
Aulas enchufadas
En Sónica enseñan cómo hacer música con máquinas
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En un estudio de grabación de Colegiales, cincuenta jóvenes -apenas cinco mujeres- asistieron el sábado último a la clínica inaugural de la escuela de música electrónica Sónica. Una decena de inscriptos y varios curiosos escucharon de boca de los docentes (Javier Cosentino, Carlos Lucero y Jorge Sad) los objetivos de la Carrera de Músico Electrónico -hacia fin de año lanzaran la de DJ-, pusieron aún más atención en las demostraciones del uso de equipos y programas, y disfrutaron del set en vivo del artista invitado: Boeing.
Aunque un denominador común los había movilizado hasta esa aula no convencional (conocer "todo" sobre la composición musical desde una computadora), las inquietudes personales de los aspirantes a obtener ese título (no oficial) resultaron variadas. "Tenía una grupo de hard rock, pero ahora quiero explorar -cuenta Matías-. Esto está bueno porque podés grabar un disco solo y no tenés que pelearte con nadie. Sólo necesitás las máquinas". Sin embargo, la voz de la mayoría coincide con la de Lautaro, un estudiante de computación que consume su tiempo libre tratando de sacarle sonidos a la compu y metiendo la nariz en cuanta novedad sobre el género surja. "Tengo muchas ideas y quiero canalizarlas aprendiendo la técnica, con una base de teoría", dice.
A grandes rasgos, la carrera incluye el aprendizaje en un año de programas secuenciadores, técnicas de sampleo, síntesis digital, procesadores de sonido, grabación y mezcla de instrumentos y una cuota de teoría musical.
La idea fundacional de Sónica salió de la cabeza de Cosentino. "Existen conservatorios de música clásica, popular, electroacústica, jazz -ejemplifica-. Por su nivel, la música electrónica merece una escuela que, además, ayude a los que no quieren ser autodidactas a tener todas las herramientas para componer sus temas". El señor director no es ingenuo, conoce de sobra algunas de las críticas que generó su iniciativa. "Escuché decir "Mirá cómo se avivaron" , y me encantó, porque es cierto. Me avivé de lo que era necesario", responde.
Sin ánimo de criticar por deporte, una selección de músicos opinó sobre la iniciativa. Sin excepción, ellos destacaron la apertura de un nuevo espacio, el talento de los docentes y, también, tomaron posición. "No había ningún lugar de formación serio -considera desde Barcelona, Oliverio, del grupo Planetaria-. Conozco bien a los profesores y es muy bueno que den la carrera en el ámbito de trabajo: es como aprender ballet en el escenario del Colón", compara.
En general, la polémica gira en torno del título y el período de aprendizaje. "Me parece bárbaro que exista -observa Romina Cohn-, pero el título es una ridiculez. Te pueden enseñar a programar, a usar un sampler..., pero eso no te hace músico." Ella coincide con Diego Vainer en que "el programa parece tremendamente amplio para abordar en una año". Y el dueño del alias Fantasías Animadas completa su parecer: "Prefiero considerarlo un espacio de pedagogía o experimentación. Una carrera tiene que ver con una formación habilitante, que la mayoría no tuvieron, y eso no los hace menos músicos electrónicos".
Además de considerar que la creación de una escuela de este tipo "es un re buen negocio", Capri (o el niño vocoder) se reconoce chapado a la antigua cuando afirma que "primero hay que estudiar música" y que los instrumentos (aun los virtuales) "son un accidentes para ver con qué trabajar". De remate, desmitifica: "La gente piensa que con una compu ya tenés todo y no es así. Conozco músicos que nunca tuvieron la inquietud de usar una y cuando la agarran son Mozart".






