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Historias para conocer

Alpio Costa: padres sordos y la pasión por la Antártida del galán sexy del clima

Pablo Mascareño
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25 de septiembre de 2020  • 00:08

Alfredo Costa es Licenciado en Ciencias de la Atmósfera, título obtenido luego de arduos años de estudio en la Universidad de Buenos Aires. Su pasión por la vocación que eligió en la adolescencia lo convirtió en una de las caras televisivas que informa sobre el devenir del tiempo. Esa misma inspiración es la que lo llevará a doctorarse en poco tiempo. Será la coronación al esfuerzo y a una vida definida por lo inclusivo, por una mirada amplia de las capacidades. Es que Alpio, como lo bautizaron sus amigos, es hijo de padres sordos, una condición que no les impidió conformar esa familia de Boedo donde se naturalizó la falta de audición sin traumas y sin que significase un impedimento para criar a Alpio, a Laura, la hermana mayor que vive en la Patagonia y a Juan Pablo, el hermano menor. "Para mí, no había ninguna barrera en la comunicación. Eso hacía que me sintiera en un contexto de normalidad, más allá de la mirada de algunos compañeros cuando veían a mis padres, aunque eso tenía que ver con reacciones de terceros", explica Alpio, rememorando aquella infancia y juventud donde el foco externo era el que marcaba diferencias que, dentro del grupo familiar, no se percibían como tales. "Mis padres actuaban con toda naturalidad, con mucha simpatía mi viejo y con gran carisma, mi vieja".

"Tener viejos sordos era lo normal"

Si algo caracterizaba a Alfredo y Laly era el espíritu de lucha y la convicción de conformar una familia. Desde ya, estaban atravesados por ese eufemismo que habla de "capacidades diferentes". Esas definiciones instaladas sin rigurosidad que no se plantean que la esencia de la diferencia siempre se establece con respecto a una otredad subjetiva y menosprecian el valor de una diversidad plural. "La sordera, más que una discapacidad, sobre todo hoy con los adelantos tecnológicos existentes, es una diferencia de idioma, cultura e idiosincrasia", reconoce el hombre de ciencia fanático de River Plate y no del San Lorenzo de su barrio. "Tener viejos sordos era lo normal. Es más, no imagino la comunicación con ellos sin las manos", reconoce Alpio cuyos padres nacieron con sordera profunda. "No conocen ningún sonido, eso tiene una ventaja: cuando no contás con un sentido, se agudizan los otros".

El meteorólogo cursó su escolaridad en el Colegio Santa Cruz del barrio de Boedo. Aunque es un hombre joven, en aquellos tiempos aún la telefonía celular no aplicaba y la comunicación por mensajes de textos era una fantasía digna de Stephen King: "Pese a las dificultades, allí siempre se portaron muy bien conmigo. A las reuniones de padres iba mi hermana o nadie". Aquellas imposibilidades se sumaban a un amplio listado de contrariedades en una sociedad que contempla la utilización de la comunicación por señas para una minoría. Esa forma de gesticular y mover las manos conforma todo un universo en sí mismo: "Hablamos de lengua de señas, no de lenguaje. La lengua de señas es un idioma con gramática propia. No es, como muchos creen, el español signado", explica Costa.

Apelar a la alteridad es lo que conduce a un mayor entendimiento de esta comunidad, como tantas otras, que busca estar integrada con su singularidad a las mayorías que, frecuentemente, se mueven desde conductas hegemónicas: "La historia de los sordos es la historia de una minoría que ha ido en paralelo con el resto de la sociedad. Es una verdadera minoría cultural. La sordera no es solo una discapacidad, desde el punto de vista sociológico es una diferencia cultural y lingüística", explica el joven amante de los estudios antárticos cuyo primer idioma fueron las señas y que comenzó a transitar la oralidad del castellano recién a sus tres años.

-¿Fue doloroso para ese nene la infancia con padres sordos?

-No, era algo completamente normal. Cuando uno nace en esa condición, se naturaliza. Para los demás era anormal, pero, para mí, no fue traumático. De hecho, no imagino otra vida de la que tuve, no imagino haber crecido con padres oyentes.

