La noticia menos esperada: “A los 20 fue duro escuchar que tenía un cáncer avanzado”
A María Luján le realizaron una mastectomía y debió cumplir con el ciclo de quimioterapia. Pese a que tuvo momentos en los que se bajoneó, jamás pensó en abandonar el tratamiento o en que se iba a morir.
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“Aprendí que la pelea también es con la cabeza, nuestros pensamientos son el principal motor de esta lucha. Debemos buscar siempre lo positivo, algo que nos motive a seguir para adelante. Rodearnos de personas que nos transmitan buena vibra y nos deseen el bienestar. El luchar con la enfermedad te hace una persona más fuerte a nivel mental, yo me creo una mujer que vivió muchas cosas fuertes a tan poca edad, pero que jamás se dejó vencer. Creo que me tocó vivir esta situación para transmitir a las demás personas que pasan por una enfermedad que se puede seguir viviendo bien, que debemos buscar siempre lo positivo dentro de lo negativo Y acá estoy, dispuesta a seguir afrontando más adversidades que la vida me presente”.
El cáncer de mama es una enfermedad que aumenta la incidencia a partir de los 50 años. Las recomendaciones actuales sugieren comenzar a realizar una mamografía anual a partir de los 40, ya que los especialistas vienen observando que de esta manera se podría mejorar la sobrevida de las pacientes al detectarlo en forma precoz. Sin embargo, no es imposible tener cáncer de mama antes de esa edad. En la Argentina, el 10% de los casos se desarrollan en personas muy jóvenes.
Dentro de esa franja, existe un porcentaje menor de mujeres adolescentes y jóvenes que también pueden padecer la enfermedad. Como le ocurrió a María Luján Franta, que vive en un pueblo de Chaco llamado Las Breñas, que a los 20 años recibió la noticia menos esperada.

Hasta ese momento, cuenta, su vida era la de una “adolescente común y corriente”, estudiaba la licenciatura en Psicología en la Universidad Nacional de Tucumán. Estaba de novia y a finales de 2020 se había recibido de profesora de dibujo y pintura en un conservatorio privado.
Secreción “amarillenta”
En enero de 2021 María Luján se percató de una secreción “amarillenta” que le salió en su pezón izquierdo algo molesta, cuenta, ya que le manchaba la ropa y además tenía una dureza “bastante grande”. Entonces, no dudó en ir a visitar a su ginecólogo, quien le pidió una ecografía y le dijo que no debía preocuparse porque lo que le estaba ocurriendo se debía a la toma de anticonceptivos. “Me sugirió volver en seis meses, pero a los dos meses me seguía saliendo esa secreción, la dureza debajo del pezón aumentaba de tamaño y me empezó a doler”, recuerda María Luján.
Preocupada, decidió pedir un turno con una mastóloga y para no estar sola la acompañó la mujer de su hermano. “Yo le mostré los estudios antiguos que tenía (una ecografía mamaria donde no se notaba muy bien la imagen) y ella me palpaba hasta que en un momento me dijo que no era normal esa dureza y mucho menos si iba acompañada de la secreción”.
“Debía empezar quimio lo más rápido posible para evitar que el tumor creciera”
La especialista le realizó una punción y le pidió que se hiciera una serie de estudios, entre ellos una biopsia, en Resistencia para poder aclarar más el panorama y quitar todas las dudas.

“El resultado llegó más o menos entre los 15 y 20 días. Fue duro escuchar que tenía un cáncer de mama avanzado, en estadio III. La doctora me dijo que debía empezar quimioterapia lo más rápido posible porque el tipo de cáncer que yo tenía aumentaba su tamaño rápidamente y debíamos evitar que el tumor creciera”.
María Luján confiesa que las primeras palabras que sintió al enterarse de ese duro e impensado diagnóstico fueron miedo, tristeza y enojo por todo lo que le tocaba vivir a sus jóvenes 20 años. Pero después de esos primeros días, dice, lo tomó como como un aprendizaje y se puso como premisa que debía ganar la batalla contra el cáncer.
“Me aferré mucho a la idea de ganar la batalla”
La semana siguiente a conocer el resultado de la biopsia, el 16 de abril, María Luján comenzó con el primer ciclo de quimioterapia. “Tuve miedo a las sensaciones que me podía llegar a provocar las quimios, me advirtieron que podía quedar anémica, que mis defensas podrían bajar, que no tendría ganas de hacer nada, además de los vómitos y las naúseas. Pero mi cuerpo se las bancó a todas, las quimios no me produjeron ningún malestar. A cada quimio yo me llevaba un recipiente con comida porque me daba mucho hambre y eso era algo bueno”.

Además, le practicaron una mastectomía en su mama izquierda y pese a que ella solicitó que le quitaran ambas mamas por precaución, el patólogo le respondió que no era necesario porque sus controles cada tres meses le iban a dar el tiempo necesario para detectar un nuevo tumor en caso de haberlo.
En este proceso que está llevando a cabo María Luján juega un papel muy importante Facundo, su novio desde hace cinco años, la persona que más la escucha y la aconseja en este delicado momento. Además, hacer terapia la ayuda a poner en palabras lo que siente, como así también el hecho de hacer visible su caso ya que muchas personas le transmitan buena energía y mucha fuerza.
“Me aferré mucho a la idea de ganar la batalla, yo sabía que esto me pasó a mi como también les pasa a otras personas, pero siempre debemos encontrar y entender el para qué de cada situación en nuestra vida. Siempre están los momento donde nos bajoneamos, pero jamás pensé en abandonar el tratamiento o en que me iba a morir. Además, me ayudó seguir haciendo mis actividades (continuar estudiado, salir a bailar con sus amigas, ir al gimnasio) ya que me hacían sentir bien, sentía que estaba sana y que no me debía prohibir nada”.

La importancia de tener paciencia y amarse más que nunca
María Luján está convencida de que luchar contra la enfermedad la convirtió en una persona más fuerte a nivel mental y preparada para seguir afrontando otras adversidades que puedan ir apareciendo en el camino.
“Lo que le diría a esa mujer que está atravesando por un diagnóstico como el mío es que tenga paciencia, que se ame más que nunca y que haga todo lo que los médicos dicen. Que le dé tiempo a su cuerpo para acomodarse y acostumbrarse a lo nuevo. Que jamás baje los brazos y mucho menos se rinda, que realice actividades que la haga sentir bien. De esto se sale y podemos tener una vida plena”.
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