
Asia en París, Museo Guimet
Después de cinco años de trabajos de remodelación, París ha recuperado su museo de artes asiáticas fundado por Emile Guimet en 1889, en pleno furor orientalista
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Con sus 45 mil piezas de arte, el museo Guimet se considera entre los más importantes de su clase. Y si bien es difícil superar las colecciones de caligrafías chinas que hay en los Estados Unidos o las colecciones indias que hay en Londres, pocos museos del mundo ofrecen un panorama tan amplio, capaz de reunir tantos preciados objetos de Vietnam, Tailandia, Japón, Corea, Afganistán o el Himalaya.
La reapertura del Museo Guimet ha provocado un entusiasmo y una afluencia de público "mayores que lo previsto", según reconoció Xavier Besse, responsable del departamento de artes chinas. Por las mañanas llegaron a verse colas de casi trescientos metros.
La remodelación costó alrededor de 350 millones de francos (unos 50 millones de dólares), de los cuales 310 corrieron por cuenta del estado francés, mientras que el resto fueron donaciones de mecenas como el empresario T. T. Tsui, el cineasta Yonfan Manshi o el barón Guy Ullens.
El lunes 15 de enero último, dos mil personas brindaron por la reinauguración oficial, entre ellas el presidente Jacques Chirac, el conservador del museo (Jean-François Jarrige) y una verdadera legión de mecenas. La campaña de recolección de fondos emprendida por Jarrige fue tan exitosa que, en algunas placas donde se rinde tributo a los que hicieron donaciones, sólo figuran los nombres de quienes superaron con sus aportes los 5 millones de francos.
Emile Guimet (1836-1918) fundó el museo que lleva su nombre en la plaza Iena de París, el 20 de noviembre de 1889. Nacido en el seno de una familia de la burguesía de Lyon, hijo de un padre químico industrial y de una madre descendiente de pintores y artistas, Guimet tenía 26 años cuando heredó la empresa familiar y 29 cuando efectuó su primer viaje a Egipto. Salió de Francia como turista; volvió hechizado por el arte oriental. Escribió una ópera llena de exotismo (Tai-Tsoung), cuyo argumento se desarrollaba en la China del siglo VII.
Para cuando en 1873 adhirió a la Sociedad de Estudios Japoneses, chinos, tártaros e indochinos de Francia, Emile Guimet ya era un destacado coleccionista. Le interesaban las obras de arte, como también toda clase de objetos, fotos, imágenes y libros. Su biblioteca llegó a ser una de las más nutridas, si no la más, en materia de artes orientales.
Luego de publicar un libro, Promenades japonaises (Paseos japoneses), Guimet tuvo la feliz ocurrencia de crear un museo que asimismo hiciera las veces de "laboratorio de ideas". Fundado originalmente en Lyon, en 1879, el museo fue trasladado nueve años más tarde a su sede actual en París. En 1945, en el marco de una importante reorganización realizada por el estado francés, el Guimet cedió toda su colección egipcia al Louvre pero obtuvo, como retribución, el fondo de artes asiáticas que antes pertenecía al famoso museo. En 1876, en ocasión de uno de sus muchos viajes por Japón, Guimet recolectó una serie de piezas con objeto de reunir todos los elementos en un panteón búdico. Las piezas pueden verse, en la actualidad, no en el cuerpo central del museo, sino en su anexo, donde desde 1955 hay un poco conocido Jardín Japonés y además funciona la Asociación Francesa de Amigos del Oriente. Mientras que el museo es pago (la entrada cuesta 35 francos;es decir, 5 pesos), el anexo está abierto al público de forma gratuita y también se dedica a la proyección de audiovisuales y a la publicación de boletines especializados.
Con excepción de algún crítico de arte que lamentó la "escasa información" puesta en los carteles, un factor que "podría llegar a provocar cierto desconcierto" entre los neófitos, todo son elogios para el nuevo museo Guimet.
Quienes conocían el lugar anterior lo recordaban como un edificio penumbroso. Nada queda hoy de esa impresión. La luz abunda en el Guimet por decisión de los arquitectos Henri y Bruno Gaudin. A los 68 años, Henri Gaudin (padre de Bruno) es uno de los arquitectos más importantes de Francia. Autor del modernísimo Estadio de Chárlety (1994), que muchos consideran su obra maestra, Gaudin viene de construir la Facultad de ciencias de Amiens y la Escuela normal superior de Letras y Ciencias humanas de Lyon.
