
Baja el sol del mediodía
O cuando surgen las grandes preguntas existenciales
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A las doce del mediodía empieza el crepúsculo y el crepúsculo es el reverso de todos los valores e ideales de la mañana." En 1930, Carl Jung (1875-1961), padre de la psicología arquetípica, que bucea en las imágenes arcaicas, símbolos y sueños que tomamos del inconciente colectivo, dijo estas palabras durante una conferencia titulada El giro de la vida. Se refería a la mediana edad, esa que se sitúa en los 40 años y sus alrededores. De esa edad decía Sebastian Campanario, en su columna Alter Eco del 23 de noviembre pasado, en este diario, que "constituye el Santo Grial para las marcas", es decir, un mercado predilecto para todo tipo de marketing.
Empecemos por Jung. Si la edad media de la vida equivale al mediodía de una jornada, la adolescencia, la juventud y la adultez temprana serían el amanecer y la mañana. En la mañana de cualquier día abundan las actividades y horarios obligatorios, no elegidos y con vencimiento inexorable. En la vida, eso sería terminar estudios, elegir una carrera, definir lo afectivo, formar una familia. Muchas urgencias y presiones que provienen de expectativas ajenas y no propias. En la tarde, aunque quedan obligaciones, surgen las actividades elegidas. Cursos, salidas, encuentros con amigos, eventos, citas amorosas terapia o, simplemente, ir a casa, cenar temprano, ver una película, no hacer nada o irse a dormir. Tenemos mayor margen de elección sobre nuestras tardes, anocheceres y noches que sobre nuestras mañanas. Por lo demás, de la primera parte del día (de 0 a 12) pasamos una buena cantidad de horas durmiendo. Como pasa en la vida antes de arribar a la conciencia sobre las cosas, el tiempo y las circunstancias.
No por nada, entonces, muchas de las grandes preguntas existenciales se plantean hacia el mediodía de la vida y no antes. ¿Estoy haciendo lo que quiero o lo que debo? ¿Soy lo que hago o hago lo que soy? ¿Es así como quiero vivir? ¿Qué cambiaría? ¿Cómo quisiera verme dentro de diez años? ¿Qué asignaturas tengo pendientes? Etcétera. A veces esas preguntas estimulan y entusiasman, otras asustan. En ambos casos, independientemente de que se sepan o no las respuestas. Lo cierto es que, ya sin excusas, en la tarde somos responsables de nuestras elecciones y decisiones. De nuestra vida. Ya no se trata de seguir el acontecer natural, pensaba Jung, sino que ahora hay que tomar conscientemente decisiones. Y remataba: "Únicamente la persona adulta puede ser indudablemente ella misma y por eso también estar en desacuerdo consigo misma".
De la "revolución del mediodía" (así la llamaba Jung) se puede salir como adulto o es posible emerger como puer aeternus (eterno adolescente). Y sigue siendo cuestión de elecciones y decisiones intransferibles. Si se tiene la sensación de que el mediodía existencial ha llegado demasiado rápido, no es porque el tiempo vuele, sino porque, recordémoslo, se han dedicado a dormir varias horas (infancia, pubertad, adolescencia) del día en marcha. En cuanto a tiempo realmente disponible y sobre el cual se tiene conciencia y decisión, la tarde es más extensa. Y mientras en las usinas del marketing se pergeñan estrategias para que pasemos la tarde en el shopping, siempre es posible salir en busca de otros horizontes. "Me inclino a creer que cuanto más logre un ser humano en cosas exteriores, mayor peligro corre de no desarrollar su personalidad. A eso se le llama a veces crisis de la mitad de la vida", advertía hace tiempo el psicoterapeuta alemán Reinhardt Tausch en una entrevista sobre esa crisis. Una verdad que, al promediar los 40, cada quien puede advertir por sí mismo.





