Amor Casero

El multifacético actor tiene una premisa del corazón: devolverle a la gente el amor que recibe constantemente en la calle. Por eso grabó su cuarto disco, Casaerius, en el que apuesta al rol de cantante y juega a enamorar a las mujeres y divertir a los hombres
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14 de diciembre de 2001  

Después de dialogar con Alfredo Casero durante casi dos horas, uno puede confirmar al menos cuatro de las tantas cosas que se dicen de él: 1) Su ego es tan voluminoso como su corpulenta figura. 2) Se desvive por gustar y seducir a los demás, ya sean madres, abuelas, niños, jóvenes, dueños de restaurantes, mozos, ordenanzas de un parque, agentes de prensa o fotógrafas. 3) La gente lo quiere como a casi ningún personaje de la desprestigiada televisión argentina. 4) A pesar de no poder parar de pensar ni un minuto en generar proyectos, Casero está más tranquilo. Con la misma confianza en sí mismo de siempre, pero como hipnotizado en un viaje espiritual y abierto a dar y recibir todo el amor posible. Venga de donde venga, sea de quien sea.

Lunes. Jardín Japonés. 15.30 horas. El lugar de encuentro para que Casero hable por primera vez de su nuevo disco ( Casaerius , que se editará el próximo miércoles) no es azaroso. Casero ama el Jardín Japonés, suele comer sushi en el restaurante, conoce a todos los que trabajan allí y su fascinación por la cultura japonesa (en especial por la música) crece día a día. Tanto, que el primer corte de su álbum, Shimauta (canción de la isla) , es un tema clásico de la isla de Okinawa, de donde provienen la mayoría de los japoneses que viven en la Argentina (ver recuadro).

"¿Ves esos farolitos que están ahí? Los puse yo. Y dos de aquellas tejas tienen mi nombre escrito en japonés", revela el actor ahora enfundado en el traje de cantante que, de tanto en tanto, vuelve a descolgar del perchero (éste es su cuarto disco editado, el primero para una multinacional). Sí, antes de convertirse en uno de los cómicos más importantes de la televisión local, se ganaba la vida haciendo "cositas" en el Jardín.

Casero come sushi, despacio, pero sin parar. Y, entre bocado y bocado, repite como si fuera una especie de mantra: "Yo ando en busca del swing". Habrá que creerle. Mucho más si se tiene en cuenta el ecléctico abanico de ritmos y sonidos que componen su nuevo trabajo discográfico. "Sí, hay de todo y todo mezclado. Porque la música ya no tiene un estado puro. Pero, de todas formas, creo que el punto más importante del disco es que es el primero que grabo pensando en lo que podría producirle a la gente. Modestamente, porque tampoco soy una estrella de nada. Lo que quise mostrar es mi momento verdadero. Dejar sentado que esto (y se señala el cuerpo) es así, sin ninguna lentejuela. Porque el mundo está cambiando tanto, que las lentejuelas no quedan en nada. En este momento, el glamour, para mí, es que el otro se divierta".

Casero parece invadido por el espíritu navideño, aunque cueste creer que algo así siga existiendo en este país de ajustes y medidas mezquinas. Y en cada uno de los conceptos que elabora, mastica y, finalmente, escupe en palabras, el amor es protagonista absoluto. "La realidad es una y es muy jodida. Por eso este disco es de emergencia del alma. Porque la gente necesita una caricia al corazón. Cuando se cayeron las Torres Gemelas no podía creer que en un momento así estuviera pariendo un hijo. Es la primera vez que realmente siento que la obra va acompañada de una cosa visceral."

Casero afirma que tiene el derecho para hacer artísticamente lo que quiera. Y mientras busca en su mente el remate de la frase, una admiradora de cuarentaytantos lo interrumpe para pedirle un autógrafo (en el tiempo que dura la entrevista firmará tres y tendrá que saludar a una decena de seguidores). "Chau, sos un genio gordo", dice la mujer. "Estás hermosa, rubia", piropea Casero. "Gracias por lo de rubia", agradece la cuarentona y se va con una sonrisa descomunal.

"¿Ves? Para hacer el disco también partí de esto. Como hombre, las mujeres se merecen que uno las haga reir. La idea del álbum bien podría resumirse en que para enamorar uno tiene que ser payaso. Estas canciones son para enamorar a las señoras como ésta que vino a pedirme un autógrafo y a las más chicas también, por supuesto. Eso está recontra pensado".

Será por eso que Casaerius incluye una versión de Cómo te diré , de Sandro (en el que figuran los coros que se grabaron para la versión original, pero que se descartaron en la mezcla final), y otra de Avec , de Charles Aznavour. "Sandro es nuestró icono popular vivo más importante y más pesado. Es equivalente a dos Elvis Presley y a los cuatro Beatles todos juntos. Tiene algo que nos gusta a nosotros y vuelve locas a nuestras madres y mujeres".

Reconoce que éste es el primer disco que encara con una postura más de cantante ("porque creo que soy bueno cantando"), pero asegura que no tiene la intención de convertirse en una voz popular ("mantener un bajo perfil siempre es sano").

