Cata Rautenberg. Su nueva vida en Traslasierra: "Acá nadie me reconoce"

En uno de sus lugares favoritos de Villa Dolores, Boca del Río, Catalina -que durante sus años de modelo desfiló para Versace, Nina Ricci y Kenzo, entre otros grandes de la moda- posa "al natural" con el dique del río Los Sauces y las sierras como telón de fondo.
En uno de sus lugares favoritos de Villa Dolores, Boca del Río, Catalina -que durante sus años de modelo desfiló para Versace, Nina Ricci y Kenzo, entre otros grandes de la moda- posa "al natural" con el dique del río Los Sauces y las sierras como telón de fondo. Fuente: HOLA - Crédito: Gustavo Di Mario
Sebastián Fernández Zini
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12 de agosto de 2020  

Nació en Córdoba capital, vivió en Catamarca y en La Pampa y, antes de recalar en Buenos Aires a los 19 años -donde se convirtió en una de las modelos top de los 90-, pasó su adolescencia en Villa Dolores, en el Valle de Traslasierra. Catalina Rautenberg (48), hija de un cirujano y una oftalmóloga, virginiana de pura cepa, mujer inquieta y que le gusta encontrarle otra vuelta a lo establecido, supo reinventarse cuando se bajó de la pasarela y se dedicó al diseño de ropa. Y también le puso energía a otra de sus grandes pasiones: la danza. Hace tres años y medio, desandó un camino conocido y regresó a Villa Dolores.

-¿Cuándo decidiste dejar Buenos Aires?

-Me vine un 29 de diciembre, hace tres años y medio. En realidad, cuando cumplí 40 empecé a pergeñar cómo quería que fueran los años que venían. Y lo primero que se me venía a la cabeza eran las sierras de Córdoba, el aire puro, el río. Este valle siempre tuvo una magia especial. Buenos Aires es una ciudad que amo, pero no la extraño nada.

-¿Pasó algo puntual que hizo que tomaras la ruta?

-Me separé, hice el duelo, me acomodé emocionalmente y recién ahí me vine. No quería que fuera un escape, ni que mi mudanza estuviera marcada por algo malo. También es un regalo de la vida volver a estar cerca de mi mamá -ella vive en Las Tapias, a 10 kilómetros de acá-, pero la decisión de instalarme en Villa Dolores fue por y para mí.

-¿Cómo fue el cambio de vida?

-¿Viste cuando aterriza un avión que levanta los flapsy, aunque el piloto sea muy bueno, se mueve todo? ¡Así fue! Siempre con mucho entusiasmo, pero tuve que acostumbrarme a los ritmos de una ciudad chica, con horarios y vínculos tan diferentes. Al mediodía se corta todo para almorzar y dormir la siesta, por ejemplo. Más de una vez me quedé sin almorzar porque me colgaba trabajando y a las 2 de la tarde, salía a comprar algo al mercado para comer. Y obviamente, encontraba todo cerrado. [Se ríe]. Acá hay un andar muy laxo. Siempre fui una dama inquieta y vertiginosa y estar acá hizo replantearme mucho mis ansiedades. Fue un redescubrimiento.

-¿Es también una vida más solitaria?

-Siempre manejé y disfruté mucho la soledad. Andar sola es muy creativo para mí. Yo soy muy sociable, pero nunca me interesó estar llena de amigos. Prefiero pocos y muy buenos.

En el local de Casa Rautenberg, su marca de ropa, posa con Linda y Angelita, las perras que adoptó durante su nueva vida en Córdoba
En el local de Casa Rautenberg, su marca de ropa, posa con Linda y Angelita, las perras que adoptó durante su nueva vida en Córdoba Fuente: HOLA - Crédito: Gustavo Di Mario

"Cuando arranqué hace más de diez años a diseñar, la inspiración llegaba de momentos que me daban alegría. Por eso me especialicé en vestidos de fiesta y en trajes de novia"
"Cuando arranqué hace más de diez años a diseñar, la inspiración llegaba de momentos que me daban alegría. Por eso me especialicé en vestidos de fiesta y en trajes de novia" Fuente: HOLA - Crédito: Gustavo Di Mario

-¿Qué hacés en tus ratos libres?

