
Belén Chavanne: "Me encantan los prejuicios de los otros porque te desafían"
La actriz, modelo y DJ pasó de las tiras televisivas juveniles a ser una de las más convocadas por los directores de cine
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Sus ojos grandes, enormes, se asoman a través de los lentes oscuros que los protegen de un sol abrasador. Es mediodía en Buenos Aires y la actriz (aunque ella dirá más tarde que jamás se define como tal, sino que prefiere decir simplemente que actúa) Belén Chavanne (26) atraviesa la calle enfundada en un conjunto negro que confirma por qué, además de ser la nueva musa de los directores de cine jóvenes, es considerada una de las chicas que marcan tendencia desde la imagen. Aunque nació al amparo de programas juveniles como Champs 12 o Casi Ángeles, se está haciendo un lugar en el séptimo arte, donde se siente más cómoda. Acaba de terminar de rodar Resentimental, la película del director Leo Demario. Antes actuó en El ciudadano ilustre, la nueva apuesta cinematográfica de Mariano Cohn y Gastón Duprat, donde comparte cartel con Oscar Martínez. Y como si fuera poco, también la veremos en Valle de lobos, bajo la dirección de Alex Tossenberger.
-Esta semana se filmó la última escena de Resentimental, una película compleja. ¿Cómo fue la experiencia?
-Fue una película intensa; al menos yo la viví así. El guión me llegó en 2011, cuando estaba viviendo en Los Ángeles, y decidí interrumpir todo para venir a filmarla. Pero estoy contenta de que se haya hecho esperar; más allá de que me sirvió a mí, creo que le sirvió a la película. Mutó para mejor, no sólo desde el guión -tiene 37 versiones- sino desde lo estético. Originalmente iba a ser en blanco y negro, después pasó al color. Se añadieron dos guionistas más -Adrián Caetano es uno de ellos- y todas esas cosas hicieron que la película crezca. Yo interpreté a Elena, que fue, desde el momento que la leí, parte de mí. Ella es una chica a la que le gusta experimentar, que no está cerrada a nada. En eso la siento muy parecida. Prueba y en eso coincidimos, es mi forma de vida.
-¿Fue un amor a primera lectura?
-Ciento por ciento. Cuando me llegó el guión me puse a leerlo en la computadora y no podía parar. Te metés, igual que con cualquier novela atrapante. Es un guión arriesgado en los textos, no son coloquiales, parecen textos del siglo XIX. Ensayamos mucho, más de un mes. Fue la primera vez que participé de una película donde todos los actores nos juntábamos alrededor de una mesa grande a hacer una lectura completa del guión. Eso acá no suele hacerse, afuera sí. Son lujos que no cuestan dinero y al actor y a la película les sirve.
-¿Cómo fue trabajar con una actriz como Lucila Pollack, que acá es conocida no tanto por su trabajo sino por ser la novia de Al Pacino?
Fue genial. Creo que se sacó un karma de encima. Se fue a vivir muy chica a Los Ángeles y no se la conoce acá salvo por ser la novia de Al Pacino. Pero los prejuicios de los otros a mí me encantan porque te desafían. Cuando hacés la cosas bien el otro se queda y dice: "Ah... eras buena".
-¿Cuál es la sensación al terminar un película?
-Es como terminar la facultad. Decís: «¿Y ahora qué hago?». Cuando filmás una película todo gira en torno al rodaje. Es una sensación de vacío y de satisfacción al mismo tiempo. La última semana de rodaje fue muy intensa y me dio una lección acerca de cómo tengo que manejarme en la profesión porque yo soy muy obsesiva y disciplinada en el set, pero cuando termino de filmar, no me duermo hasta las cinco de la mañana. Me cuesta entregarme al descanso; cuanto más cansada, más cosas quiero hacer. Terminás con la adrenalina muy arriba.
-¿Cuál es tu proyecto más inmediato?
-Se vienen varios estrenos; además de Resentimental está el de El ciudadano ilustre: para mí fue un placer trabajar con directores como Duprat y Cohn, que son obsesivos a la hora de filmar pero muy permisivos desde lo creativo. Fue la primera vez que me fui de un rodaje diciendo «Guau... ¡que escenón!».
-No tuviste una formación actoral... ¿es una ventaja o una desventaja?
-Es una pregunta que me hago siempre. Estudié mucho en Los Ángeles, donde aprendí técnica. Pero una cosa es estudiar y otra entrenar. El entrenamiento lo necesitás siempre y te lo da el trabajo. Yo trabajo desde los 15 años ininterrumpidamente. Y un profesor que no sea el tuyo te puede generar un montón de inseguridades que después no te sirven. Pero yo incorporo siempre cosas, no dejo de estudiar nunca.
-Fuiste un producto de la televisión juvenil pero ahora sos la musa de varios directores de cine. ¿Cómo fue ese salto?
-No lo siento así porque tampoco es que trabajé tantos años en la televisión. La tele me encanta, pero con el cine hacés historia. No le digo que no a la televisión, sí tal vez al compromiso de un año en una tira. Es un ritmo diferente y la historia va variando de a cuerdo con cómo le está yendo a la tira. Sos parte de un negocio. El cine es lo que más me gusta, pero la televisión argentina es excelente. Lo bueno es no casarse con nada. Mi filosofía es: "cuanto menos te cierres, más vas a aprender". Yo no digo que soy actriz, digo que actúo para no limitarme. En el momento que decís "yo soy esto" estás diciendo "yo no soy esto otro". Oscar Wilde dijo: "En el momento que te definís te estas creando tu propia cárcel". No somos human beings, somoshuman doings.
-Dentro de esa filosofía, ¿entra tu faceta de DJ y modelo?
-El actor tiene que vivir. Por eso me molesta cuando la gente critica que además de ser actriz pasás música y tenés una casa de ropa. Y qué querés, tengo que pagar el alquiler.
-¿Te divierte ser modelo o lo hacés para pagar las cuentas?
Me divierto, sobre todo cuando son propuestas como el almanaque que hice de Star Wars, donde hay un concepto artístico detrás y una finalidad benéfica. Ahí estás comunicando algo en un miniescenario. No me gusta la pose. Pero si se puede jugar, está bueno.
-Sos de radicarte en otros países, ¿eso también es un juego?
-Desde chiquita quise vivir en otras ciudades. Me gusta viajar, pero no me gusta ser turista. Quiero vivir ahí, jugar a vivir ahí. Mi sueño es conocer el mundo. Siempre fui bastante desraizada, vivo sola desde los 15 años, después de que mi mamá entendiera de que necesitaba espacio. Y de chica me encantaba quedarme en la casa de una amiga, ver cómo se vivía ahí. Eso hoy se amplió a cómo es vivir en otras ciudades, en otros mundos y en otras cabezas.
Whisky, en todos sus estilos
Belén Chavanne se define como fanática del whisky. Aunque prefiere el escocés, fiel a su filosofía de no cerrarse a nada, prueba de todos estilos y países. "El que más me gusta es el Oban. Pero con un amigo mexicano vamos probando de todas partes. Hay unos ahumados que me encantan".
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