
Así son las parejas
Una vez al mes, durante varios meses, Carlos Ulanovsky se dedicó a entrevistar, con pudorosa agudeza, a personas que decidieron compartir amorosamente sus vidas. Fueron trece parejas que confiaron al oído del cronista sus afinidades, sus fricciones, sus sueños y sus incertidumbres. El balance de la serie que termina, a cargo de su autor, deja una enseñanza: la pareja puede ser un modelo de comprensión, de respeto y de tolerancia
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Fue un paseo por las íntimas biografías y el estado de parejas de edades y tiempos de casados diferentes; unidos en legal matrimonio o no, con separaciones a cuestas; con hijos propios y de vínculos anteriores; modernos, muy modernos, a la antigüita, tradicionales, llenos de virtudes, pero también colmados de defectos y, en general, graciosos, irónicos, provocativos, bastante unidos y decididamente felices. Si algo no buscábamos era teorizar sobre la convivencia, pero inesperadamente ese amplio espectro de respuestas derivó en un inevitable retrato de actualidad. Pregunté sobre parejas específicas, pero también para descubrir opuestos y similitudes. Sorprendentemente, lo que oí es demasiado parecido a lo que vengo registrando en mi mundo personal: "No me escuchás"; "No se da cuenta si me corto el pelo o si rebajo de peso"; "Si habla con alguien por teléfono y se ríe, inmediatamente pienso que conmigo nunca se ríe así". Claro, no somos originales.
Once de las trece uniones estaban compuestas por artistas, autores, escritores, escenógrafos, empresarios, toda gente ligada al espectáculo y a la cultura. Un matrimonio mixto (no sólo porque el es judío y ella es católica, sino porque lo integran un arquitecto y una periodista) y otro, el más diferente, el de una negra y un blanco, ambos periodistas. A los trece se les descubre una marca en el orillo: la que les da haber hecho una vida en común, profunda, intensa, comprometida, tanto en las igualdades como en la falta de coincidencias. No son almas gemelas, se desarrollaron, crecieron y avanzaron desde los opuestos e hicieron del matrimonio, siempre en crisis, algo mucho más trascendente que acompañarse en la salud como en la enfermedad... hasta que la muerte nos separe.Y así se mostraron, en los lugares y roles aparentemente equivocados o antagónicos. Ellas impecables administradoras, ellos ponderables amos de la cocina; ellos incurables románticos, ellas decididas escépticas; ellas, más distantes; ellos, fuertemente emocionales.
Como para no sorprendernos: los De la Serna-Rivas, que tuvieron a su hija en un vanguardista parto acuático en la cocina de su casa, aconsejaban tomar como modelo a las parejas más antiguas, como ellos hicieron con sus abuelos. Los Rottenberg-Peretz, en previsión de que peleas nunca faltan, sugieren no tirarse con platos, sino con la alianza, en especial porque no lastima. O lastima poco. Los psicoanalistas y actores Eduardo Pavlovsky y Susy Evans, y los actores Susana Cart y Arturo Bonín se conocieron muchos años antes de convertirse en pareja e incluso frecuentaban a maridos y esposas anteriores. Como es casi lógico, Tato y Susy, que además de actores son psicoanalistas, se conocieron en una sesión de terapia de grupo. Varios de los once restantes son un caso de amor a primera vista. Jorge Schusseim y Lía Jelín se flecharon en las escaleras de un teatro hace 38 años, y Juan Manuel Tenuta y Adela Gleijer sintieron el indisimulable arrebato arriba de un escenario en un teatro de Montevideo, en la década del 50.
Para Vicentico y Valeria Bertucelli, para María Carámbula y Pablo Rago y para Erica Rivas y Rodrigo de la Serna el tinglado del deslumbramiento fue un estudio de televisión o de cine. Embón y Eliana Melgarejo se conocieron diez años antes de que pudieran declararse su amor, pero el sello común fue el del periodismo televisivo. Lalo Mir y Victoria Bertone, Juana Molina y Federico Mayol y Mónica Gutiérrez y Alejandro Gavianski se vieron por primera vez por iniciativa de amigos, en fiestas de cumpleaños, en despedidas o en vernissages. No necesariamente lo que se denomina un gancho, pero parecido. Lo de María Julia Bertotto y José Pablo Feinmann fue un arrebato francamente intelectual. Ella lo llamó por teléfono para hacerle saber que su novela Ultimos días de la víctima le había resultado deslumbrante. El cayó muerto de amor. Linda Peretz también encaró al joven empresario Rottenberg por el lado de un libro de teatro y a él le pareció alentador que ella no se enojara porque en medio de la primera cita él sacara un diario para leer la sección de espectáculos. Hoy, que entre todos suman 212 años de convivencia, cuentan una anécdota similar: en el comienzo de cada una de sus relaciones sus amigos y conocidos no apostaban a futuro por ellos. Los agoreros no la pegaron. Y mientras tanto, ellos cumplieron con todos los ritos y con todos los mitos: formales pedidos de mano, declaraciones, la obtención del sí, uso de anillos, casamientos como la ley y –en ocasiones– Dios mandan. Cuando aparecieron sus respectivas entrevistas, los matrimonios Embón y Melgarejo, y Rago y Carámbula esperaban un hijo. Al cierre de esta nota, el bebe de Horacio y Eliana está a punto de cumplir un año, en tanto que el de María y Pablo no nació, pero ya se sabe que será varón y se llamará Vito. Pavlovsky-Evans, Bertotto-Feinmann y Bonín-Cart incorporaron a la manera de nobles gananciales sus descendientes de matrimonios anteriores, como una cabal representación del muy moderno los míos, los tuyos, los nuestros.
