
Cecilia Felgueras Los superpoderes de la superchica
Sabe que pasa por un gran momento, y se ufana de sus condiciones y de su capacidad para resolver conflictos en función de gobierno. ¿Es ella muy ambiciosa? Lo menos que se puede decir es que hoy parece pensar que no hay destino que le quede grande
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Desde los 18 años esta licenciada en Historia del Arte milita en política y su primer cargo en el Estado fue como investigadora en el Museo Fenández Blanco, como documentadora de la colección de porcelana isabelina, que hizo añicos la bomba en la embajada de Israel. Cecilia Felgueras tiene 39 años y pasó con éxito por la Secretaría de Cultura de la ciudad, el Centro Cultural Ricardo Rojas y la Secretaría de Promoción Social. Colaboradora cercana de la campaña que llevó a De la Rúa a la presidencia, arrancó en el nuevo gobierno como viceministra de Acción Social, pero inmediatamente fue convocada como interventora en el PAMI hasta que fue designada como candidata a vicejefa de Gobierno para las elecciones del 7 de mayo, en la fórmula de la Alianza junto con Aníbal Ibarra.
-¿Cuántos puestos tiene en este momento? ¿Es todavía viceministra de Acción Social?
-Estoy con licencia sin goce de sueldo hasta que termine la campaña. Cuando termine hay cuatro meses hasta asumir. En esos meses tomaré la decisión, si sigo trabajando en el PAMI o no. Soy interventora en el PAMI y soy candidata a vicejefa de Gobierno.
-Imagínese que en el gobierno anterior hubiera sucedido un caso igual al suyo. Una dirigente del PJ con dos o tres cargos simultáneos. Un año atrás venía un periodista y le preguntaba a usted, figura de la oposición en ese momento, su opinión. ¿Qué le hubiera dicho?
-A ver... No sé, me resulta más sencillo responder por mí. Siempre dije que la intervención del PAMI tendría que concluir con la llegada de la próxima primavera.
-Me parece que no me entendió. ¿No cree que hubiera sido histórico que usted le dijera que no a la invitación presidencial de acompañar a Ibarra?
-Siempre en la vida se puede decir que no. ¿Podría haber dicho que no? Seguro. Frente al pedido del Presidente decidí decir que sí, en especial porque yo creo en el proyecto político del Presidente y porque De la Rúa me convenció de la importancia de mi intervención en el PAMI y de mi colaboración en el Gobierno de la Ciudad. Mientras De la Rúa hacía campaña para presidente era jefe de Gobierno; mientras Ruckauf era vicepresidente hacía campaña para la Gobernación. Esto es así. En cuanto a decir que no, sería entrar en un terreno virtual, de pura hipótesis.
-Será así, licenciada, pero creo que cosas como éstas -y algunas más serias- es lo que lleva a la gente a perderles confianza a la política y a los políticos... ¿No cree que la gente puede pensar: pero qué, con el PAMI no le alcanzaba? ¿El PAMI le parecía poco?
-Mire, yo hablo mucho con señoras y sé perfectamente la tarea que estoy haciendo, los intereses que estoy tocando, tengo claro. Le aseguro que la gente en la calle no me pide que me quede en el PAMI, tal vez porque ya me conoce y sabe que voy a cumplir perfectamente con los dos compromisos. Otros tres periodistas a los que respeto mucho también me dijeron lo que me está diciendo usted, me llegó ese pedido, lo pensé y decidí seguir adelante.
-Pero en la esencia de la tarea política, ¿está el no poder decir que no?
-Al menos en la esencia de la mía, consiste en arreglar todo lo que se pueda de este país. En su momento fue la Secretaría de Cultura, después De la Rúa me dijo que me necesitaba en Promoción Social y muchos dijeron: pero, caramba, si está tan bien lo que hace en Cultura. Y en un año duplicamos la infraestructura social de esta ciudad. Cuando se respeta un proyecto político uno debe tener presente la disponibilidad para acompañarlo. El tiempo dirá; creo que ganaremos las elecciones, que haremos un excelente gobierno de la ciudad y yo seguiré sirviendo al PAMI. Pero lo tengo que demostrar.
-Hace poco apareció salpicada en una denuncia de corrupción, justo en uno de los monumentos a la corrupción del anterior gobierno.
-Le corrijo: no era yo la que aparecía salpicada, nadie me nombraba. Se trataba de un funcionario de primera línea del PAMI que había entregado un pliego. Ahí se hacen lecturas...