-Me encanta bailar y hace más de veinte años que bailo tango. En Buenos Aires hice un año de la Licenciatura en Danzas Folklóricas y Tango en la Universidad Nacional de las Artes. Acá sigo despuntando esos ritmos, pero también empecé danzas árabes. Eso me conectó mucho con mi sensualidad y mi feminidad. "Los víncuLos tienen Que ser Lindos, divertidos, coLoridos"

-Armaste además una "familia animal" ensamblada.

-Tengo dos gatos porteños y acá adopté dos perras, pero llegué a tener once animales en casa. Me convertí en una suerte de protectora animal. Los gatos, Yoda y China, vinieron conmigo. Linda, que es galgo español, se metió por los barrotes de madera de mi casa y se fue quedando, y a Angelita la recogí una noche de invierno de la plaza principal a punto de morir. A los días, el veterinario me dijo que estaba preñada. Así que acá fui abuela y todo. [Se ríe]. Ahora cada vez que se cruza un animal en mi camino, lo llevo a castrar porque me parece un gran acto de amor para evitar que esté lleno de perros y gatos deambulando con hambre.

-¿Cómo estás de amores?

-¡Qué tema! Cada vez más me vuelvo más selectiva y más franca con lo que quiero y no me banco alguien que no sume. Los rebuscados ya no son para mí. Los vínculos tienen que ser lindos, divertidos, coloridos. Tuve un par de historias desde que llegué, pero mi libido está muy puesta en asentarme y en crecer profesionalmente en estos pagos. Todo lo que tengo acá fue logrado con mucho esfuerzo. Hace poco vendí mi departamento de Buenos Aires porque estoy armando un proyecto muy grande a 20 kilómetros de acá, donde además de mudarme, voy a montar un centro creativo y de aprendizaje. Diseño, artes, tinturas naturales, cultivos.

-¿Te gustaría ser madre?

-La maternidad es una asignatura pendiente. En un momento la postergué por mi trabajo de modelo, después apareció como un deseo de compartirlo con alguien, después lo pensé como un proyecto mío. Me da pena no haber transitado un embarazo porque es una bendición muy transformadora. Ahora tengo muchas ganas de adoptar. Los trámites llevan sus tiempos, pero sé que, mucho antes de lo que creo, va a llegar un hijo a mi vida.

En su rol de profesora, durante una clase de moldería, junto a una de sus alumnas
En su rol de profesora, durante una clase de moldería, junto a una de sus alumnas Fuente: HOLA

Hilo y aguja al momento de la creación de sus vestidos, con uno de sus gatos. Tiene dos: Yoda y China.
Hilo y aguja al momento de la creación de sus vestidos, con uno de sus gatos. Tiene dos: Yoda y China. Fuente: HOLA - Crédito: Gustavo Di Mario

MANOS A LA OBRA, AHORA Y ANTES

-¿Qué te inspira a la hora de diseñar?

-Cuando arranqué hace más de diez años, la inspiración llegaba por algún libro, un viaje, una película. Momentos que me daban alegría y cosas positivas. Por eso me especialicé en vestidos de fiesta y trajes de novias. Pero con el tiempo entendí que la inspiración no está en el afuera y que yo tengo todo internamente para crear. Trabajo muy visceralmente y a la vez soy muy técnica, muy estricta. Tengo mi local en un edificio antiguo que está a la vuela de la plaza principal, en la misma manzana de la iglesia.

-¿Fantaseás con tu propio vestido de novia?

-Yo ya pasé por eso a los 22 años. Fue un fiestón en Tortuguitas [se casó con un ingeniero químico], con un vestido inspirado en los años 20, me maquilló Mabby Autino, las fotos las hizo Gaby Herbstein, estaba Pancho [Dotto] con todas las modelos y. ¡al año me separé! El casamiento me parece un gran acto de valentía -más en estos tiempos-, es algo que me emociona y lo vivo con alegría cuando me invitan, pero yo ya lo viví.

-Además de hacer ropa, estás dando clases de diseño.

-Empecé a dar clases de diseño para que se genere un mercado de ropa hecha acá, en esta zona. Ahora, por la pandemia, las clases son online, pero sigo con muchos alumnos.

-Si mirás para atrás, ¿qué recuerdos tenés de tu época de modelo?

