
Chile, una invasión pacífica
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Dueños desde un pequeño criadero de salmones en Puerto San Julián hasta la Central Hidroeléctrica El Chocón, y pasando por las más variadas actividades de la industria y el comercio, la Argentina, según dice con inocultable entusiasmo lo más granado del empresariado trasandino, ya está vista como parte del mercado interno chileno.
Metro más, metro menos, los cuatro mil kilómetros de frontera común entre ambos países no resultan el principal motivo que impulsa a Chile a invertir aquí.
La cercanía y un mismo idioma no siempre garantizan el éxito de una misión ni, mucho menos, la generosidad de las relaciones. Por lo pronto, no están lejos en la memoria los episodios de 1978, cuando chilenos y argentinos -gobernados bajo irracionalidades similares- estuvieron al borde mismo de una guerra anunciada pero jamás comprendida.
La intervención del cardenal Antonio Samoré, representante papal en la mediación por el diferendo del canal de Beagle y causa principal del conflicto, evitó la tragedia. Cuatro años después, los presidentes Menem y Aylwin firmaron el denominado Tratado de Paz y Amistad, puntapié inicial que solucionaría no sólo aquel controvertido episodio sino que, además, favorecería las negociaciones para terminar con veintidós diferendos limítrofes, quedando como último escollo la disputa por los hielos continentales. Hoy, el ex paso fronterizo Pehuenche se llama Samoré, en reconocimiento al éxito de la misión emprendida por el ya desaparecido cardenal.
Las cosas cambiaron. El hecho de poner blanco sobre negro y de limar los desencuentros geopolíticos abonó el terreno para que las economías de ambas naciones pudieran progresar, aunque con suertes distintas.
La Argentina recuperó primero su democracia, pero Chile supo consolidar antes su economía. Los resultados están hoy a la vista de todos.
El denominado boom de la inversión chilena en nuestro país es consecuencia del plan económico timoneado por el ex ministro Domingo Cavallo.
El plan de convertibilidad, la apertura de la economía y el proceso de privatizaciones son el trípode que sostiene la mudanza chilena que, en tan sólo cinco años, ha acumulado 5550 millones de dólares, y que promete alcanzar los 11.000 millones para fines del 2000. Después de los Estados Unidos, las más poderosas multinacionales y Francia, Chile es el cuarto principal inversor extranjero en la Argentina.
"El éxito de la inversión chilena en este país reconoce varias etapas. Pero es con el retorno de la democracia que mi país empieza a mirar más atentamente a la Argentina. Y el proceso privatizador argentino fue, sin duda, el gran disparador de este fenómeno", dice Ricardo Serrano, agregado comercial de la embajada de Chile.
América del Sur concentra el 82 por ciento de las inversiones trasandinas (alrededor de 8500 millones de dólares), pero sólo la Argentina, un mercado tres veces más grande que el chileno pero cinco veces más chico que el brasileño, acapara el 62 por ciento de ese total. Chile, con una tasa de desempleo de sólo 6,6 puntos, exporta el 32 por ciento de su producto bruto.
Asociado recientemente al Mercosur (decisión que produjo bastante recelo en el sector agropecuario), ahora la mira está puesta en Brasil, donde prevé inversiones cercanas a los 11.000 millones de dólares.
A la necesidad de muchas empresas de ensanchar sus negocios más allá de su frontera, se sumó ahora la posibilidad de acceder a una zona de libre comercio con penetración en el mercado brasileño. El Mercosur, entonces, le abre a Chile posibilidades impensadas hasta no hace demasiado tiempo.
La expansión chilena en nuestro país registra, al menos, dos instancias decisivas. Hacia fines de la década pasada, se produjo el primer intento inversionista con la llegada de pequeñas empresas que movían montos de escasa envergadura. Sonda Computación fue una de las primeras adelantadas .
El ingeniero Raúl Véjar Olea, vicepresidente de Sonda, distribuidora exclusiva de Digital en la Argentina, llegó al país en febrero de 1989. Una época aquella nada tranquila, por cierto.
"Yo creo que el éxito de las empresas -explica-, de los empresarios chilenos, se ha dado porque, antes que nada, supimos mirar a la Argentina con una proyección importante en el tiempo. Chile llegó a tener un 28 por ciento de desocupación y hoy apenas está un poco por encima del 6 por ciento."