-Pues, con el propósito de no hacer lecturas, le pregunto qué pasó.
-Yo no sé qué pasó... algunos dicen que fue una operación de gente a la que se le están tocando los intereses y perdieron poder. Lo que pasó es que hubo una denuncia sobre prestación de sepelios, primero anónima, luego de identidad reservada, que de inmediato se empezó a investigar y que ya se demostró que no hubo nada irregular. Cuando me dijeron que había una denuncia, yo fui clara: investiguen, si hay que sumariar a alguien, se sumariará, si hay que echar a alguien se echará y si alguien tiene que ir a la cárcel, irá. Cuando yo llegué al PAMI sabía adónde llegaba. En la causa, que está a su disposición, se demostró que sólo era una denuncia. Hubo una renuncia indeclinable de una persona porque, según nos dijo, sintió que le había hecho un daño involuntario a la intervención. Al asumir traje a todos los organismos de control, desde la Sigen hasta los veedores de la UN. Pero nadie está exento de que, mientras estoy respondiendo a este reportaje, se esté armando algo a mis espaldas.
-¿Pero que es usted, una supermujer?
-Por ahí sí, qué sé yo... mire, ya me pasó cuando estaba como secretaria de Promoción Social de la ciudad, también ayudaba a escribir los discursos de De la Rúa y colaboraba en la campaña presidencial. Y bueno, en todo caso si un día dejo de cumplir daré las explicaciones correspondientes. Pero en este momento creo que puedo cumplir con todo.
-¿Sabe que ya circulan chistes sobre usted? Alderete difundió uno: contó que le dicen Blancanieves mala porque hace sufrir al enanito.
-Sí, lo escuché.
-¿Le gusta, la divierte, tiene el necesario sentido del humor como para bancarse la broma?
-Bueno, dependerá del chiste.
-Así cualquiera.
(Se ríe.) -Es que hay chistes que me gustan y chistes que no me gustan tanto. Lo que me llama la atención es haber pasado por buena parte de la literatura infantil: además de Blancanieves, en otros chistes fui Heidi, fui Cenicienta.
-¿Por qué Heidi? ¿Por qué Cenicienta?
-Heidi, sinceramente, no sé. Lo de Cenicienta lo pusieron el otro día en Página 12. Tenía que ir a un acto oficial y nos dimos cuenta de que los zapatos que llevaba no combinaban. Entonces, una persona salió a buscarme un par de zapatos, pero volvió con dos del pie izquierdo. Entonces Página contó que yo me probaba zapatitos como Cenicienta.
-Debe haber sido incomodísimo usar dos zapatos izquierdos...
-No, al final llegó el derecho, justo en el momento del acto. Me quedaron divinos.
-Bueno, puede dar gracias que la asocian con esos personajes y no con las brujas...
-Sí, es cierto. Pero también tiene que ver con que creo tener una buena relación con la prensa. Por ahora no fui bruja, pero en la telenovela El hombre, que transmitió Canal 13, me asusté cuando escuché el nombre del personaje que manejaba los hilos presidenciales, la mano derecha, la que solucionaba todos los problemas: Cecilia Folguerat. Primero me asusté, después pensé: debe ser una coincidencia. Y un día le mandé decir al guionista (N. de la R: el guionista de El hombre fue Luis Agustoni) que si verdaderamente ese nombre estaba inspirado en el mío, le pedía que me cuidara.
-Ahora, dígame, Blancanieves, Heidi y otros personajes: ¿es éste un lugar para usted?
-Sí, lo estoy demostrando, ¿no? De la Rúa sabía que mi especialidad son los organismos en crisis.
-Bueno, cuando esté en crisis la voy a llamar...
-De personas en crisis no sé tanto, pero de instituciones en crisis sí, se lo aseguro. Es mi especialidad.
-¿No podría hacer algo por Racing?
-Bueno, si usted me lo pide. No sé si el PAMI no es más crítico que Racing, y lo estamos llevando de las riendas. Y ahorrando 400 millones en dos meses.
-En los días de la denuncia fue interpelada en televisión por Jorge Lanata. ¿Cómo juzga su actuación en ese momento?
-Llegué a esa nota sin una gran experiencia previa y con alguna cuota de ingenuidad. No hice un media-training, no preparé las respuestas ni ninguna de esas cosas que los políticos hacen en circunstancias similares. Yo fui confiando en que lo que decía era verdad y que, finalmente, él me iba a dar la razón. Hubo discusiones acerca de si debía concurrir o no. Pero no hubiera podido ver desde mi casa que hablaban mal de mí y que la silla en la que tendría que estar estaba vacía. Lo hice a mi manera. Sé que muchos intereses malnacidos convergen en esta institución. Le aseguro que si hubiera podido poner a controlar las fuerzas de la OTAN aquí adentro lo habría hecho.
