
Alex de la Iglesia: la bestia suelta en un bazar
El director vasco recurre nuevamente a su temible humor negro para "Crimen Ferpecto", film que apunta sin silenciador a la sociedad de consumo. Aquí, la mirada afilada e intimista de un cineasta de culto
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Se siente un personaje y eso le da un miedo atroz. Dice que, aunque procure ser original y sincero, muchas veces se escucha repetirse una y otra vez. "Llega un momento en que te aburres de ti mismo. Eres tú el que está en todos lados, es ir a cualquier sitio y pensar: ¿qué hace ese gordo de nuevo aquí? Preferiría ser otra persona durante un tiempo", dice Alex de la Iglesia, a quien ser exitoso no lo seduce demasiado. En eso se diferencia notablemente del protagonista de "Crimen ferpecto", su última película, que se estrena el domingo en los cines locales. "Rafael está muy a gusto con su persona, y yo no. Lo admiro por eso. Es feliz con lo que hace, confía en sí mismo y tiene las cosas claras, algo que no me ha ocurrido jamás."
Rafael (Guillermo Toledo) es el mejor vendedor que haya existido. Lleva la profesión en su sangre. Trabaja en un centro comercial y anhela convertirse en jefe de planta, vive en un mundo perfecto, hecho a su medida, supuestamente sofisticado y elegante, sin darse cuenta de la mediocridad de sus propios planteos. "Su caso es extremo, pero todos hemos pensado alguna vez en que nos merecemos una vida mejor. Nadie desea formar parte de la masa, queremos ser especiales. Rechazamos lo vulgar, lo corriente, las cosas de mal gusto. El es una imagen grotesca y exagerada de nosotros mismos", afirma el director.
Pero la realidad castiga a Rafael de manera brutal. Su mundo ideal se desvanece cuando otro jefe de ventas, su principal competidor, muere durante una discusión que tiene con él. Allí comienza su odisea. "Nada es perfecto, uno recibe una hostia de la realidad tarde o temprano. Yo me siento así, pienso que en cualquier momento va a caer alguien de Hacienda o la policía y me va a decir: «Lo vuestro ha terminado, esa manera de vivir que tiene es imposible. Póngase a trabajar como los demás». Es todo provisional, y eso genera un gran desequilibrio. Me gustaría disfrutar más de las cosas, pero no sé hacerlo. Vivo con una continua ansiedad. «Esto está muy bien, pero ya veremos mañana»."
El director vasco, de 39 años, no utilizó todas las bofetadas posibles en "Muertos de risa" (1998), su obra consagratoria; tenía guardada una más, un golpe certero en busca de reacción. Su nuevo film, explica: "Es una pequeña venganza contra la gente que piensa que sabe lo que quiere. También, una manera de decir que estamos metidos en una historia de la que no podemos salir. Tendríamos por lo menos que escandalizarnos, o hacer algo. Porque no vamos a cumplir nunca con esas expectativas, nunca tendremos ese coche maravilloso ni esa mujer perfecta. No vamos a poder nunca disfrutar de la vida". El cineasta habla de un fenómeno globalizado, pero dice que en su país se vive como en poco lugares. "Tenemos una especie de ansiedad por ser europeos. Siempre nos hemos sentido al margen y ahora vemos una oportunidad. Por eso queremos ser correctos políticamente, no salir por la noche, no dormir la siesta, no disfrutar de la vida. La gente se compra casas enormes y 4x4 para ir al centro comercial, comprar lo necesario y volver lo antes posible. Es terrorífico. Antes la gente disfrutaba más, salía a la calle a nada concreto, a conocer gente o para hablar con sus amigos, que siempre estaban en un bar o en un mismo lugar. Eso se está perdiendo, cada vez estamos más solos."
La noche perfecta
¿Quién no ha fantaseado alguna vez con pasar una noche en un centro comercial, probándose ropa, comiendo manjares, encendiendo televisores, hojeando libros raros, deshaciendo todas las camas?
De esa pregunta surgió la película. De la Iglesia y Jorge Guerricaechevarría (coguionista) habían pasado muchas tardes de su infancia recorriendo enormes almacenes y un día, ya de grandes ("pero igual de adictos a estos lugares"), comenzaron a imaginar cómo sería una persona que pasara allí su vida, en un lugar tan ordenado, iluminado y sobre todo seguro. "¿Cómo sería su aspecto? Lo imaginábamos pasando allí las noches, armando sus fiestas privadas."
