
BOGART
Dos biógrafos que ni siquiera se conocieron construyeron la más completa y monumental biografía sobre el más tierno de Hollywood, que anticipamos aquí
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¿Quién era realmente Humphrey Bogart? ¿El héroe romántico de Casablanca o alguno de esos malechores que representó en tantas películas? ¿El marido fiel y enamorado de Lauren Bacall o el indiferente de sus tres matrimonios anteriores? ¿Era un hombre sólo preocupado por el dinero o un defensor de los derechos civiles? Estas y muchas otras preguntas que circulan sobre la vida de uno de los mitos de Hollywood encuentran respuesta en Bogart, la monumental biografía que le dedicaron Ann M. Sperber y Eric Lax. Más de 600 páginas de historias, otras cien de notas y filmografía fueron necesarias para dar cuenta de una vida llena de peripecias en donde no faltan amores, traiciones, arbitrariedades, momentos de felicidad y muchos más de desencanto. Los dos autores de Bogart no llegaron a conocerse entre sí. Sperber era la encargada de llevarla adelante y luego de varios años de investigación y entrevistas falleció dejando inconcluso su trabajo. Lo continuó Eric Lax, un prestigioso biógrafo que ya había conseguido fama por su libro dedicado a Woody Allen, la más completa biografía y la única que contó con el apoyo del director neoyorquino.
El trabajo de Sperber y Lax se ubica entre los mejores realizados sobre algún personaje de Hollywood. La reconstrucción de la vida de Bogart es realizada con minuciosidad sin descuidar ningún detalle de su vida privada o profesional. La reconstrucción de época permite disfrutar no sólo del devenir del actor, sino también de las personas que lo rodearon, de Lauren Bacall a Edward G. Robinson, de John Huston a Jack Warner. Entre los hallazgos de Sperber y Lax se encuentran el descubrimiento de una infancia muy dura (con padres millonarios, pero adictos a las drogas), las dificultades para convertirse en actor, las crueldades que debió soportar del sistema hollywoodense y la seria reconstrucción del papel jugado por Bogart durante los años duros del macartismo.
Detrás del mito de hombre recio y seductor se escondía un hombre acosado por productores agresivos, por la prensa amarilla, por la insatisfacción que le generaba hacer ciertas películas y por los fantasmas del alcohol. El 25 de diciembre próximo se cumplen cien años de su nacimiento. Murió a los 57 por culpa de "un cáncer de esófago y medio millón de whiskys" (tal como lo definió un crítico). Quedan sus películas, su particular manera de mirar a Ingrid Bergman, a Mary Astor, a Lauren Bacall, a Katharine Hepburn; su estilo para encender un cigarrillo como si eso fuera una obra de arte y su forma de apuntar con desprecio a los chicos malos de siempre.
EN PIE DE GUERRA
El 28 de marzo de 1938, Humphrey Bogart anunció su inminente boda con Mayo Methot. "Mayo estaba sin un céntimo. Carecía de ropa adecuada, y Bogie no se la compró." Una amiga le prestó un vestido de lentejuelas y una cinta para el pelo haciendo juego, cosas adecuadas para una fiesta al aire libre.
Se sirvieron cócteles en el césped y se instalaron largas me- sas para un banquete con 50 invitados. Se bebió mucho, sobre todo Black Velvets, una mortífera mezcla de champagne y cerveza negra.
Al cabo de dos horas, todo el mundo estaba borracho. La jornada terminó con una pelea monumental entre los novios. El motivo pudo ser cualquier cosa. Bogart se marchó a pasar la noche en otro sitio. Al día siguiente mandó una planta a manera de disculpa. Era el prólogo al drama de largo aliento al que se bautizó a partir de aquel instante como "Los Bogart en pie de guerra". Sus peleas solían terminar en la cama. Bogart le dijo a un entrevistador por aquel entonces: "Me encanta una buena pelea. A Mayo también. Tenemos algunas de primera".
