Alta costura de París, desde su concepción hasta la pasarela
Junto a “Lady”, su cotorra, Franc Sorbier es uno de los últimos modistos parisinos que lo hace todo él mismo, desde los primeros bocetos a tinta hasta los toques finales de sus asombrosos vestidos
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En una industria dominada por las celebridades y las corporaciones del lujo, Sorbier es un diseñador excéntrico e independiente que trabaja con su querida cotorra “Lady” trepada a su hombro o encaramada peligrosamente cerca de la aguja de la máquina de coser.


Sorbier financia sus shows de habilidosa artesanía vendiendo los asientos para los desfiles de sus colecciones al gran público, en vez de enviar sólo invitaciones a personajes exclusivos. Para la diáfana colección primavera-verano de alta costura que exhibió en París esta semana, Sorbier y el equipo de su pequeño taller trabajaron de sol a sol desde octubre, mientras los fotógrafos de la agencia AP seguían su proceso creativo desde la concepción de las prendas hasta la pasarela.
Para marcar el 30 aniversario de esta casa de modas, Sorbier fue contactado por el Museo Mulhouse de Estampado en Tela para realizar una colaboración inspirada en antiguos motivos florares y en un material como el papel.


“Todas las flores que ven provienen de verdaderas fotografías y dibujos en papel del siglo XIX que descubrí en los archivos del museo”, dice Sorbier. “Estos vestidos son al mismo tiempo históricos y radicalmente modernos. Los motivos originales tienen más de cien años, pero fueron estampados sobre organza con una impresora de última generación.”

Sorbier empezó bocetando a mano los figurines de su nueva colección. Después, fueron cuatro meses de extenuante trabajo de tijera, aguja, y modelado, entre tazas de café y cigarrillos, que culminaron en un espectáculo de diez minutos para no parpadear.


El miércoles, en París, esa sublime artesanía de la alta costura se fusionó con los patrones florales del siglo XIX en la diáfana colección primavera- verano de Sorbier.

Sobre el escenario de un viejo teatro, las modelos-bailarinas emergieron envueltas en papel madera, que rasgaron para revelar vivaces vestidos de ninfa en colores sepia que ondulaban ingrávidamente mientras ellas realizaban sus piruetas de hadas y deambulaban por el espacio.


Múltiples capas, plisadas o drapeadas, rebotaron con el movimiento junto a vestidos de silueta en forma de “A” con secciones cuadradas de estampado floral en tonos cálidos y saturados.
Maravillado, el público estalló en aplausos.

Fotos de Christophe Ena y Thibault Camus /AP
Textos AP
Edición fotográfica: Alfredo Sánchez
Traducción de Jaime Arrambide








