
Los fanáticos de Breaking Bad tienen con qué combatir la nostalgia gracias a la serie que narra origen, apogeo y caída del inescrupuloso abogado de Walter White
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La posibilidad de que Vince Gilligan no haya leído jamás una sola línea del cronista chileno Roberto Merino es muy alta. Sin embargo, cuando el escritor asegura en una de sus excelentes crónicas breves que "la memoria exacerbada nos lleva a creer que en el pasado hay una clave secreta para entender nuestras cataduras actuales", queda la impresión de que el creador y showrunner de Better Call Saul hubiese dado en algún momento con la pieza, para hallar, en ese fragmento, el germen del spin-off/precuela de Breaking Bad. O, a lo mejor, la cosa es más simple y aquel chiste interno que circulaba en la sala de guionistas de la saga de Walter White acerca de lo divertido que sería poner en papel los orígenes y desventuras de Saul Goodman –el abogado tránsfuga y encantador, interpretado por Bob Odenkirk, que ayudaba al rey de la metanfetamina a lavar su dinero mal habido– se fue volviendo cada vez menos chiste y cada vez más proyecto hecho y derecho. En un artículo publicado el pasado enero en el New York Times, Gilligan fue preciso al respecto: "Cuanto más trabajábamos en Saul, más alma y profundidad le encontrábamos. Nos encantó que el personaje fuera divertido, pero había algo más allí".
El resto es historia conocida: cuando Breaking Bad entró en su recta final, Gilligan le vendió la idea a la cadena AMC, reclutó a Peter Gould como co-showrunner y escritor –Gould es guionista del capítulo presentación de Saul en BB– y hoy la serie lleva casi un mes de emisiones en Estados Unidos. Por estos lares ya tiene cuatro episodios colgados de la plataforma online Netflix. Así de fascinante resultó para ambos Saul Goodman, leguleyo de lengua y salidas rápidas y personaje angular de BB desde su primera aparición, en la segunda temporada.
Otra vez con la abúlica, desértica e hiperestilizada Albuquerque como escenario, este actor, guionista, escritor, de 52 años, que en los noventa se destacó con dos programas de culto de la HBO anterior a Los Soprano (Mr. Show with Bob and David y The Larry Sanders Show, de los que también fue guionista, al igual que de ciclos como Saturday Night Live), enfrenta un desafío superior: interpretar al desbocado Saul cuando todavía es un abogadillo de mala muerte, muy diferente de aquel que dentro de unos años se venderá en un costoso aviso de TV como la mejor garantía para salir de chanchullos varios. Subempleado, Saul –que aún no es Saul– sobrevive como defensor público bajo su verdadero nombre, James "Jimmy" McGill, un pobre tipo que –primer guiño a BB– como prueba de su patetismo sufre en el primer capítulo el maltrato de un empleado de estacionamiento, nada menos que su futuro hombre de acción, Mike Ehrmantraut (Jonathan Banks). Mala estrella que sube en negrura cuando vemos el reflejo que le devuelve el espejo de la vida: el éxito de su hermano Chuck (Michael McKean), también abogado, quien finalmente será la llave para salir de la mediocridad debido a una rara enfermedad que le hace tomar a Jimmy/Saul las riendas de sus asuntos.
Pero lo que verdaderamente fascina de Better Call Saul es, por un lado, la capacidad de Gilligan para crear un mundo aparte, escindido de Breaking Bad; y por otro, el don de seducir con una premisa compartida entre ambas series, la de contar la historia de una transformación. Como el borgeano Tadeo Isidoro Cruz o como Michael Corleone, Walter White y Saul (o Jimmy) comprenden que dentro de ellos habita otro hombre, muy distinto, su verdadero yo. Las primeras imágenes de BCS nos muestran a un Saul que, tras la violenta muerte de su patrón, se mantiene a flote, dentro del programa de protección de testigos, como empleado raso de la cadena de pastelerías y cafeterías Cinnabon, aterrado por cualquier cosa que pudiera sucederle. Un hombre que, con solo explotarle un globo cerca del oído, colapsaría. La redención, entonces, estará en algún momento de ese pasado que, como dice Merino, contiene una "clave secreta".
Con una segunda temporada confirmada para 2016, la serie que repasa el origen, apogeo y caída de Saul Goodman tal vez sea el capítulo final y la mejor despedida posible a esa "Tercera era dorada de la televisión" que, como asegura el crítico de la revista Esquire Stephen Marche, comenzó hace dieciséis años con Los Soprano. Y si, como prometió Gilligan, es muy probable que en algún momento volvamos a ver a Walter White y Jesse Pinkman bajo el sol de Nuevo México, la fiesta será completa.






