Botas tejanas, tanto en la noche como en la playa

Son el must de esta temporada esteña; su versión diurna las acompaña con shorts o vestidos túnica
Son el must de esta temporada esteña; su versión diurna las acompaña con shorts o vestidos túnica Fuente: LA NACION
Flavia Fernández
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11 de enero de 2020  

PUNTA DEL ESTE.- Las botas vaqueras, tejanas o texanas que se ven día y noche en Punta del Este fueron originalmente pensadas para trabajar. Y trabajar duro. Flor de paradoja y a abstenerse de prejuicios porque la idea es describir una postal 2020 de verano y no analizar si son cómodas o lógicas para irrumpir en la arena, con solazo y sombrilla a cuestas.

Combinadas con denim el combo es más que obvio y siempre acertado. Con vestidos sueltos, cortos y algo de vuelo también. Con propuestas largas ya hay que saber más. Y en versión playa, con shorts y vestidos túnica ya hay que entender de moda para no hacer papelones. Claro que si la edad es sub 30 y las piernas infinitas todo esto y mucho más será bien visto. Porque nada peor que bota tejana errada, encima en verano, a la vista de una multitud playera que desde sus ojotas compadecen el mal gusto.

Si quieren ver unas tejanas bien llevadas hay que concentrarse en Verónica Lozano, que tiene decenas de versiones y las usa como nadie. Caña corta o larga, coloridas o sufridas, las gasta todo el año y es la reina de ese estilo. La China Suárez las adopta en la ciudad en versión total black, con falda corta y sombrero. Mariana Fabbiani siempre correcta, tiene piernas que permiten todo, igual que Flor Torrente y ni qué hablar Dolores Barreiro, que no necesita más que un short deshilachado, blusita y botas para detener un alud.

Este año La Pedrera es un meeting de adolescentes que sintieron que José Ignacio les quedaba demasiado cerca. Todos de veinte. Ellos con sus trajes de baño cortos y camisas de lino arremangadas. Ellas haciendo honor al lejano oeste, clavan los tacones en la arena noche y día. Ideales para el momento de los fogones y las doscientas fotos que ensayan para Instagram. En Montoya se han visto. Basta con sentarse un rato en Casa Babel, el parador de Pico Mónaco, para ver llegar tribus de mini cowgirls de trenza larga y bota obligatoria. En Bikini sucede lo mismo y bastante más en José Ignacio. Es en La Choza de Mar donde los fuego del atardecer invitan a desfiles improvisados.

¿Dónde comprarlas? La tienda Magma, un multimarca que hace años se instaló en La Barra y la Punta, se cansa de despacharlas. Pero hay opciones menos saladas en algunas propuestas de shopping, incluso en Maldonado y San Carlos. La que sabe, sabe y encuentra. Sino a rezarle a San Crispín, el santo patrón de los zapateros.

Del oeste a las pasarelas

Haciendo un poco de historia, se sabe que ese calzado forma parte de la cultura mexicana, aunque no hay que confundir bota con charra. La diferencia es que esta última tiene en el taco un ajuste para espuelas en forma de broche y suele llevar, además de cuero, piezas de tela y metal.

La tejana típica del oeste americano tiene mil versiones y se colaron en las pasarelas cientos de veces, haciendo gala del estilo folk. Hechas con pieles y cueros exóticos, bordados, puntiagudas o semi, con tacos que pueden llevar inclinación interna o el llamado tacón cubano, más pronunciado.

Sobre los orígenes, hay varias teorías. En el museo de Northampton, en Inglaterra (que tiene una de las colecciones más alucinantes del calzado), existen unas botas de montar que pertenecieron a caballeros ingleses del siglo XVII.

En Estados Unidos, ya en el siglo XX, las vaqueras fueron de uso exclusivo para las personas que hacían tareas rurales y aquellas que se identificaban con el mundo de los cowboys, tan difundido en series y cine. Eran ellos los machotes de jeans y botas. John Wayne, Gary Cooper y Paul Newman -gracias al auge del género cinematográfico del Western, que abarcó desde los años cuarenta hasta los sesenta- fueron quienes nos dejaron las postales más sexys e increíbles.

Trepados a caballos rebeldes con planos cortos a ojazos da morire, clavando tacazos en el barro y tiroteando poseídos contra el mal, los ídolos de entonces no hubieran imaginado esta tendencia que cada tanto viene con fuerza pero que en realidad nunca se va.

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