-¿Pensás así la noche perfecta?
-Se me ocurren miles de noches perfectas... todas de índole sexual. Podría escribir veinticinco libros acerca de mis fantasías sexuales, pero soy una persona casada con dos hijos y no me conviene este tipo de declaraciones. En realidad, tengo gustos eróticos muy sencillos, de manual: soy absolutamente adicto a las páginas de Hustler y Penthouse.
Alex se compara con el personaje interpretado por Eduardo Antuña en su film "La comunidad", que se disfrazaba de Darth Vader -de "Star Wars"- para espiar y mantenerse oculto. "Todos tenemos algo de onanistas. Además, también yo me encierro cada día en una máscara, para que no se metan conmigo. O me refugio en un cine. He estado escondido en películas durante mucho tiempo. No las he visto, he estado adentro.
-¿Disfrutás aún de los rodajes?
-Se disfrutan y se sufren. Hay una presión, una tensión que sólo tiene el director. Asombra cómo a los demás les da igual lo que ocurra. Al de sonido, al director de fotografía, al de maquillaje. Toda la gente que te rodea por tres meses no tiene esa tensión. Eres tú. Si en una escena se ve un oso panda de tres metros detrás de la actriz y tú no dices nada, nadie lo quita. A lo sumo es: «¿Que quede sin oso panda, verdad?» «Sí, sí, por favor», tienes que suplicar.
De la Iglesia recuerda que, antes de su opera prima, "Acción Mutante" (1992), siempre pensaba en cómo sería él capaz de dirigir a un equipo de actores y técnicos en un rodaje, cómo podría imprimir su voluntad a gente con mucha más experiencia en cine "y que seguramente pensaría que mis ideas eran una porquería. Pero resulta que es todo lo contrario. Hay una despreocupación absoluta, nadie quiere tomar una mínima decisión. Todo el mundo te mira como diciendo «¿Qué?» «Que tenemos que poner la cámara.» «Ah, vale», y la ponen".
Tras siete largometrajes y experiencias de rodaje tan absurdas como accidentadas (ver recuadro), Alex considera que ser director de cine es "sobrepasar los obstáculos dementes que te van a surgir. Por eso respeto muchísimo a la gente que hace una película. Cuando eres joven piensas «cómo estos tíos pueden hacer estos films tan horribles». Pero ahora, que una película empiece, cuente algo y termine ya me parece fascinante; que los planos peguen es como un milagro. A la gente que piensa que es fácil me gustaría llevarla a un rodaje".
"Filmar es demencial"
- Viaja a la Argentina cada vez que lo invitan. En el reciente festival "Pantalla Pinamar", De la Iglesia presentó su nuevo film y sintió, nuevamente, que lejos de su tierra va sumando fieles. "En España tengo mi público, que me permite existir, pero no soy plato de devoción de una gran parte de la gente. Aquí siempre me demuestran un interés estimulante", dice el director, minutos después de una aventurada travesía en cuatriciclo por los médanos. "Casi nos matamos", afirma. Pero los mayores riesgos los corre, sin duda, en sus propios films. "Me ha ocurrido de todo en siete películas, pero son tal vez nimiedades en comparación a lo que pudo ocurrirle a Coppola en Apocalipsis Now." Desde una gigantesca cruz que se cayó sobre un actor (y lo hospitalizó) en "El día de la bestia" hasta un extra incendiado en "800 balas". Para Alex, "filmar es demencial. Llegas con sueño al rodaje a las 8 de la mañana, pensando «qué me ocurrirá hoy», y nada más sentarte, a las 8.05, ves a un tío ardiendo. «Se acaba mi carrera hoy, acabo de matar a un hombre». Pero de repente lo apagan, y ya está. Sólo atinás a susurrar «corte» y pedir cinco minutos para recuperar el aliento. Lo increíble es que esperé a que terminara la escena para cortar, una locura. ¿Hasta dónde puede llegar uno para hacer cine? Juro que no lo sé". El guión es, según su manera de hacer cine, el 90 por ciento de cada película. Nada deja al azar: desde los storyboards (ver aparte), cada delirante idea tiene su explicación detallada. "Hay ideas técnicas que sólo puedo hacer por ser también productor. Si no, nadie me dejaría. Pero es lo más divertido. Filmar hoy plano contra plano no tendría demasiada gracia."
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