-¿Qué quisiera cambiar de la ciudad?
-Hay mucho para cambiar, y mucho que está cambiando. A partir de que contó con su autonomía y pudo elegir su propio destino y su propia responsabilidad. Era muy distinto que el intendente fuera un delegado del presidente a que, como ahora, la gente vote a quienes quieran que los gobierne. Lo que espero es que se expanda la descentralización para resolver los problemas de los vecinos. Después, le podría agregar que quiero una ciudad más segura, con más líneas de subte, con mayor control en el tránsito, más espacios verdes. Y todo esto se podrá dar con más fuerza cuando la ciudad quede dividida en alcaldías...
-¿Cuántas alcaldías?
-Hay muchos proyectos. A mí me gustaría que tuviera 12 alcaldías, pero la cantidad exacta me parece menos importante que el concepto. Todo esto ya fue legislado en la Constitución de la ciudad, que cada lugar de Buenos Aires pueda elegir a sus autoridades, según el nombre que se elija: alcalde, jefe de comarca, jefe de comunas de La Boca, de Barracas, de Mataderos, etcétera. Una eficaz descentralización permitirá ocuparse de las pequeñas obras -bacheado, veredas- mientras las obras macro seguirán su marcha por otro lado.
-¿Cuál es el lugar que le gusta de la ciudad para pasear?
-Soy fanática del río. La Costanera Norte, la Costanera Sur...
-Pero cuesta encontrar el río...
-Sí, se ve, entrando por la Reserva Ecológica...
-Sí, pero hay que caminar más de un kilómetro y medio...
-En una época, entrando por la Reserva, hacíamos en un pequeño anfiteatro hasta recitales de poesía. Pero no me quiero quedar sólo con el río: me gusta mucho la zona de La Boca, de Barracas, a pesar de su deterioro, un poco de Mataderos y la vida cultural de Recoleta.
-¿En qué barrio vive?
-En Palermo.
-¿Palermo Viejo? ¿Una zona inundable?
-No, no se inunda.
-¿Hay travestis?
-Por donde vivo, no, pero cerca sí.
-¿La molestan?
-No. Creo que hay que llegar a ordenar las cosas como para que no le molesten a ningún vecino.
-¿Alguna vez la robaron?
-Una sola vez. Iba a la noche por la calle Corrientes, y unos chicos que iban en moto me arrebataron la cartera.
-¿Qué dijo o maldijo?
-No, no insulté. Primero me repuse del susto y después pude entender que se trataba solamente de la cartera, y que entonces, eso no es nada, salvo el mal momento y el riesgo atravesado.
-¿Es cierto que cada mañana al levantarse escribe una lista con propósitos a cumplir?
-Sí, es cierto. Es un hábito que tengo hace muchos años.
-¿Qué escribió hoy, por ejemplo?
-Muchas cosas. Si quiere se la muestro, la tengo ahí. Escribo sobre lo que tengo que hacer, esta nota con la Revista, otra con Nelson Castro...
-¡Ah!, entonces se trata más de propósitos laborales o profesionales que filosóficos.
-Sí, una cosa práctica. En dos columnas: tareas y llamadas. Son cosas que me anoto a la mañana, a veces no en la agenda sino en la notebook, pero me cuesta acostumbrarme. A la noche las reviso y si lo considero todo cumplido, lo tildo o, de lo contrario, lo paso al día siguiente.
-¿Trabaja mucho?
-Seis días a la semana, trato de guardarme un día para mí, pero desde que estoy en el PAMI trabajo siete días. Hablando de no trabajar, le cuento que saqué un pasaje al exterior, para hacerme un viajecito a partir del 9 de mayo, aprovechando que tengo que ir a recibir un premio.
-Usted hizo la primaria y la secundaria en una escuela de monjas. ¿Qué escuela era?
-La Misericordia, de Flores.
-¿Recuerda haber tenido una hermana preferida y que se hubiera convertido para usted en una especie de confidente?
-Confidente no, pero una hermana preferida sí. Era la hermana Valeria: una mujer con la que se podía compartir un enorme, sólido conocimiento musical. Yo tocaba mucho la guitarra y también compartía con ella el gusto por las plantas.
-No sé si vive la hermana Valeria, pero de poder hablar con ella, ¿qué le confiaría?