CONSTRUCCION DEL HEROE
A finales de los años 30 corría por los mentideros una historia sobre Bogart quejándose a Hall Wallis, el director del estudio Warner, de sus personajes. "Escucha -le dijo Wallis-, tú quieres los papeles de Raft, Raft quiere los de Eddie Robinson, y Robinson quiere los de Muni." "Muy sencillo -se cuenta que dijo Bogart-, basta con que yo me deshaga de Muni."
El 17 de julio, el día en que Paul Muni se desvinculó para siempre de Warner, S. Charles Einfeld, el director de publicidad, dictaba una carta para Martin Weiser, el as de los golpes publicitarios de la Warner: "Querido Marty: Quiero que te dediques en cuerpo y alma a hacer de Humphrey Bogart una estrella en el menor tiempo posible... A Bogart la publicidad lo ha identificado con personajes de gángsters. Eso hay que cambiarlo. Porque hoy en día Bogart es uno de los grandes actores de la pantalla -adoctrinó a Weiser-. Ese hombre es un maestro de la técnica interpretativa y puede hacer cualquier cosa."
EL PRIMER BESO
Si pudiera señalarse un día en la carrera cinematográfica de Bogart como decisivo, el 20 de junio de 1941 debería ocupar un lugar destacado entre los candidatos: el momento en que el personaje interpretado por Bogart -Sam Spade- besaba por fin a la chica, interpretada por Mary Astor. Pero como todo lo demás en su carrera, tampoco aquello fue fácil.
"Dios del cielo, no es más que un simple beso", intervino por fin Huston. "Agárrala, bésala y suéltala otra vez. ¡Eso es todo lo que tienes que hacer!" Se necesitaron siete tomas antes. Astor explicó en los últimos años de su vida que Bogart tenía una peculiaridad. La cicatriz del labio superior, las lesiones neurológicas, le provocaban una acumulación de saliva en una comisura de la boca, un defecto que empeoraba el nerviosismo.
CON INGRID BERGMAN
La diferencia entre los dos protagonistas se apreciaba en sus respectivas maneras de enfocar el trabajo. Bergman se dejaba ganar a menudo por la calidad romántica de sus papeles, lo que quizás explique las aventuras con las protagonistas de sus películas. Para Bogart, las protagonis- tas no eran en general más que colegas, también -de manera especial- en las escenas de amor, a las que encon-traba más molestas que agradables. "No es posible -decía- rodar una escena de amor sin tener a un grupo de técnicos de pelo en pecho mascando tabaco a un metro de distancia. Prefiero enfrentarme con esas cosas en la intimidad de mi dormitorio."
Bergman le caía bien a Bogart, que la respetaba como actriz. Pero se cree que nunca pasó nada entre ellos.
BOGART Y JOHN HUSTON
La gran amistad de Bogart con el director John Huston, con quien hizo La reina africana, comenzó en los años treinta. Huston le tenía afecto a Bogart, pero en ocasiones actuaba como si su cariño estuviera temperado por un sentimiento de superioridad.
Su amistad era auténtica, sin embargo; y si bien Huston había despreciado a Mayo, adoraba a la nueva señora Bogart.
El matrimonio de John con Evelyn Keyes, con quien se casó a mediados de 1946, creó un cuarteto muy unido.
Las dos parejas disfrutaban de los placeres de una vida casi bucólica tanto en la casa de los Bogart como en la de los Huston, en San Fernando, con su colección de caballos y perros, y una chimpancé que coqueteaba con Bogart y se orinaba en los Martinis de los invitados.
LAS LISTAS NEGRAS
Twentieth Century-Fox había prometido despedir a cualquiera que se negara a cooperar con el Comité de Representantes sobre Actividades Antiamericanas (HUAC), que realizó una investigación sobre la influencia comunista en Hollywood, y Jack Warner entró en pánico cuando Bogart, su principal estrella, concedió comprometedoras entrevistas a la prensa para hablar contra la HUAC.
"Lo que nos proponíamos -explicaba Bogart- era ejercer nuestra influencia en defensa del principio de que no se debe forzar a nadie a decir a qué partido político pertenece." Hubo un boicot contra las películas de Bogart.