-Los mejores. Era la época en que las modelos éramos como divas. ¡Qué bien la pasábamos y qué cara divina tenía yo! Los viajes por trabajo, los grandes diseñadores que me vestían. Era una vida de princesas. De princesas entre comillas, porque yo siempre fui medio rebeldona y me gustaba ir en contra de la corriente. En un momento, me rapé y aun así me seguían eligiendo para trabajar. Era mi forma de decir que no había una sola manera de ser modelo.

-Te apodaban "la Linda Evangelista argentina".

-Sí. Me acuerdo que una vez estando por trabajo en Milán, me crucé por la calle con Valeria (Mazza) que estaba haciendo unas fotos para Versace. Hablamos dos minutos y quedamos en ir a tomar el té a un hotel top. Cuando llegamos nos sentamos en una mesa que sin saber estaba reservada. El mozo nos pidió que nos cambiáramos. Al rato, llegaron Claudia Schiffer y Linda Evangelista y se sentaron en esa mesa. Fue muy gracioso. Parecía una joda porque a Valeria le decían la "Schiffer argentina". Ellas se levantaron y vinieron a saludar a Vale porque la conocían. Nos reímos mucho de la coincidencia por partida doble.

-¿En qué momento te bajaste de la pasarela?

-Cuando empecé a estudiar Diseño. Estaba en la mesa de la cocina haciendo unos figurines para una entrega y sonó el celular. Era mi bookerque me decía que tenía que estar hacía una hora en el Yacht de San Isidro para un desfile. Me di cuenta de que mi atención ya estaba en otro lado y estaba dejando decantar mi etapa de modelo. Fueron casi quince años maravillosos de mucho trabajo, pero ya estaba.

-¿Pasaste algún mal momento siendo modelo?

-¡Nunca! Siempre vendí arriba y debajo de la pasarela la imagen de una mina que metía miedo. Sé que muchos me veían como la más zarpada de todas. Yo llegaba a hacer fotos a las diez de la mañana y perecía que me había tomado no sé qué, pero te juro por mi madre que sólo había tomado unos mates. No niego que vi pasar de todo delante de mi cara, pero cuando recién llegué a Buenos Aires, me puse de novio con alguien que tenía un gran problema de adicción. Al haber vivido esa realidad tan dura de cerca, me juré que yo no quería eso para mí. Y fui muy fiel a mi juramento.

-¿Qué es lo que más te gusta de tu presente en las sierras?

-Descubrirme como una mujer que se atrevió a materializar sus sueños, hacerlos aterrizar. La gente que me quiere bien me ve como alguien que siempre va para adelante y eso me da alegría. Y que acá, en Villa Dolores, no terminen nunca de sacarme la ficha, ni puedan encuadrarme, también me gusta mucho.

"¿Viste cuando aterriza un avión que levanta los flaps y, aunque el piloto sea muy bueno, se mueve todo? ¡Así fue el cambio de vida, un redescubrimiento!"
"¿Viste cuando aterriza un avión que levanta los flaps y, aunque el piloto sea muy bueno, se mueve todo? ¡Así fue el cambio de vida, un redescubrimiento!" Fuente: HOLA - Crédito: Gustavo Di Mario

El baile, su gran pasión. En la foto, con su amigo y compañero de folklore, Sergio Gez, director y profesor de la academia Huellas Argentinas
El baile, su gran pasión. En la foto, con su amigo y compañero de folklore, Sergio Gez, director y profesor de la academia Huellas Argentinas Fuente: HOLA

Minutos antes de una de las muestras anuales de danza árabe. Catalina está tomando clases desde que llegó a Villa Dolores.
Minutos antes de una de las muestras anuales de danza árabe. Catalina está tomando clases desde que llegó a Villa Dolores. Fuente: HOLA

"Mi época de modelo era una vida de princesas. De princesas entre comillas, porque a mí me gustaba ir en contra de la corriente. En un momento, me rapé y aun así me seguían eligiendo para trabajar"
"Mi época de modelo era una vida de princesas. De princesas entre comillas, porque a mí me gustaba ir en contra de la corriente. En un momento, me rapé y aun así me seguían eligiendo para trabajar" Fuente: HOLA - Crédito: Gustavo Di Mario

La tapa de la revista ¡Hola! Argentina de esta semana
La tapa de la revista ¡Hola! Argentina de esta semana Fuente: HOLA

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