Si cada pareja es un mundo,este acercamiento al mundo de las parejas ofreció la posibilidad de conocer gente profundamente enamorada entre sí, que trata de estar junto al otro tal como es. Duplas que, aunque en muchos aspectos mimetizadas y dependientes, se imaginan el grato porvenir de seguir creciendo e intentando en compañía. Pares dispuestos a resistir con destellos creativos y a pesar de las diferencias los efectos de la convivencia, que no siempre son los más alentadores para quienes viven juntos, incluido el inexorable paso de los años. Unidos en virtudes y en defectos, los valores que más reivindican como refrescantes de las parejas son, en ningún orden: atracción física, comprensión, ternura, diálogo, tolerancia, paciencia, libertad, ideología común, proyectos, historia y, desde luego, pasión y amor.Y en el ranking de lo que más erosiona un vínculo figuran en puestos clave la competencia (8 de las 13 parejas comparten la actividad), la falta de trabajo prolongado de uno de los dos, las reiteradas discusiones, la infidelidad, los celos, el manejo del dinero y de la economía familiar, fantasías de dominación y un estilo de reclamo permanente. "Me corrige en público"; "Nunca me dice que le gusta lo que hago"; "Lo conozco más que a nadie en el mundo"; "Somos un desastre en el tema del dinero"; "El no me habla"; "Ella habla demasiado"; "Llega tarde sin avisar, como si nada", fueron algunos de los reparos referidos con mayor carga de fastidio. El reproche más común de hombres a mujeres: que hablan demasiado por teléfono. El disgusto más grande que ellos les provocan a ellas: trabajan demasiado, como si fuera una enfermedad. Casi todos admitieron que de los encontronazos, aun los más bravos, se sale con bromas, chistes y sexo, o al menos acercamiento físico. Igualmente, ya saben que hay ciertas características de la persona con quien conviven que jamás podrán modificar. Observan que reprodujeron en sus parejas conductas que aborrecieron en los matrimonios de sus mayores y que ciertas fallas de educación y de costumbres propias las proyectaron, de alguna manera, a las parejas de sus hijos.
Carlos Rottenberg les aconseja a las parejas recientes: "Hablen lo menos posible", y Rodrigo de la Serna y Erica Rivas acuerdan: "Pídanle consejos de amor a sus abuelos. Nosotros lo hicimos y aprendimos muchísimo. Ellos sí que saben". El amor en los tiempos del cólera, del colesterol y del corralito, según a quien le toque explicarlo, ha cambiado. Ellas, a veces, trabajan más que ellos y ellos prefieren la cocina a cualquier otro sitio de la casa; en ocasiones el estilo es el grito, o el silencio; en otras, la palabra incontinente pero imprescindible. La tarea no es sencilla: convertir lo que podría ser una desasosegante sociedad civil de socorros mutuos en un prodigio de amor, pudor y humor.
La pasión en palabras
- "Somos socios. Un matrimonio bien avenido de dos buenas personas" (Linda Peretz)
- "Los matrimonios que más duran son aquellos en los que los maridos ganan más que las mujeres" (Carlos Rottenberg)
- "Yo soy de la idea que la mujer es mejor que el hombre. En el caso de Mónica, mi hipótesis se confirma" (Alejandro Gavianski)
- "Los sábados a la noche, primero lo baño y después termino de agasajarlo sirviéndole pastas que yo misma amasé" (Mónica Gutiérrez)
- "No me acuerdo qué nos pidió el chabón del Registro Civil, pero si le prometimos que sería hasta que la muerte nos separe fue un mero formulismo" (Lalo Mir)
- "Yo aprendí de Lalo cuándo es oportuno saltar para pelearme y cuándo callar" (Victoria Bertone)
- "Es evidente que en nuestra pareja, a pesar de tantos años, no aprendimos a callar lo necesario" (Jorge Schusseim)
- "Yo empezaría a vivir todo de nuevo, desde los 20 años,y una parte volvería a transitarla con Jorge" (Lía Jelín)
- "A mí me gusta mucho cuando él me dice: Curtite, nena” (Erica Rivas)
- "A mí me gusta cuando ella viene, me abraza y me dice: Vení, vení" (Rodrigo de la Serna)
- "Una situación muy feliz que encontramos es viajar juntos. Porque las giras de Vicentico nos ponían muy tristes a Florián y a mí" (Valeria Bertucelli)
- "Si ganamos algo de guita, viajamos" (Vicentico)
- "Me sorprendió muy bien darme cuenta de que había otro Horacio del que me enamoré" (Eliana Melgarejo)
- "Ella es mi pareja, yo la siento plenamente mi mujer" (Horacio Embón)
- "Todos los hombres son machistas, pero sé que Arturo rechaza esa forma de pensar" (Susana Cart)
- "Cuando nuestros dos hijos se fueron a vivir solos, hicimos algo muy claro: salimos de gira" (Arturo Bonín)
- "Hay tres o cuatro puntos básicos que son los que nos unen... pero no los voy a decir públicamente" (Pablo Rago)
- "Pablo es un hombre con corazón valiente, de esos que no se rajan" (María Carámbula)
- "Cuando Federico no está conmigo, me aburro" (Juana Molina)
- "Me siento muy acompañado por Juana. Vamos a envejecer bien" (Federico Mayol)
- "A mí lo que me gusta de nosotros es el nivel de compañerismo estético que hemos alcanzado" (Eduardo Tato Pavlovsky)
- "Estoy segura de que no tendría ganas de vivir si Tato muriera" (Susy Evans)
- "Siempre le pregunto a Nino: ¿Es mejor que yo esté en tu vida o que no esté? Y él me responde: Adelita, es mucho mejor que estés" (Adela Gleijer & Juan Manuel Tenuta)






