
Beverly Sills, por TV
Un especial de la soprano por Bravo
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Con sede permanente en la New York City Opera (vaya a saber qué razones la dejaron fuera del Metropolitan), marcó una época. Ya retirada de los escenarios, es una leyenda viviente y los que tuvieron el privilegio de escucharla en persona, conservan un recuerdo extraordinario. En Buenos Aires debutó en 1968 como Cleopatra en Giulio Cesare de Händel, y volvió en 1970 para protagonizar Manon de Massenet, y en 1972 para Lucia di Lammermoor, de Donizetti. En Beverly Sills coincidían una voz de soprano lírico-ligera con un fuerte temperamento dramático. Su técnica era deslumbrante, y dominaba a la perfección la coloratura y ciertos recursos como los filados y medias voces. Pero el canto, como todo arte, está más allá de la técnica, y la Sills fue una auténtica artista, una intérprete que mereció el título de Reina Norteamericana de la Opera. Se destacó como intérprete de Donizetti y Bellini, sobresaliendo también en ópera francesa y con ciertos personajes de Verdi. Llegó a incursionar en Puccini y lamentó su imposibilidad (todo artista tiene limitaciones) para asumir cierto repertorio. Con un gran sentido del humor, declaró a los medios: "Lo único que lamento es que Richard Strauss haya escrito todos sus papeles de soprano para Birgit Nilsson".
El de Violetta en La Traviata fue uno de los tantos personajes que le dieron celebridad. Gracias a la existencia de este registro histórico, mañana, a las 22, por Bravo, podremos apreciar el talento de esta cantante maravillosa, destacada en lo técnico, en lo interpretativo y en lo dramático. La versión, realizada en la Opera de San Diego y con la dirección de Julius Rudel, tendrá subtítulos en castellano y se repetirá el lunes 21, a las 17, y el miércoles 23, a las 22.
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