Producto de los tabúes, o de la falta de información, las limitaciones que se pueden pensar generalizadas no lo son: "Me gusta decir que la sordera es una capacidad diferente que está ligada solo a la cuestión lingüística. En los demás aspectos, una persona sorda está igualada al resto: no hay limitación motora ni visual", explica Alpio, quien no padeció tal dilema dado que la lengua de señas estaba naturalizada en el seno familiar. Aquellos padres esforzados no se privaron de llevar una vida normal, absolutamente integrados a su familia, el entorno laboral y los círculos sociales de pertenencia. "Los dos manejaron. Ir con ellos daba una seguridad absoluta, eran más cuidadosos que una persona con audición, porque estaban mucho más alerta", se sincera el hijo orgulloso.

Los Costa, que siempre fueron muy unidos, no se privaron de los deliciosos sinsabores de la vida familiar a la hora de mirar televisión: "Mi vieja veía una telenovela y preguntaba qué decían. Mi viejo miraba el noticiero y también consultaba porque no todo se informa en los titulares escritos que aparecen en pantalla. Hoy me da culpa y me gustaría volver un poco para atrás", explica Alpio quien, con las pocas pulgas de todo adolescente, se fastidiaba ante los interrogatorios de sus padres: "Me gustaría volver para atrás y gritarme a mí mismo: ´decile boludo qué dicen en la tele´. Uno era chico y la paciencia se acababa. Es que por momentos era un plomazo traducir todo lo que decían en la tele. Además, en la adolescencia siempre se ve a los viejos de manera crítica".

Volver a empezar

Los Costa tampoco estuvieron ajenos a los vaivenes de la economía nacional: "Me emociona todo lo que hicieron mis padres, a pesar de las dificultades que tuvieron", reconoce Alpio. Su reflexión está ligada a aquellos tiempos en donde la economía familiar colapsó: "En el ´89, en medio de la hiperinflación, mi viejo y sus hermanos tuvieron que hacer quebrar la fábrica que había fundado mi abuelo en los años ´20. Fue un gran dolor para mi padre. Así que, después de haber vivido con comodidad, tuvo que hacer cosas que nunca había hecho. Lo hizo por nosotros, para que estuviéramos bien, no nos faltase nada y, sobre todo, no nos diéramos cuenta de lo que sucedía. No pasamos hambre porque mis viejos dieron lo que no tenían. Cómo no voy a tener palabras de agradecimientos para siempre con ellos", dice el especialista en los fenómenos antárticos que domina la lengua italiana de sus ancestros con la misma perfección que maneja el español o las señas.

-¿Qué fue lo que más te marcó de todo aquello?

-Mi papá, a punto de jubilarse, tuvo que salir a buscar trabajos pasajeros, en medio del dolor por haber cerrado esa fábrica de jabones Victoria. En los ´50 eran productos muy famosos, era la segunda marca luego del Jabón Federal.

-¿Cómo reaccionó tu mamá?

-Buscó trabajo como profesora y, diez años después, fundó su propio instituto de lengua de señas para oyentes. En homenaje a mi padre, ya fallecido, se llama Alfredo H. Costa.

El galán del noticiero

Alpio Costa cobró notoriedad cuando irrumpió en las mañanas de eltrece. Al amanecer, en Arriba Argentinos, conducido por Débora Pérez Volpin y Marcelo Bonelli, se encargaba de informar sobre las condiciones meteorológicas, en un horario del día donde esa noticia es tan, o más importante, que las oscilaciones de la actualidad nacional: "Con Marcelo Bonelli me divertí mucho y de Débora Pérez Volpin aprendí un montón. En una oportunidad me dijo: ´Yo te elegí´. Tengo el mejor de los recuerdos de ambos".

-¿Por qué no continuaste en ese espacio donde te estabas consolidando?

-Mi salida del canal no fue feliz. Al principio, fui muy reservado en contar por qué me había ido de eltrece, pero creo que ya lo puedo compartir dado que pasó bastante tiempo. La razón por la que no estoy más en ese canal tiene nombre y apellido, aunque prefiero no decirlo. Fue la productora ejecutiva del noticiero de quien yo estaba a cargo. Como tengo códigos, a diferencia de ella que se encargó de hablar mal de mí, no digo su nombre.

Un desencuentro con el móvil de exteriores con el que le tocaba realizar una cobertura en un amanecer en el muelle de pescadores, habría generado la ira de su productora. "Lo tomaron como abandono de trabajo".

