
Alguien te está mirando
Incomodidad, vergüenza, rostros sonrojados... A veces se confunde con timidez, pero es mucho más que eso: los especialistas definen la ansiedad social como un trastorno que complica la vida, porque genera un miedo exagerado –enfermizo– de ser observado o criticado por los demás
1 minuto de lectura'
Cada vez que a Juan Pablo se le caía una moneda en mitad de la calle sentía todas las miradas depositarse en él. Agacharse a recogerla se convertía en algo bochornoso, tanto, que a veces prefería dejarla ahí, en el pavimento. Ir al banco era aún peor. Llegó a hacer colas de más de dos horas por temor a preguntar si estaba en la ventanilla correcta. Podría decirse que su vida era un poco más engorrosa que la del resto.
Juan Pablo, de 23 años, no es tímido, ni vergonzoso, ni siquiera introvertido. Lo que le aqueja es algo más serio: sufre ansiedad social, un trastorno que se caracteriza por un temor desproporcionado al juicio que otros puedan hacer de uno. Por eso quienes lo padecen evitan situaciones en las que se sienten susceptibles de ser criticados por el ojo ajeno.
Seguramente todos hemos experimentado, en mayor o menor medida, turbación ante la idea de ser observados y criticados por los demás. No obstante, en esos casos no se nos calificaría de “fóbicos sociales” porque ese temor no se convierte en un obstáculo, ni incide de manera negativa en nuestra cotidianidad. El psiquiatra Pablo Resnik, director del Centro de Investigaciones Médicas de Ansiedad (IMA), explica que si el miedo nos afecta a la hora de tomar decisiones o si percibimos que nos trae problemas, entonces es posible que estemos frente a una patología. “Esa es la línea divisoria”, aclara.
El psiquiatra Andrés Flichman señala que estas personas ponen en práctica estrategias tendientes a evitar las situaciones que les generan ansiedad: consumen alcohol u otras drogas, llegan antes o después a los lugares para no ser vistos, buscan trabajos donde no tengan que interactuar demasiado, dejan los estudios por temor a las pruebas orales.
Esto mismo le sucedió a Fernando, de 42. Era tal el pavor de presentarse a los exámenes que optaba por no rendirlos. Tardó 10 años en recibirse de abogado.
También a Juan Pablo los estudios terciarios le trajeron dolores de cabeza, porque fue en ese paso del colegio a la universidad cuando su problema, como él prefiere llamarlo, se agudizó. Ya no conocía a sus compañeros, estaba rodeado de desconocidos, potenciales críticos de sus errores, fallas o tropiezos.
A Inés, de 34, la carrera de diseñadora gráfica también se le alargó: tardó dos años en juntar coraje para presentarse a su último examen oral. “Me sentía tan abrumada que todo me llevaba más tiempo. Daba muchas vueltas.”
A Fernando, Juan Pablo e Inés, la ansiedad social no sólo les influía en lo académico, también afectaba su vida social y afectiva.“Me quedé aislado. Era incapaz de agarrar el teléfono y llamar a mis amigos”, dice Fernando. Hablarle a una chica, cuenta, era un reto todavía mayor, porque se sentía “totalmente inhibido ante el sexo opuesto”.
Flichman dice que una de las mayores dificultades para estas personas es precisamente formar pareja. “Hay muchos divorciados y solteros entre fóbicos sociales”, dice, y explica que la vida sexual también puede ser un calvario. “El hombre de por sí está muy pendiente de su performance. Si a esto sumamos las fobias típicas de estas personas, la combinación es explosiva”, relata.
Los psiquiatras señalan que padece este problema el 13% de la población, muy por arriba del trastorno de ansiedad –3.5%– y del trastorno obsesivo-compulsivo, 2,5 %, según estudios del National Comorbidity Survey de Estados Unidos en 1994. Sin embargo, sostienen que debido al desconocimiento que existe de este desorden, son pocas las personas tratadas. La frustración a la que se enfrenta el fóbico, que a menudo posterga su vida, puede llevar al alcoholismo y la depresión.
Las claves de la batalla
Muchas son las situaciones que pueden despertar ansiedad social. Una de las más comunes es hablar en público, pero hay más. Juan Pablo cuenta lo difícil que le resultaba sostenerle la mirada a su interlocutor en una conversación, la vergüenza que sentía al tropezar o pasar por delante de un grupo, la angustia que le causaba pedir un libro en la biblioteca y, por supuesto, el bochorno que experimentaba cuando algo se le caía de las manos a la vista de todos.
Además de su buena dosis de estrés, estas escenas cotidianas van acompañadas de síntomas como exceso de sudoración, aumento de las palpitaciones, falta de aire y temblor en la voz. Los fóbicos sociales están tan atentos a lo que el oyente estará pensando sobre ellos, que termina por darse lo que Flichman llama una “desfocalización de la concentración”, o bache en la memoria. La persona se queda en blanco, se pone tensa, y entonces las manifestaciones recrudecen todavía más.
Pero no todo es desazón, afortunadamente. Flichman explica que las terapias varían según el tipo de fobia social. La psicoterapia grupal suele ser más efectivas en los casos de fobia social generalizada, aquellos en los que el miedo y el estrés se expanden a muchas áreas de la vida. En el caso de la ansiedad social no generalizada, los tratamientos cognitivos-conductuales son los que mayores y más rápidos resultados ofrecen. En ambos cuadros, la medicación suele ser un componente casi imprescindible, ya que ayuda a bajar los niveles de ansiedad y a facilitar el momento de los afrontamientos.
En cuanto a las causas del problema (que suele agudizarse en la adolescencia), hay mucho de conductas de inhibición que los hijos asimilaron de los padres y un factor hereditario. “Habría –precisa Flichman– un 30% de genética y un 70% de aprendizaje.”
Juan Pablo, Fernando e Inés llevan varios años de tratamiento y, aunque no se sienten completamente curados, trabajan en lo que les gusta, recuperaron su vida social, no temen relacionarse con el sexo opuesto y, sobre todo, aprendieron a dar batalla a ese miedo incontrolable a la mirada ajena.
revista@lanacion.com. ar
Para saber más: www.ansiedad-aata.org
1
2La boda real más incómoda: el día que la princesa Beatriz desafió a los Países Bajos para casarse con un joven exsoldado alemán
3Cuál es el significado de tener un reloj que no funciona en una casa, según el Feng Shui
4Así tenés que limpiar tu horno eléctrico para garantizar un funcionamiento óptimo y prolongar la vida útil