La estética de Gaudin ha sido comparada por oposición con la de Frank Gehry, el factótum del museo Guggenheim de Bilbao. "No estamos aquí frente al caso de esos museos sin sensualidad, como el Pompidou o el Tate Modern de Londres -señaló el crítico François Granon-. Tampoco estamos ante esos museos sobrediseñados que quieren robarles protagonismo a los objetos expuestos."
"Quisimos utilizar al máximo la luz natural -reconoció Gaudin-, "como una forma de afirmar que el mundo del arte no tiene por qué cerrarse sobre sí mismo." La superficie del nuevo museo Guimet, que antes era de diez mil metros cuadrados, fue aumentada por los Gaudin a más de doce mil setecientos. El sector dedicado a las artes japonesas fue duplicado y enriquecido con un ala consagrada a los biombos. El conservador, Jean-François Jarrige, dispuso las obras en cinco niveles: en la planta baja, una biblioteca con cien mil volúmenes y casi dos mil periódicos, más las colecciones de la India y del sudeste asiático; en el primer piso, colecciones de Asia central, Himalaya, Afganistán y Paquistán; en el segundo piso, las colecciones de Corea y Japón; y del primero al cuarto piso, repartida, la colección proveniente de China. Uno de los principales atractivos sigue siendo el espacio que se ocupa del arte khmer: la cultura de origen hindú proveniente de la antigua Camboya.
Los tesoros del museo Guimet son tantos que durante años lo que el público alcanzó fue apenas la punta de un témpano: por cada obra exhibida, otras nueve descansaban en los depósitos del subsuelo. Esto ha cambiado a causa del nuevo diseño de las instalaciones. De esta forma, algunos departamentos como el de Corea, Nepal y Tíbet pudieron ser considerablemente ampliados.
En su reapertura, el museo alberga también la exposición temporaria El Asia de las estepas,180 obras originarias de la región central del continente, desde la época de Alejandro el Grande (356-323 a. C.) hasta la de Gengis Khan (1176-1227). Organizada por el responsable del departamento de artes chinas, Xavier Besse, la muestra presenta por primera vez en Francia algunos tesoros conservados en San Petersburgo o Ulan Bator, además de ciertos vestigios hace poco exhumados por los arqueólogos chinos en el interior de Mongolia. Lo primero que impacta al entrar en el museo Guimet es el gran Naga del templo de Preah Kahn, en Angkor. Se trata del nuevo guardián del edificio, tan astutamente colocado en el hall de acceso de tal forma que queda como envuelto por las amplias escaleras. Se cuenta que la apariencia del gran Naga maravilló tanto a un oficial de Napoleón III que resolvió desarmarlo en varias piezas para llevarlo desde la selva de Camboya hasta París. Vuelto a armar, el Naga pudo verse en la Exposición Universal de 1878. Pero enseguida fue vuelto a desmantelar para ser expuesto sólo de forma parcial: la imponente cabeza de la serpiente por un lado, la efigie por otro.
Más de un siglo después, el restaurador Roland Coignard recibió la misión de armar otra vez el rompecabezas. Le llevó casi medio año lograrlo. En los momentos de mayor desánimo, llegó a pensar que no estaban todas las piezas en el museo, que nunca conseguiría completar las trece toneladas de piedras que conforman el gran Naga. La suya no fue la única empresa difícil. Aprovechando el impulso de la reapertura, otras 700 obras fueron restauradas, algunas por los laboratorios de los museos oficiales de Francia, otras por artesanos independientes.
La colección de arte afgano fue una de las más beneficiadas con la campaña de rescate. El caso de un pequeño Buda cuya cabeza estaba en Toulouse y el tronco en Luxemburgo es sólo un ejemplo al azar de las pesquisas casi detectivescas que debieron realizar los conservadores con el fin de poner remedio a los excesos de los malos arqueólogos y a las depredaciones de los tiempos imperiales.
El nuevo furor orientalista amenaza con ser poderoso dado que otro pariente cercano del Guimet, el museo d´Ennery (avenida Foch 59), también espera su reapertura. Fue fundado en 1908 por la viuda de Adolphe d´Ennery, autor dramático, y alberga unos siete mil objetos de Extremo Oriente, de los siglos XVII a XIX.
Mientras tanto, la gente del Guimet acaba de lanzar un sitio web (www.museeguimet.fr) en el que podrán visitarse varias exposiciones virtuales, mientras promete, para dentro de pocos meses, cursos de formación especializada dictados por el servicio pedagógico y destinados a docentes e historiadores del arte.






