
Amor dividido
Ioja se presenta en sociedad con un álbum de pop electrónico. ¿Quién es? La pareja del "Jimi Hendrix del bajo", Diego Arnedo, que toca en el disco. ¿Qué tul?
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De adolescente se identificaba con el rock & roll. Es más, para ella, una banda no podía tener teclados: sólo guitarras distorsionadas. Como ésta, muchas otras ideas cambiaron en la cabeza de Ioja -Andrea Joga, únicamente en el DNI-. A los 33 años, la mujer de Diego Arnedo está terminando su primer disco pop electrónico y todos sus prejuicios de niña punk ("tenía un concepto muy precario de la vida") se disolvieron con el tiempo.
"Me parece que mi música tiene una demanda existencial. Tengo mucho rollo con el fin del mundo, con los cambios del universo, con la globalización, con las guerras", dice esta virtual candidata a miss Argentina, más por su devoción a nuestras costumbres que por una posibilidad estética real. "Amo mi país, la gente, fumar un faso en una esquina, tomar cerveza con amigos... No podría vivir en otro lugar. Y siento que la electrónica es la música nativa de este momento, aquí. Como el indio agarró un erque para expresarse, los músicos ahora tenemos las computadoras."
Aunque se la escucha muy convencida del proyecto que lleva adelante con la producción del trío Planetaria (llegó hasta ellos por consejo de Javier Zuker), no fue del todo fácil para Ioja embarcarse seriamente en una carrera musical (antes formó varias "bandas de chicas"). "Siempre supe que quería hacer esto, pero nunca fue el momento. Hay un tema de Diego (Arnedo) que dice Ya lo verás/son horas de vuelo . Y es así, el tiempo te lleva a la maduración."
Precisamente, la aparición de Arnedo en su vida estrechó la relación que Ioja había iniciado con la música de muy chica, cuando, en vez de comprar el piano que ella soñaba, su madre le "encajó" una guitarra criolla. "Haber conocido a Diego no sólo fue para mí lo más importante a nivel sentimental, sino lo más importante a nivel musical. Al lado de semejante talento aprendés -asegura, sin disimular su profunda admiración-. El fue una inspiración total, me llevó a decir: "Como él toca el bajo a mí me gustaría expresarme con mi instrumento, que es la voz". Porque si bien la guitarra sigue conmigo (con las cuerdas y la PC boceta sus canciones), yo soy bailarina, y no podría quedarme sentada investigando un instrumento."
Entre la danza y el canto, no hay privilegios. Son, para ella, dos necesidades vitales. Sin embargo, la primera es la que la mantiene en pie desde hace quince años. "En mi vida nunca tuve un mango, siempre luché para hacer algo artístico con nada", revela y recuerda una anécdota: "Hasta hice un videoclip para una banda mexicana, donde tenía que bailar con un vestido de paisana, representando a la chica Pastelitos de miel", dice y suelta una carcajada. También su primer contacto con la música electrónica lo tuvo bailando, haciendo performances en discotecas como Ave Porco ("ahí me depravaron", se ríe) o El Infierno. "Siempre estuve en la podredumbre, en el under, en la vanguardia, en el compromiso con lo no comercial. Todo lo que hoy puedo dar como artista tiene que ver con eso."
Para que su álbum llegue a las bateas faltan algunos retoques y la (elemental) presencia de un bolsillo interesado. Pero, por lo que escuchamos (cuatro temas), el camino se presenta auspicioso: el trabajo de Oliverio, Osky y Paksel (Planetaria), combinado con su voz envolvente, funciona a la perfección. Un verdadero trabajo en equipo que cuenta con la colaboración, sólo por amor, de "el Jimi Hendrix del bajo" y Alambre González. "Quería escuchar el sonido que me pega ahora y conservar la canción: que si tocás la guitarra, saques los acordes y puedas cantarla en un fogón", compara.
Con esta muchacha de Boedo (residente en Hurlingham), sí se puede hablar de caracteres artísticos hereditarios. Su padre baila tango, su madre era cantante y su abuela, bandoneonista. "¡Sí, rechoma , como yo! -sorprende con una revelación tan alejada de su imagen actual-. De chica, era un pibe a full . Me gustaba jugar a la pelota, ir a ver a San Lorenzo... ¡Llegué a ir sola a la cancha de Huracán!". Quizá del aspecto femenino que cobró con la danza provenga su glamour, su pasión por los vestuarios. Y aunque ella dice que ese rasgo femenino es innato, admite: "Tengo un hombre y una mujer adentro y me hago cargo".






