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A pesar de ser una zona dedicada a las finanzas, también hay poesía en la city porteña. El cruce entre los números y la ensoñación se produce en la calle San Martín al 100, donde la sede central del Banco de la Provincia de Buenos Aires convive con su anexo, ubicado justo sobre la vereda de enfrente.
Allí parece abrirse un portal que conecta el pasado y el futuro. La fachada del edificio más moderno, el anexo del banco, se destaca por una estructura vidriada que permite el reflejo de la antigua construcción de la entidad financiera, una obra que se inauguró en 1942 como reemplazo de dos edificaciones anteriores que resultaron obsoletas en su función.
El frente del primer edificio se caracteriza por la combinación entre el lenguaje de la arquitectura moderna y el de la vanguardia con líneas horizontales revestidas en piedra dolomita. La obra fue proyectada por el estudio Sánchez, Lagos y de la Torre, que también estuvo a cargo del Kavanagh y del monumental Automóvil Club de la Avenida del Libertador.
Su revés se manifiesta como un espíritu sobre la fachada vidriada de la torre del anexo, un rascacielos de casi cien metros que fue terminado en 1984 por los arquitectos Estrada, Alonso y Barani. Desde esta perspectiva, quienes caminan por la zona parecen hacerlo en el intervalo imaginario entre los dos tiempos de construcción anclados en cuatro décadas de diferencia.
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