-Primero me encantaría contarle lo que me está pasando. Y también le hablaría de cómo yo veo la política.
-¿Cómo la ve?
-Es como un viaje, una experiencia de crecimiento.
-¿Va a la iglesia?
-No con gran frecuencia, pero practico mi religión y mi fe. Voy a la iglesia de Santa Elena, que queda cerca de mi casa; a veces acompaño a mi padre en una iglesia de Flores.
-Estuvo casada 14 años, no tuvo hijos. ¿Se le plantea como una imposición hacer una familia, tener hijos?
-Ni como una cosa ni la otra. Se me plantea como un deseo. Sé que los hijos van a venir. Pero nada de eso lo anoto en la lista de cada mañana.
-¿Cuál de las tareas hogareñas le gusta más y cuál le gusta menos?
-(Se queda pensativa.)
-¿Qué piensa?
-En los chistes que pueden venir a partir de mis respuestas.
-Igual van a hacer chistes. ¿No sabe que los argentinos somos muy chistosos?
-En general, las cosas del hogar, salvo cocinar, me vienen bien todas.
-Usted, de joven, hizo cortometrajes. ¿Cómo eran?
-Y... muy buenos no eran. Eran cortos, algunos cortísimos, en Super 8. Uno era sobre las estatuas de Buenos Aires; otro sobre la vida en algunas villas del Gran Buenos Aires y otro sobre el barrio de La Boca. Con eso aprendí a mirar cine.
-Si pudiera tomarse un año sabático, ¿qué haría?
-Es una posibilidad tan lejana... Tal vez en escribir algún ensayo, una novela histórica. Hace rato que tengo ganas de escribir.
-¿Cuánto dedica hoy al cuidado de su imagen, de su físico, de su aspecto?
-Poco, tal vez una media hora a la mañana. A lo mejor si voy a un programa de TV me maquillo antes; siempre tengo un vestuario de repuesto aquí en el despacho. No más que eso.
-¿Podría describir lo que tiene puesto ahora?
-Tengo puesto un tailleur de crêpe de seda color marfil, con zapatos color habano. Luis Majul siempre me dice que debería acortar hasta las rodillas mis polleras.
-Haciendo política, ¿usted se considera más eficiente que un hombre?
-Depende de qué hombre... Me han dicho que soy muy eficiente, pero no me dijeron que lo soy más que un hombre o que una mujer. En la última encuesta de medición mencionan como mis características principales, luchadora, fuerte, inteligente, eficiente. Me puso contenta que empezaran por luchadora, porque la veo como una característica femenina. No sé si soy más eficiente que un hombre; sé que a las mujeres nos cuestan algunas cosas más que a los hombres: lograr los espacios, defenderlos, conservarlos. Insisto, no sé si soy más eficiente: seguro que soy más exigente.
Retrato de Cecilia
Cecilia Felgueras (nacida en San Isidro, pero desde los 3 años criada en Flores Norte) es la única de su familia que se dedicó a la política. No lo hicieron su madre, una psicoanalista fallecida hace tres años "que, lamentablemente, no llegó a verme en mi momento actual", ni su padre, un abogado "que nunca quiso saber nada ni con la política ni con el Estado". Tampoco sus hermanos se acercaron a la tarea pública: uno, abogado, y la otra, profesora de música, cada uno en lo suyo. Sus abuelos, que no viven, no padecieron las angustias que viven millones de jubilados en este país "porque tuvieron un buen pasar". El primario y el secundario, cursado en un colegio religioso de Flores, los terminó con 10 de promedio absoluto. Licenciada en Historia del Arte y máster en Políticas Públicas, Cecilia, en pos de una formación humanística, cursó materias sueltas de sociología, psicología, filosofía y cine. Se casó a los 20 años y se divorció a los 34. De su paso por el gobierno porteño, le pertenecen iniciativas como Buenos Aires Presente y las ediciones de Buenos Aires no duerme, en las que también trabajó Darío Lopérfido. En mayo, después de las elecciones, gane o pierda, recibirá en Río de Janeiro la distinción 100 jóvenes del siglo, para el que fueron seleccionados dos argentinos: ella y el directivo de IRSA, Eduardo Elsztain.
La entrevista se realiza en el despacho del piso 12 de Perú al 100, la oficina de la dirección en cuyo balcón terraza Alderete improvisó una canchita de golf. Con amabilidad, los anfitriones sirvieron varias vueltas de café y gaseosas.}