-¿Usted mantiene el mismo entusiasmo de hace, por ejemplo, cinco años?
-Totalmente. Nosotros hemos crecido muchísimo en estos últimos años. Seguimos mirando el largo plazo, y el entusiasmo no decrece. Todo lo contrario. Si lo miramos en el corto plazo, lo que uno va a conseguir es seguir el humor de la calle. La Argentina es un país... vea, yo miro el mapa y no termino de asombrarme.
Hay tanto por hacer todavía. Los empresarios nunca dejamos de mirar el mapa de su país, lo comparamos con el nuestro y... ¡cómo no vamos a estar entusiasmados! Tenemos más entusiasmo ahora que antes.
-¿No le preocupa la turbulencia económica que atraviesa hoy la Argentina?
-No, no. Es más, nosotros esperábamos situaciones como éstas. Chile también las vivió en su momento, y ya ve, hemos podido superarlas.
-Alguna vez el ex presidente Alfonsín dijo que no estaría mal un poquito de inflación si con eso la gente viviera mejor.
-Mire, ésas son frases que, obviamente, buscan el aplauso de la gente. Es, qué se yo, como hablar bien de Maradona. Pero está claro que la inflación hace muy mal, porque el que la sufre es el que menos recursos tiene. Aunque sea uno por ciento, eso afecta mucho a la gente.
El segundo avance chileno se concretó en los inicios de los noventa, cuando los empresarios comenzaron a ver con no poco entusiasmo las características del modelo económico argentino.
"Un paso fundamental fueron los acuerdos de complementación económica firmados por el ex presidente Aylwin y el doctor Menem. Eso fue en 1991. Y resultó vital para el futuro", rememoran los empresarios.
El sector energético fue el más buscado por los chilenos. Abarca el 55 por ciento del total de las inversiones, con un desembolso de 3054 millones de dólares: en apenas cinco años Chilgener, Enersis y Endesa se quedaron con diez compañías de electricidad.
Los más importantes grupos chilenos -Luksic, Costa Carozzi, Ambrosoli, Cencosud, Enersis, Errázuriz, Matte y Pathfinder- pronto comenzaron a pesar fuertemente en todos los sectores: desde la industria hasta el comercio y los servicios; desde los bancos, AFJP y seguros hasta imprentas, comunicaciones e informática, todo se acomodó a lo que hoy se ha dado en llamar el estilo chileno de hacer negocios.
Ricardo Serrano, radicado en nuestro país desde 1990, durante dieciséis años actuó como comisionado en las Naciones Unidas en Ginebra.
Si bien la primera puerta que tocan los empresarios chilenos es la de la calle Tagle, donde está la embajada, Serrano es el consultor insoslayable de sus compatriotas a la hora de averiguar el quién es quién de los empresarios argentinos, características de las empresas a las que les han echado el ojo y el siempre urticante tema sindical, algo que los chilenos miran con urticante fastidio.
La otra función del hombre que está a cargo de ProChile, departamento que depende directamente de la embajada, es armonizar las relaciones entre los empresarios de ambos países.
-¿Por qué Chile se lanzó a capturar el mercado argentino como nunca antes en su historia?
-Bueno, es verdad que éste es un acontecimiento histórico para nosotros. Chile jamás, en su larga historia, invirtió tanto en este país. El disparador, además de la coincidencia del régimen democrático, fue, sin duda, el plan que llevó adelante el ex ministro Cavallo. Eso es incuestionable. Brasil cuenta con un mercado varias veces superior al nuestro, pero para el empresario chileno el potencial de la economía argentina era más fácil de dimensionar. Es más, y esto lo digo entre comillas, nosotros a la Argentina la podemos ver como parte del mercado interno chileno.
-¿Lo inquieta al inversor la recesión, el desempleo y el descontento social que vive hoy la Argentina?
-Mire, yo creo que sería falso decir que no lo inquieta. Sin embargo, la lectura que ellos hacen de esta realidad es distinta de la que hacen los empresarios argentinos. Recuerde usted que nuestros empresarios vienen de un país que ha pasado por épocas de tasas de desempleo más altas que las que hoy tiene la Argentina. Y pudieron resolverse. Hoy, en Chile, la tasa de desempleo es de 6,6 puntos y sigue en baja. De todos modos la idea del pleno empleo es muy utópica. No hay país en el mundo que cuente con pleno empleo.
