Charlar con nuestros hijos: ¿cómo evitar los monosílabos?

Salen del jardín o los buscamos de un cumpleaños y empieza el interrogatorio;¿Cómo te fue? ¿Te divertiste? Bien, mal, sí o no parecen ser las únicas respuestas posibles
Salen del jardín o los buscamos de un cumpleaños y empieza el interrogatorio;¿Cómo te fue? ¿Te divertiste? Bien, mal, sí o no parecen ser las únicas respuestas posibles Crédito: Shutterstock
Cecilia Acuña
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14 de mayo de 2019  • 15:53

El diálogo fluido y de calidad con los niños es algo difícil de conseguir. En general, los más chicos suelen ser reservados al momento de contar lo que hicieron en el día o de hablar de aquello que piensan, sienten o les preocupa. Pero lograr una comunicación verdadera con ellos resulta fundamental tanto para la comprensión del presente como para la generación de la confianza necesaria pensando en conversaciones íntimas a futuro. Promover el diálogo familiar ayuda a una mejor convivencia y a un mayor conocimiento entre los miembros de la familia. "Por la comunicación pasa la vida porque los vínculos se construyen y se sostienen mediante el diálogo", asegura Marisa Russomando, licenciada en psicología especialista en crianza y maternidad.

Comunicación, no interrogatorio

Pero, ¿cómo hacer para promover la comunicación con nuestros niños si ellos suelen responder a nuestras preguntas con monosílabos? En principio se trata de formular las preguntas adecuadas para dejar que ellos se expresen lo máximo posible. "Las preguntas abiertas son un buen inicio para el diálogo. Hay que estar atentos a no confundir una conversación con un interrogatorio de rutina porque la comunicación es mucho más que la información. No es lo mismo recibirlos cuando apenas salen del jardín con un repertorio de preguntas - ¿tomaste la leche?, ¿a qué jugaste?, ¿qué comiste?- que con un simple ¿Cómo estuvo tu día? que invita a contar, a armar un relato", señala Gabriela Nelli, licenciada en psicología de Alojar, institución especializada en maternidad y crianza. En este sentido, Russomando aconseja también apelar al silencio: "Si vamos a buscarlos a jardín los recibimos con una sonrisa y un beso, nos quedamos callados y esperamos que sean los mismos niños los que empiecen a contar de manera natural".

Otra buena estrategia para generar una conversación es iniciarla uno/a mismo/a a partir de un relato de algo que hayamos hecho o nos haya pasado en el día. "Muchas veces cuando les hacemos preguntas los niños no saben qué responder y se quedan callados. En estos casos, una alternativa es comentar cómo nos fue a nosotros para que ellos aprendan a organizar sus propias experiencias y se animen a armar sus relatos sobre aquello que les estamos preguntando", sugiere la licenciada en psicología María de las Mercedes Lotufo, profesora de la Licenciatura en Psicología de la UADE.

El timing

Además de saber qué preguntarles hay que entender el momento adecuado para charlar
Además de saber qué preguntarles hay que entender el momento adecuado para charlar Crédito: Shutterstock

De nada sirve contar con una serie de preguntas jerarquizadas y amplias para hacer a nuestros niños si no logramos dar con el momento adecuado para hacerlas. Las especialistas coinciden en que una de las variables para lograr una buena comunicación con los niños es identificar las ocasiones en las que ellos se encuentran disponibles para conversar. "En las comidas, yendo o volviendo del jardín a casa, mientras se bañan, antes de dormir. Lo que está bueno es estar atentos a los momentos en los que nuestro hijo tiene ganas de conversar tanto promoverlo como para uno estar preparado y disponible", indica Russomando.

Lo cotidiano es el espacio de tiempo en el que se darán las conversaciones con nuestros hijos por lo que cualquier situación es susceptible de convertirse en un momento de diálogo. Y si la idea es promoverlo, entonces, deberemos mostrarnos disponibles a través de los gestos y las actitudes. En este sentido, Lotufo señala que "para una mejor comunicación es aconsejable colocarnos a su altura, ya sea arrodillándonos o agachándonos para ponernos cara a cara. Esta actitud nos hará más accesibles, generando una sensación de igualdad por parte del niño ya que no sólo nos comunicamos con palabras sino que también lo hacemos mediante gestos. Escucharlo con interés y atención, mirarlo cuando nos hable y cuando no nos hable también. No todo lo que quiera decir saldrá de sus palabras".

La comunicación de los sentimientos

"Hablar de lo que se siente no sólo representa un desahogo, también ayuda a identificar sentimientos, a poner las cosas en su justo lugar, a empatizar con el otro, a cambiar puntos de vista y a aliviar ansiedades", señala Nelli para destacar lo importante que es que los niños aprendan a comunicar sus sentimientos.

Si bien todos los posibles diálogos con nuestros hijos son importantes, aquellos referidos a sentimientos resultan cruciales porque aprender a identificarlos con palabras permite gestionarlos mejor. Así lo indica la especialista de la UADE: "En la medida en que podemos nombrar lo que nos sucede, podemos comprenderlo mejor. Como adultos debemos ayudar a los niños a reconocer sus sentimientos para que puedan aprender a regularlos. Esto fomentará el desarrollo de una buena autoestima y les brindará la posibilidad de mejorar el bienestar personal y social".

Y acá se trata de empezar por nosotros mismos como padres. Así lo asegura Nelli cuando dice que " para poder ayudar a nuestros hijos a que se animen a hablar de lo que sienten es fundamental que primero seamos nosotros los adultos los capaces de identificar, aceptar, transmitir y elaborar las situaciones que nos movilizan los sentimientos que nos generan. Sólo así podremos acercarnos a nuestros hijos y darles muestras en hechos concretos de que podemos escucharlos con empatía y de que tenemos genuino interés por enterarnos de sus cosas".

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