrero. Soy alguien que pelea por sus sueños, que va a la búsqueda de las oportunidades que le abran el camino para conquistar su deseo y convertirlo en realidad. Soy un guerrero de mi propio pensamiento.
¿Esa lucha te estresa? Siempre se te ve relajado.
-Disfruto de la paz del hacer. Estoy en una constante búsqueda, interactuando con ideas y mentes. Estoy productivo, en movimiento, tengo proyectos. Estoy lúcido, que no es lo mismo que relajado. Relajarse suena a no hacer. Y yo hago y disfruto sin necesidad de correr.
¿Hacés terapia, o respirás, por ejemplo?
-No, he hecho terapia alguna vez, pero no mucho.
¿Yoga?
-Yoga sí, sí. Creo que el físico tiene que acompañar el sentimiento. Para mí el cuerpo es de lo más sagrado que tenemos. Es fundamental. No podés estar bien con vos mismo si no estás bien con tu cuerpo.
Alguna vez dijiste que no fuiste a la universidad porque era dar ventajas, que no te permitía conectarte con vos mismo. ¿Seguís pensándolo?
-Era una frase que me quedaba bien de chico [ se ríe ]. Pero en verdad en la vida tuve la libertad de no saber mucho. Eso es muy liberador.
Durante cinco años de tu vida sólo te dedicaste a la jardinería, allá en La Boyita [su casa de Punta del Este]. ¿Qué buscabas?
-Sí. En ese momento no tenía otra cosa para hacer. Ser jardinero me engrandeció mucho, me hizo consciente de muchas cosas, que hay que tener paciencia. Aprendí a ver salir el sol cada mañana, a ver salir la luna, a escuchar el silencio.
En aquel momento habías dejado la moda, en la que te había ido muy bien. ¿Cómo saltaste luego a una actividad tan distinta como la actual?
-Yo digo que en la vida me expresé a través de distintas industrias, pero la semilla siempre fue la misma. Con la moda me conectaba con la gente. Cuando comenzamos con Via Vai [la marca que creó a los 18 años junto a su pareja de entonces, Paula Cahen D'Anvers] eran los 80, hacía poco había vuelto la democracia y el vestirse era una forma de ejercer la libertad de expresión. Era un momento muy lindo de Buenos Aires. Pero había logrado mi máxima expresión, no habría podido superarme. Me había ido bien económicamente. Siempre la plata vino detrás de mis creaciones, y no al revés. Pero, si no dejaba eso, mi evolución hubiera sido distinta. Necesitaba limpiarme, desintoxicarme. Creo que todos a los 35 deberían abandonar lo que hacen y retirarse un tiempo a reflexionar sobre su vida.
¿Y en esta nueva etapa no sentís que ya lograste tu máxima expresión, que podrías un día decir otra vez "esto ya fue para mí"?
-Ahora no. ¿Sabés por qué? Me gustan los shows, de hecho los desfiles era lo que más disfrutaba cuando hacía moda, compartir mi propio mundo con los demás, crear, generar cosas. Es interminable... Darle, por ejemplo, arte a la gente, como en el Arts Center, y que disfrute, interactuar alrededor de cosas que hice. En la moda todo era muy efímero. Creás una colección que sólo dura una temporada. Ahora creo cosas, edificios, que podrían durar siglos. Es probable que dentro de cien años la gente no tenga la menor idea de quién era Faena, pero caminará por mis edificios. Me gusta sentarme con Norman Foster a proyectar cómo serán las viviendas del futuro. Pienso que la gente dirá "qué bien lo pensaron", "qué bien hecho que está esto". Soy responsable con el futuro.
Sos muy reservado con tu vida privada. ¿Te gusta jugar un poco con el misterio?
-El misterio lo crean los demás porque no pueden encasillarme. Yo no soy el típico empresario. Nunca fui parte del establishment . Yo no quiero llevar ningún rol. Algunos dicen "de dónde saca la plata para hacer cosas". Siempre jugué a ganar o perder, pero lo importante fue ser yo.
¿Sos consciente de que muchos se preguntan eso? ¿Te molesta?
-Sí, soy consciente. Pero no, no me molesta. Puedo entender que la gente no sepa de mí, que piense "algo raro hay", y que se quede con el Alan Faena que ve, sin saber el mundo que hay detrás.
UN ESTILO DETRAS DE LA ETIQUETA
Un vino elegante y no muy agresivo al paladar. En sus palabras, eso fue lo que buscó Faena cuando decidió contar con su propia línea de vinos, los que se sirven en El Mercado, El Bistró y La Cava del Faena Hotel+Universe. Para compartir durante la entrevista con lanacion eligió una de las dos variedades, el Faena Malbec, un varietal con uvas de diferentes viñedos de Agrelo y del valle de Uco, Mendoza; afrutado, sedoso, ameno, sencillo, de trago fácil.
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