"La verdad es que no puedo parar de parir cosas -agrega-. Vivo con esta extraña enfermedad de dar todo lo que pueda, que es bastante. Y la gente lo recibe, porque no tienen demasiadas personas a las que puedan acercarse y recibir cierta onda positiva." Casero habla, habla y habla. ¿Disfrutará de escuchar su voz? Seguramente. Cuenta que el mismo presidente de la multinacional fue el que lo vio y le propuso firmar con Sony Music. "Algo que sólo una vez me pasó en la televisión, cuando en 1994, después de tener que salir corriendo del canal, Eurnekián me llamó para que hiciera un programa. Muy loco. Además, cuando me encontré con el presidente de la compañía, me di cuenta de que teníamos el mismo criterio. Entonces me dije: "¿El presidente de una multinacional tiene mi mismo criterio? Pero qué está pasando. ¿No será que se viene el fin del mundo? Lo único que falta es que Racing salga campeón, ¿no?".

Dar es dar

Como apropiándose del título del tema de Fito Páez, Casero insiste en que "yo ya tengo mi lugar y esto es sólo otra de las tantas cosas que puedo darle a la gente. A mí no me interesa entrar en el universo pop, ni en el mundo del rock and roll". Y se divierte con su propia idea para la filmación del video de Pizza conmigo , "un neocandombe apto para cantar en la cancha", según la definición del compositor.

"Quiero poner a cuatro morochos todo mal -se entusiasma-, con las caras tapadas, en cuero, cantando. Pero como diciendo que si sos chorro y vivís en la villa, sabés que los más pulentas no andan boqueando como los de la cumbia villera. Nadie cuenta lo que pasa en la villa, salvo los alcahuetes. Los pulenta en serio cantan Pizza conmigo. " El aparente protagonismo que tuvo la cumbia villera este año, bajo el análisis de alguien que fue "tan pobre que ni me quiero acordar". "Eso de guarda que en la villa hacen música que les gusta a los ricos, es cualquier cosa. Porque siempre fue así. A Ricky Maravilla lo contrataban los ricos para que cante en Punta del Este. El tipo iba a las casas privadas y cantaba. Porque a los ricos les divierte cierta cosa que tiene que ver con el ritmo, con lo tribal, con la marcación de un latido que la gente necesita y que ellos no tienen. Bueno, eso creo que es lo que capté yo como artista".

El grabador se cansa de trabajar y decide no continuar con su labor. Es una buena señal de que ha sido suficiente. Termina la entrevista, pero Casero seguirá disparando frases y conceptos mientras lo fotografían para la ocasión. Acá va el último, en serio: "¿sabés por qué a mí me va bien? Porque le hice caso a mi alma. Esa es la fórmula Casero".

La canción de la isla

De cómo Casero grabó un tema en japonés

"Pura magia" es la mejor definición que encuentra Casero para describir cómo llegó a grabar Shimauta (canción de la isla), el tema que ya rota en las radios locales, en el que cantó en japonés a dúo con Claudia Oshiro, oriudna de la isla de Okinawa que reside en la Argentina.

"Un pibe me hizo escuchar una canción popular de Okinawa, una isla de donde provienen la mayoría de los japoneses que viven acá. Y enseguida le dije que quería grabarla. No sabía lo que decía la canción pero era hermosa. Y a todos los que se la mostré enloqucieron. Como quería una voz femenina en el tema, me mandaron una cantante japonesa increíble. Así empezó a crecer una energía especial alrededor de la canción, casi sin darme cuenta. Cuando terminamos de grabarlo -yo canté sin saber qué decía la letra-, apareció aquel pibe y me presentó a veinte mujeres, que eran lo mejor de la música y la danza de Okinawa, que querían que les diera la canción para llevarla a la isla. Recién ahí me enteré qué era lo que decía: "Shimauta, canción de la isla, subite al viento junto con los pájaros y recorré la distancia de los mares para llevar puro este mensaje". ¿Se entiende? Laburé de antena, loco. Ellos necesitaban algo de mí, querían difundir ese mensaje. La canción fue escrita para eso y yo, mágicamente, caí en el lugar y el momento indicado. Y me encantó hacerlo, porque me gusta estar al servicio de la gente".

"A mí me quisieron voltear de la tele, pero no pudieron"

La cultura Cha cha chá y la guerra de Casero contra el poder televisivo

Casero asegura que se muere de risa mirando los programas de Cha cha chá que un canal de cable volvió a poner al aire. "Si tuviera que hacer un programa de humor, no sé bien qué haría. Pero creo que volvería a hacer lo que hice. Porque yo dirigí en gran parte Cha cha chá. Incluso creo ser mejor director que actor. Pero ahora no es el momento. Hay que esperar. ¿Dónde pondría un Cha cha chá en la televisión de hoy? Los canales grandes no lo quieren. Y no me voy a poner a pelear con los ávidos del poder otra vez. No por el momento. Porque ellos querían sacarme totalmente de la tele, pero no pudieron voltearme. Y les fue peor, cada vez estoy más adentro. Y de muchas formas. Porque después de Cha cha chá hubo docenas de programas con el mismo humor, hay miles de pibes que hablan igual, hay todo un argot que salió de Cha cha chá que ya está instalado y nadie lo puede borrar. Durante muchos años, su caballito de batalla era decir que yo improvisaba mucho.Como si improvisar fuera menos que decir un texto. Es como decir que el método de Miles Davis no sirve. Pero a mí no me entendieron. El que lo sabe leer se da cuenta que lo que se está viendo ahora, que son programas de 1996, es una sesión de improvisaciones perfectibles, pero perfectas, en un ámbito que todos están felices. ¿Hay algo mejor que eso en la televisión de hoy? No"

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