Costa, quien suele ser invitado en diversos programas para hablar sobre su especialidad, considera que los académicos del tema suelen encontrar dificultades a la hora de comunicarse con las audiencias masivas: "Tenemos una cabeza muy técnica. Estos años en los medios me dieron mucha práctica para poder comunicar la ciencia, concretamente los fenómenos del cambio climático, que es a lo que me dedico. Los que veían el noticiero de la mañana recuerdan cómo me fui soltando y mejorando para poder transmitir lo que deseaba contar".

-Los encargados de dar la información meteorológica han ganado notoriedad. ¿Hay competencia entre ustedes?

-Entre las personas formadas no me parece que haya competencia.

-¿Cómo te cae que una figura como Sol Pérez cobre notoriedad dando la información meteorológica?

-No es solo ella, hay más gente que lo hace. A veces no lo veo con buenos ojos, pero también pienso que hay que entender a los medios y al público, y pensar en la línea que desea abordar cada canal. Esa es una decisión libre. Si la persona le pone onda, consulta con profesionales, cita las fuentes, no veo mayor problema. De todos modos, está en proceso de aprobación la matriculación de los meteorólogos.

-Hoy, la información sobre el estado del tiempo ocupa gran espacio en los segmentos de noticias. ¿A qué se debe?

-Hace veinte años, se hablaba del tiempo en los últimos veinte segundos del noticiero. La cabida que se le da ahora tiene que ver con una decisión de los medios, pero también está relacionado con el cambio climático que se está haciendo cada vez más evidente en el mundo, y nuestro país no es la excepción.

-Frío en verano, calor en invierno, incendios siderales en todo el planeta...

-Hay que aclarar que estos fenómenos siempre existieron. De hecho, en Buenos Aires, la vez que más milímetros cayeron en 24 horas fue en 1930, cuando llovieron algo así como más de doscientos milímetros. El segundo evento de esa envergadura sucedió el 31 de mayo de 1985. Pero, fueron eventos aislados, en cambio, el cambio climático está conformado por procesos que se suceden en el tiempo. La variabilidad va en valores ascendentes. Las olas de calor o las lluvias más intensas se están volviendo más fuertes y frecuentes.

-Más allá de tu tarea en los medios, ¿cuál es tu especialización?

-Realizo trabajos de investigación sobre cambio climático en el Instituto Antártico Argentino. Muchos me preguntan si mi sueño era trabajar en la tele y la verdad es que no. Mi sueño era ir a la Antártida, estudiar sobre sus particularidades.

-Pudiste concretarlo.

-Me desarrollo en esa especialización que me apasiona, mi deseo sigue tan encendido hoy como hace veinte años. Espero poder hacer un aporte a la ciencia antártica, a eso quiero dedicar mi vida.

-¿El trabajo en los medios es parte del pasado?

-Mi tarea académica no impide que pueda trabajar en un medio e informar sobre cuestiones ambientales. Me gusta mucho comunicar al público en general, bajar el discurso científico a quien no es del palo.

Mucho más que su faceta televisiva

El currículum de este científico al que solo le resta conocer el continente africano es bien extenso. Su área de estudio abarca el cambio climático en la Península Antártica en diversas escalas temporales, como así también los forzantes climáticos que afectan la variabilidad de los glaciares antárticos y la erosión costera. Es miembro de las filiales argentinas del Programa de Aprendizaje y Observaciones Globales en Beneficio del Medio Ambiente (GLOBE) y de la Asociación de Investigadores Polares en Carrera Temprana (APECS).

Esos títulos son fruto de una vida que supo capitalizar aquello que podría haber sido un escollo. Acaso porque aquella garra de sus padres, que jamás se doblegaron ante la sordera, se hizo carne en él. Siguió el ejemplo del esmero, de avanzar en busca de un objetivo, de no hacer foco en lo que falta sino potenciar lo que se tiene. Será por eso que viajó por todo el mundo y que no duda en aplicar para cursar becas o participar de congresos internacionales cada vez que puede. El pueblo de Italia donde nacieron sus antepasados es uno de sus destinos favoritos. El chico sexy de las noticias del tiempo, que hace suspirar a la audiencia y que confiesa no tener pareja, esconde un universo profundo de resiliencia. Es que para los Costa la ausencia de algo es siempre posibilidad.

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