
Como un San Martín aggiornado, el vice ministro de economía representa la variación de un viejo estilo en la política argentina: el de los eternos jóvenes
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Hace poco
que anunciaba que si al diario Crónica le ponías 18 mangos todos los miércoles de agosto te llevabas un capítulo de
Las aventuras del general San Martín,
un cómic que parecía de factura gráfica impecable y un poco bizarro. La imagen promocional era nuestro Libertador. El sol brillaba sobre el rostro, su capa roja ondeaba por encima de un pulcro uniforme azul, su mano derecha se posaba de manera descuidada sobre el mango de la mítica espada, tenía la mirada perdida sobre el horizonte, como soñando con una América independiente y con la Patria Grande. Cuando vi esa imagen, de alto impacto, pensé en nuestro país, en su historia y en la del continente e, inevitablemente,
un segundo después, mirando las patillas que surgían abundantes del sombrero militar triangular del segundo general argentino más famoso, pensé en él: nuestro San Martín del siglo XXI.
Me acordé de su presencia sobrecogedora en el Senado de la Nación argentina anunciando la expropiación del 51% de YPF y explicando la medida, con seguridad de prócer moderno, a la derecha de Julio De Vido.
Estamos hablando, por supuesto, de Axel Kicillof. Muchas cosas han dicho los medios sobre Axel Kicillof, todas ellas chistosamente injuriosas: que es "un Moreno 0 kilómetro", por ejemplo. Y, en algún mundo paralelo, todas ellas pueden ser ciertas, pero la única cosa que sí es clara es que Alec –como dicen que le dice el secretario de Comercio– es "atractivo, padrazo, empollón", citando la terminología técnica de la Vanity Fair España. Esto significa, sí señores, que tiene onda y el jet set internacional lo reconoce, como debe ser. De hecho, probablemente sea el miembro de la órbita kirchnerista dura que más onda tiene, después de la propia Cristina, por supuesto, pero superando incluso, en mi humilde opinión, al anarco-menemista caído en desgracia Aimé Boudou, que supo tener onda pero ahora me parece que no la tiene más.
Kicillof pertenece a esa categoría de "eternos jóvenes" de la política, que comparte con el as del Frente de Izquierda, Christian Chipi Castillo ( pueden googlearlo si no lo ubican) u otras luminarias como Darío Lopérfido y Aníbal Ibarra. Estos son tipos que tienen 40 años y parecen de 25 y que cuando tengan 50 van a parecer de 27. No importa cuántos hijos o posgrados en la Éccole tengan, mantendrán por siempre su estilo juvenilista, fresco, empalagoso. Analicemos a nuestro héroe punto por punto.
<b> Las patillas </b>
Las patillas de Kicillof son trademark: el colectivo, el dulce de leche, la birome y las patillas de Kicillof. Son, les diría, el 90% del look del secretario de Política Económica. No sólo lo conectan místicamente con el general San Martín, como ya dijimos en la introducción, sino que le otorgan un aire excéntrico, canchero, original. En su extremo inferior, forman una especie de triángulo, que, por supuesto, simboliza la soberanía política, la independencia económica y la justicia social. Hacia arriba, se extienden perfectas en línea recta, apenas como una sombra, cuidadas, recortadas a diario, hacia un pelo onda cantante de boleros de los 70.
<b> El cárdigan </b>
Definitivamente, Kicillof es un tipo de camisa a rayas blancas y cárdigan. Ese look que dice "soy serio" pero también "me gustan los Rolling Stones". El clásico look de los egresados del Nacional Buenos Aires, bah, que no toleran la frialdad garca del traje –y por eso nunca lo vamos a ver con una corbata–, pero que entienden que hay ámbitos que debemos honrar para que nos respeten. Lo que me transmite la onda Kici es que le gusta leer autores del catálogo de Anagrama y que es un tipo versátil para la gastronomía, capaz de clavar asado en Esteban Echeverría al mediodía y a la noche hacer un sushi en Las Cañitas. Un paradigma de la nueva masculinidad, en fin.
<b> El porte </b>
Esta anécdota juro que es verdad: ayer diluviaba y le compré un paraguas en la calle a un tipo. Nos pusimos a charlar y, en un momento, me dice señalando una revista vieja donde en la tapa estaba Kicillof: "Ustedes los argentinos –el tipo era de algún lado cerca de Rusia, no le entendí– siempre facheros, tienen una prestancia, como ese de YPF". Yo desde acá quiero proponer que hagamos un institucional con Kicillof para alentar el turismo en los países ex URSS. Y es que Kicillof tiene esa pisada recia pero tierna, como la cantan los tangos, o como pedía el Che.
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