
Finalizó la primera edición argentina de Campus Party con récord de participantes. Además del multifacético frontman en su papel de innovador, el mayor encuentro de tecnología tuvo otras presencias que dejaron buenas ideas, como la creación de órganos humanos artificiales y pisos que generan energía con solo bailar en ellos.
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Por Cecilia Acuña
Alrededor de 35 mil personas pasaron por la edición argentina de Campus Party, el evento de tecnología e innovación, destinado a resolver problemas de la vida cotidiana de las personas, que nació en España en 1997 y que se replicó, desde entonces, en una decena de países. Con una particularidad: esta versión local, la número 57 del encuentro global, es la que mayor convocatoria ha logrado hasta la fecha en su historia: muchos de ellos durmieron en carpas en los pabellones de Tecnópolis dispuestas a modo de campamento, de ahí el término “campuseros” de los participantes.
Además de la presencia de Bruce Dickinson como orador principal -el líder de Iron Maiden que detrás de su faceta de metalero lleva construida una carrera de emprendedor con su pasión por la aviación-, otros invitados cautivaron a los campuseros. Acá te contamos quiénes.
<b>Bruce Dickinson: el Da Vinci de la innovación</b>
Enfocado en los vínculos entre las personas, cada uno de los ámbitos de trabajo en los que Bruce Dickinson se ha involucrado se asienta sobre la premisa de que la vida es muy corta para hacer cosas que no nos apasionan. Músico, cantante, piloto de avión, emprendedor, inversionista y productor de cerveza, Dickinson parece encarnar a un Da Vinci contemporáneo que abandona el look de metalero para usar jeans clásicos, saco sport con camisa y así pararse frente a una audiencia de millennials hipnotizados por el mismo carisma que ha consagrado a Iron Maiden como una de las mejores bandas de rock de la historia.
Además de piloto de avión, fue director de marketing de la línea aérea Astraeus Airlines y hoy se encuentra a cargo de Cardiff Aviation, un negocio especializado en el mantenimiento de aviones comerciales Airbus y Boeing. Pero el asunto no sólo llega ahí: para completar la lista de emprendimientos, Bruce ha invertido en la construcción de un vehículo aéreo híbrido, considerado el más grande del mundo. Por otro lado, la banda que lidera fabrica su propia cerveza bajo la marca Trooper.
Con todo ese currículum, el iluminista del metal desarrolló el concepto que lo impulsa como el hilo de Ariadna: “El desafío es convertir a los clientes en fans. Los clientes pueden irse, esa es parte de su definición; en cambio, con los fans se construye un vínculo de afecto basado sobre el cuidado y el respeto de las dos partes. Cuando uno emprende debe aspirar a tener fans del producto o servicio que ofrece porque lo importante es considerar a las personas y al diálogo que podemos generar con cada una”.
<b>Nina Tandon: fábrica de cuerpos</b>
Frente a un público hipnotizado, la joven ingeniera biomédica Nina Tandon explicó cómo desde su laboratorio instalado en Brooklyn puede fabricar órganos humanos fuera del cuerpo humano como huesos, riñones o corazones. Tandon aseguró que su idea -materializada a través del emprendimiento EpiBone- es tan sólo un pequeño píxel dentro de los millones que ofrece hoy la biología molecular.

Su investigación se asienta en conocer cómo las células se comunican entre sí para formar órganos, con el objetivo de que en el futuro desaparezcan los implantes y los trasplantes porque antes habrá órganos propios originados en pequeñas muestras de nuestras propias células. “Estamos a las puertas del cuerpo 3.0, una época que nos permite pensarlo como un ecosistema y revolucionar las formas de sanar nuestro propio organismo”, señaló Tandon durante una conferencia centrada en mostrar imágenes para hacer visible lo invisible y así entenderlo y replicarlo. “Es un trabajo que debemos hacer nosotros, un desafío que no se lo podemos dejar a los políticos. No es un espectáculo deportivo, sino que hoy la biología ya forma parte de nuestra vida cotidiana.”
<b>Michel Smit: energía bailable</b>
¿Cómo hacer sustentable la diversión nocturna? Con esta pregunta comenzó la disertación del emprendedor holandés Michel Smit, que junto con otros dos socios creó Energy Floors, una empresa dedicada a investigar cómo generar energía a través de nuestros propios movimientos.

“Nuestro objetivo es hacer de la sustentabilidad algo cool para que los jóvenes quieran ser parte del proyecto, de ahí, que comenzamos a pensar en pistas de baile e investigamos la manera de convertir la energía kinética de los cuerpos bailando en energía eléctrica que pudiera sostener el funcionamiento de otros sistemas, por ejemplo, el de las mismas luces del boliche. En 2009 inauguramos Watt, la primera discoteca sustentable del mundo”.
Este fue el comienzo de lo que vino después: Smit y sus socios dejaron de lado la perspectiva de las pistas de baile para ampliarla y considerar a todos los pisos como fuentes posibles de energía. “Todos los espacios necesitan un piso y hay muchos lugares por donde circula una gran cantidad de gente que puede hacer realidad el vínculo entre creatividad, innovación, tecnología y sustentabilidad.” Hoy Energy Floors investiga la posibilidad de incorporar pisos sustentables en aeropuertos, estadios de fútbol y plateas, plazas, estaciones de trenes y subtes y también shoppings.
¿Por qué es tan exitoso Campus Party?

“En muchas ocasiones uno necesita inspiración para algo y los talleres quizás terminan siendo disparadores clave para terminar de darle la vuelta a una idea o para generar una nueva oportunidad: dónde está lo que todavía nadie vio”, así definió la experiencia Campus Party uno de sus participantes, Esteban (25), un ecuatoriano estudiante de ingeniería de la UTN. Otros, como un grupo de chicos y chicas uruguayos becados por la Universidad de Montevideo, llegaron a Tecnópolis más interesados en las conferencias magistrales que en dar con ideas brillantes de innovación: “Nosotros estudiamos ingeniería industrial y quizá el perfil del resto de los que vienen es más de sistemas, pero igual todas las charlas siempre resultan interesantes, sean de lo que sea”, contó uno de ellos. Entre tanto, cientos de grupos de jóvenes millenials argentinos y extranjeros deambularon y participaron de los diez hackatones (desafíos de innovación y creatividad de empresas con premios importantes para los ganadores), de las charlas, de los talleres y hasta de una pelea entre robots y de una carrera de drones a modo de Fórmula Uno. “Campus Party sirve mucho para hacer networking con los participantes porque Internet es, sobre todo, una comunidad de personas que, en este ámbito del conocimiento, se junta acá, en este evento. Te encontrás con especialistas en temas que te interesan, que te cuentan sus experiencias, es como si fuéramos todos músicos reunidos y nos vamos juntando por géneros y de ahí salen temas y bandas geniales. Eso mismo pero aplicado a la tecnología y a resolver los problemas de la vida real”, explicó una pareja de profesionales argentinos que trabajan en esta industria, Gustavo y Marcela, en busca de nuevos horizontes.