Los jefes de los estudios estaban aterrados. Pensaban que iban a perdelo todo. El 3 de diciembre de 1947, durante el cambio de trenes en Chicago, los Bogart ofrecieron una conferencia de prensa a la que asistieron reporteros de agencias internacionales. Con Bacall a su lado, el actor leyó una declaración que ya había sido enviada a las redacciones de los periódicos de todo el país: Bogart no era comunista ni tampoco simpatizante, y detestaba el comunismo como "cualquier americano honesto".
Se había opuesto al HUAC porque pensó que "se estaba privando a mis compatriotas de sus derechos constitucionales, y sólo por esa razón... No me gustan en absoluto los comunistas ni ninguna persona que esté de acuerdo con esa filosofía. Soy americano. Y cabe que, como muchos de ustedes, sea a veces un americano estúpido e impetuoso." Bacall dio a entender más adelante que habían sido presionados. El 22 de diciembre, el Christian Science Monitor publicó una declaración conjunta en la que se acusaba a la industria cinematográfica de implantar un "reinado del terror". La declaración se publicó avalada por John Huston, Philip Dunne, William Wyler y... Humphrey Bogart.
Pero nadie prestaba ya atención. La declaración de Chicago fue lo que siguió estando presente en la mente del público y en los anales de la época. La retractación supuso el final de las ilusiones de la vida, de que todo iba a salir bien, de que habría un final feliz. Bogie nunca volvió a ser el mismo.
FINAL
En Navidad, cuando Bogart cumplió 57 años, los médicos dijeron a Bacall sin rodeos que a su marido le quedaba muy poco de vida. Spencer Tracy, el amigo constante a la cabecera de la cama, estaba tan afectado por la inminente pérdida de Bogart que fue incapaz de aceptar el encargo de hacer su elogio fúnebre. Fue hecho por John Huston, a pedido de Lauren Bacall.
La noche del sábado 12 de enero, Katharine Hepburn y Tracy se presentaron como de costumbre. Al término de su visita, Hepburn se fijó en la delgadez de las manos del enfermo. "Bogart estaba en una silla de ruedas y yo me incliné y lo besé antes de marcharme. Spenser se acercó y le dijo: Buenas noches, Bogie. Y puso la mano en el hombro de Bogie. Bogie, a su vez, puso una mano sobre la de Spencer, le dio unas palmaditas y dijo: Adiós, Spence." El domingo, Bogart entró en coma. Stephen, el hijo de los Bogart, relata que su madre lo llevó junto a su padre, al dormitorio, "con su terrible olor a enfermedad y descomposición. Nos sentamos en la cama. Mi madre estaba más asustada que yo. Tomamos la mano de Bogie y estuvimos allí sin decirnos nada... Al cabo de un momento me incliné y besé la mejilla de mi padre. Mi madre hizo lo mismo. Más adelante, aquel día, Betty volvió a encontrarme en el dormitorio, junto a mi padre dormido. Me preguntó por qué había vuelto. Porque quería hacerlo, le dije".
Humphey Bogart falleció a las 2.25 de la madrugada del 14 de enero. Bacall estuvo llorando el resto de la noche. Al amanecer les comunicó a sus hijos que su padre los había dejado.
Bacall y Bogart
Betty Bacall -verdadero nombre de Lauren Bacall- era una peculiar combinación de ingenuidad y sabiduría, de azúcar y acero, y Bogart, lleno de curiosidad, se dedicó a poner a prueba su sentido del humor y su capacidad para dejarse tomar el pelo.
El cambio en sus relaciones fue tan gradual que al principio el equipo no lo notó y es posible que tampoco se dieran cuenta las estrellas mismas. Según el relato de Bacall, estaba sentada en su camarín, bromeando con Bogart, cuando él se inclinó hacia adelante, le tomó la barbilla y la besó. Luego sacó una cajita de fósforos del bolsillo y le pidió que le apuntase su número de teléfono.
En el plató, los dos se convirtieron en inseparables, y caminaban tomados de la mano a la vista de todos. Solían desaparecer en uno de sus camarines, y a veces estaban algo más de quince minutos. Cuando reaparecían se los veía muy felices, un poco despeinados quizá, pero nada que no se pudiera acomodar enseguida.






