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Entrenamiento

Así preparé y corrí mi mejor maratón

Carolina Rossi
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30 de octubre de 2018  

Los 42K de Berlín fueron mi maratón número trece, y la mejor que corrí hasta hoy. Logré romper una barrera (tal vez mental) de hace muchos años: bajar las 3 horas y 30 minutos.

De mis doce maratones anteriores, todas, menos una, las corrí en mi país, porque si bien adoro viajar, a la hora de afrontar un desafío semejante prefiero la comodidad de lo conocido: mi casa, mi comida, mi cama. No es fácil correr en otro lado, y en modo turista, mucho menos. Elegí Berlín solo porque quise asegurarme un circuito rápido y buen clima. No es que me motiven como a tantos otros las "Majors", esas seis maratones estrellas (Nueva York, Boston, Chicago, Londres, Tokio y Berlín). Yo, sinceramente, no les encuentro ningún sentido. Pero era una oportunidad de aumentar las chances de hacer una buena marca. Y lo logré. Además tuve el privilegio de correr el mismo día y en el mismo circuito donde se batió el récord mundial: 2 horas, 1 minuto y 39 segundos marcó el cronómetro para Eliud Kipchoge, el keniata de 30 años que superó por más de un minuto la marca anterior de su compatriota Dennis Kimetto. Lujos que el atletismo te da y algo imposible en otros deportes.

¿La más veloz del mundo?

Berlín es famosa por rápida, ocho de los últimos diez récords mundiales se dieron allí. Su circuito llano y sin retomes, sumado a un clima por lo general seco y fresco, la convierten en la más codiciada tanto para elites como para amateurs que buscan mejorar tiempos.

Pero la realidad es que la carrera de los amateurs no es la misma que corren los profesionales de alto rendimiento. Nosotros, los simples mortales, tenemos que hacer metros de más e ir lento para esquivar gente todo el tiempo (más de 40.000 personas corren juntas por las mismas calles), manotear agua en puestos colapsados, y beber de vasito plástico mientras corremos y tratamos de no volcar todo (uno se imagina que en estos eventos internacionales los puestos de hidratación no son tan precarios). Los punteros, en cambio, no toman el agua de esos puestos y tienen su bebida especial que les alcanzan en botellita, entre otras ventajas, como largar adelante de todo y correr solos, sin la incomodidad de la masa.

Este año, sin embargo, el clima del evento no fue óptimo, rondó los veinte grados, lo que para correr 42K es muchísimo y me lleva a pensar que Berlín no es una carrera tan rápida para todos como se piensa. Probablemente, en otras pruebas menos multitudinarias y con climas más fríos sea posible obtener mejores marcas.

Las claves del éxito

¿Por qué logré mi mejor marca? ¿Qué hice para que sucediera? Creo que el factor subjetivo fue esencial: me sentía bien en lo personal. Creo que una 42K es como la vida misma: si vos no estás bien, es difícil prepararla y correrla. Con respecto al entrenamiento en sí, hice las salidas suaves mucho más lentas (casi 40 segundos arriba del ritmo de competencia) y los trabajos de calidad, más rápidos. Fondear siempre a ritmo de carrera o a mayor velocidad es un grave error que cometen la mayoría de los amateurs. Fondean a 4,55 por kilómetro y después corren la maratón a 5,30.

Fuente: Archivo - Crédito: SPORTOGRAF

Otra herramienta que incorporé es la meditación. Veinte minutos al día de sosegar la mente. Hice foco en lo positivo siempre, durante toda la preparación y en la carrera. Los dos meses previos a la gran cita, pegué un papel en la heladera donde anotaba a diario al menos tres cosas buenas que me habían pasado ese día. Para otras ediciones ese papel funcionaba de anotador del peso corporal. Me pesaba todos los días y lo apuntaba, obsesionada en querer perder tres kilos para correr más liviana. Esta vez no me pesé tanto, si bien me cuidé. Cambié de estrategia y funcionó. Y, por último, otro error del que aprendí fue no hacer metros de más en competencia. Me concentré en ir derecho, doblar siempre lo más cerrado posible y, al esquivar gente, hacerlo de la forma más económica, sin bailar tanto por el circuito.

