
Bernardo Stamateas: “El verdadero acto de dar nace del corazón, sin esperar nada a cambio”
El reconocido escritor y psicólogo reflexiona sobre dar y recibir; “La persona exigente tiene una herida emocional, por lo que cree que todo el mundo le debe algo”, destaca
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A algunas personas les cuesta dar, mientras que a otras les resulta difícil recibir o pedir. Son pocas las que no tienen algún conflicto con estas acciones. En general, dar suele resultar más fácil que recibir o pedir. Sin embargo, detrás del acto de dar pueden esconderse motivaciones que no siempre son sanas.
¿Por qué nos gusta dar? Veamos…
- Por culpa
En ocasiones, recibimos; pero, como nos incomoda disfrutar de eso bueno, se lo damos a otros. Hace años, fui a dar una charla a los Estados Unidos y me regalaron unas veinte corbatas. Entonces, cuando llegué a Bs. As., las regalé todas. Y después me pregunté: “¿Por qué las di todas?”. Por culpa. La culpa nos dice: “No me lo merezco”.
Y ¿qué genera el dar por culpa? Resentimiento. El otro nos puede agradecer, pero en el fondo estamos pagando con el dar para no sentirnos culpables. Y eso es como dar para agradar a los demás, para quedar bien.
- Porque esperamos recibir algo a cambio
“Yo te pago, pero espero que la próxima vez pagues vos”, “Yo te ayudo, pero espero que en el futuro vos me brindes tu ayuda”. Ese es un dar comercial. No lo mencionamos explícitamente, pero en nuestro interior estamos esperando que haya un ida y vuelta.
Seamos sinceros: todos, en algún momento, dimos o ayudamos esperando reciprocidad. Tal vez no nos dimos cuenta de ello, pero esperamos algo. Ya sea las gracias, un abrazo o una acción similar. Y, si no recibimos nada a cambio, muy probablemente nos frustramos, nos enojamos.
- Por presión o manipulación de los demás
¿Te has encontrado con gente demandante que expresa: “Vos me tenés que dar”, “Con todo lo que yo hice, ahora te toca ayudarme a vos”? Eso no es pedir, sino demandar. Es la patología del pedir. La persona exigente tiene una herida emocional, por lo que cree que todo el mundo le debe algo. Entonces, va por la vida exigiendo que le den, que la ayuden, que la salven.
Debemos aprender a decirle que no al demandante. Y ese límite tiene que ser breve; no es necesario dar demasiadas explicaciones. ¿Es difícil decir que no? No, uno solo necesita preguntarse si quiere o no quiere, si puede o no puede. Y es uno mismo el que debe responder esa pregunta. Recordá esto: dar no implica perderse a uno mismo.
¿Cuál es la manera correcta de pedir? Dando al otro la libertad de decir que no. En la demanda, no hay libertad. Y es sano pedir de vez en cuando, mientras que demandar no lo es. Todos deberíamos aprender a pedir a otros cuando de verdad lo necesitamos porque todos tenemos límites, carencias, debilidades.
Entonces, ¿cómo debería ser nuestro dar? Ciertamente no en espera de afecto o felicitación. Hay gente que da porque, en lo profundo, está esperando ser aceptada y valorada. Pero ese dar no sirve. El verdadero acto de dar nace del corazón, sin esperar nada a cambio, y es siempre bajo libertad y por amor.
Y saber recibir es tan importante como saber dar. Aprendamos a abrir la mano para tomar lo que el otro nos da. Porque la mano que sabe tomar sabe también dar. Y la mano que sabe dar sabe también recibir.
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