-¿D e qué modo supone que crecerá la inversión chilena en los próximos cinco años?
-Crecerá enormemente, no hay dudas de esto. Creo que deberíamos llegar a otros 5000 millones de dólares hacia el 2000.
-¿Y cuáles serían los sectores más favorecidos?
-Tengo la sensación de que las inversiones apuntarán al sector inmobiliario, al agroindustrial -hay mucho por hacer en este campo-, a los servicios -bancarios, seguros, comunicaciones- y a la minería. Además, se buscará asociarse con empresarios argentinos para fortalecer las exportaciones al sudeste asiático.
-La continuidad del modelo económico es la causa principal del éxito de Chile. En 1980 liberalizó la economía y a partir de 1985, cuando asumió Hernán Büchi como ministro de Hacienda, se profundizaron aún más los cambios. Pero, ¿sólo por eso Chile es lo que es hoy?
-Mire, en gran medida se debe al plan, es cierto. Pero es cierto también que Chile nunca fue un país rico. Sin embargo, hoy exporta el 32 por ciento de su producto bruto y es notable la conciencia que se ha generado no sólo en el empresariado sino también en la gente común. Todos entendieron que exportar era la clave. Büchi, indudablemente, armonizó, motorizó y encarriló la economía chilena. Pero debo decirle algo importante: para lograr esto hubo que apuntar fuertemente a la educación. Chile empezó a preocuparse por la excelencia, desde el empresario más renombrado hasta el obrero. Somos muy cuidadosos de lo que producimos porque de eso vivimos todos. Comprendimos rápidamente que había que apuntar a la excelencia. En ese sentido, le digo que el presupuesto en educación técnica y primaria es el segundo en importancia en Chile. Hace poco, sobre el presupuesto original en educación, se aumentó 1500 millones de dólares más. Estamos convencidos de que si no educamos a la gente, no vamos a poder seguir avanzando. La clave está en la educación, que no la tomamos como un gasto sino como una inversión. Y quien la tome como un gasto, bueno, está perdido.
-El modelo económico provocó un costo social muy alto. ¿Cómo lo evalúa hoy?
-Efectivamente, toda medida económica drástica genera costos sociales importantes. Fue muy duro en Chile. Afortunadamente, eso se revirtió y los resultados empezaron a llegar, sobre todo a partir del gobierno del presidente Aylwin. Además, no hay que olvidar que Chile nunca fue un país rico. Ahora, yo creo que la teoría del pleno empleo no existe más, en todo el mundo. Recuerdo la época que abarcó desde 1945 a 1970, con el boom petrolero, por ejemplo, que sí generó pleno empleo. Pero hoy día es imposible suponer que vuelva aquel fenómeno.
-¿En qué se diferencia la pobreza chilena de la argentina?
-Es muy difícil marcar las diferencias. Junto con Uruguay, la Argentina es el único país del mundo donde la alimentación básica de los pobres es la carne. ¿Sabe lo que eso significa? En Chile hay muchos sectores de la sociedad que no tienen acceso a la carne.
-Se habla de que hay un estilo chileno para hacer negocios. ¿Cuál es ese estilo?
-Yo no sé si hay tal o cual estilo. Pero, para no dejarlo sin respuesta, le pongo un ejemplo. El año último Chile exportó frutas por más de 1000 millones de dólares. Una cifra extraordinaria para un país donde a los árboles frutales hay que regarlos uno por uno porque no tiene las condiciones climáticas que sí tiene la Argentina.
-¿Cómo definiría usted al empresario chileno?
-En una palabra, diría que es prudente. Históricamente, el empresario chileno ha tenido siempre un perfil bajo. A diferencia de lo que se ve en la Argentina, los nuestros son muy reservados, no muestran sus casas, no hacen ostentación. Digamos que trabajan en silencio, aunque ahora, en fin, en mi país empiezan a verse algunos con actitudes diferentes. Pero, por regla general, son muy sobrios.
-¿Qué es lo que más les preocupa hoy a los inversores?
-(Se tomó su tiempo para contestar. Fue, quizá, la respuesta más pensada) Lo que más desean es que se mantenga la convertibilidad y que la recesión empiece a mostrar signos de retroceso. Obviamente, nuestros empresarios confían en que esto suceda.
Jorge Palomar
Dibujos: Huadi