Mi entrenador me enseñó que hay que correr para uno, y después sí, dedicar la carrera a quienes queremos. Eso hice. Me la pasé sumando kilómetros alegres, pensando en lo afortunada que soy.

El keniata Eliud Kipchioge logró batir el récord mundial de la maratón.
El keniata Eliud Kipchioge logró batir el récord mundial de la maratón. Fuente: Archivo - Crédito: Reuters

En qué pensaba mientras corría

Cuanto más larga es la prueba, más incidencia tiene lo mental. Hay más tiempo para pensar, para enojarse, para asustarse, para sufrir. Con el cuerpo cansado, es normal que invadan los pensamientos negativos. Ahí la clave es desterrarlos de inmediato, reemplazándolos por otros más positivos. Mi entrenador me enseñó que hay que correr para uno, y después sí, dedicar la carrera a quienes queremos. Eso hice. Me la pasé sumando kilómetros alegres, pensando en lo afortunada que soy y confiada en que iba a poder con lo que fui a buscar. Pensaba en correr para mí y solo para mí, aunque también me ayudaba traer a la mente a personas que me daban fuerzas: mi pareja, mis padres, mi entrenador, mis alumnos.

En el kilómetro 27 apareció un motivo extra: delante de mí encontré a una chica que me recordaba mucho a una atleta argentina de primer nivel: la Zurda Tesuri. Era igual.

La vi e inmediatamente evoqué la fuerza de esa mujer y especialmente su alto nivel de tolerancia al sufrimiento. La he visto correr 10.000 metros en pista jadeando como loca desde la segunda vuelta, y así hasta el final. Eso me ayudó a recordar que el dolor es pasajero y que hay que aguantarlo con actitud, porque después viene lo mejor y dura para siempre: la satisfacción de haberlo logrado.

Fuente: Brando - Crédito: SPORTOGRAF

En equipo es mejor

No es lo mismo estar feliz y no tener con quién compartirlo que estar con otras personas que, además de alegrarse por tus logros, están contentas porque vivieron lo mismo que vos. Tuve el privilegio de compartir la experiencia con mi novio, Juan Pablo, y con alumnos de mi equipo a quienes preparé. Ellos también hicieron excelentes carreras. No puedo sentirme más que agradecida y motivada y ya pienso en la próxima 42K. En esta salió un hermoso 3:27:37. Ahora voy por el sub 3:25:00 si se puede, quizás en La Pampa, en abril. Ya les contaré.

El plan de entrenamiento

Entrené rigurosamente entre seis y siete veces por semana sumando hasta 100 kilómetros totales en el momento de mayor volumen. La estructura en los dos últimos meses estaba conformada por tres salidas suaves de entre 50 y 70 minutos, un fondo largo variable de entre 16 y 29 km (algunos con tramos a ritmos cercanos al objetivo maratón, entre 4,45 y 4,55 min/km). Y dos o tres días de series a mayor intensidad, con pausas activas (trotando suave), que iban desde 800 m a 7 km. Cuanto más nos acercamos a la prueba, los trabajos más se acercan a los ritmos de carrera, por eso las series de los trabajos de calidad van aumentando distancia y disminuyendo ritmo con el pasar de las semanas. Y la idea es siempre alternar trabajos más fuertes con salidas "gratis", que operan como regenerativo para aflojar los músculos, además de sumar kilómetros a un bajo costo para el cuerpo.

También hice ejercicios de abdominales, lumbares y flexiones de brazos, dos veces por semana. Y, por supuesto, elongación al final de cada corrida.

* Carolina Rossi es deportista desde siempre. Corredora y entrenadora, capitana del Running Team FILA de Palermo, lleva una vida inquieta: corre, nada, sube montañas y viaja sin parar. Hizo cumbre en el Aconcagua y el Kilimanjaro, cruzó los Andes corriendo y participó en carreras de diversos tipos, incluidas maratones, ultramaratones y triatlones. Ahora, sueña con un IronMan.

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