Chino Moro: “La palabra ‘moda’ me satura”
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Como fotógrafo de moda marcó una generación, y todo Punta del Este lo sabe. Las personalidades que causaban furor en los 90 querían posar para él. Daniela Urzi y Carola del Bianco son grandes amigas de esa época de frenesí esteño. Por eso, cuando el Chino Moro aparece en un parador o en alguno de los eventos que hacen que este balneario pueda jactarse de ser el más lujoso de América Latina, los habitués de ayer y hoy lo saludan con mucho afecto y recuerdan alguna anécdota. Después de haber trabajado a destajo en un centro de la moda mundial como lo es Nueva York, se lanzó de la jungla de cemento a la jungla tropical y construyó su nuevo y definitivo hogar en Tulum, donde vive desde 2007 con su mujer, la modelo Martina Correa, y su hijo de cinco, Lorenzo. Allí conoció una vida totalmente diferente y decidió olvidarse del glamour impostado de las grandes urbes. Creó su propia definición de lujo y la sostiene con la alegría de quien vive de lo que ama. "Hago lo que realmente me gusta, más allá de la plata. Para mí, ese es el secreto. Cuando lo hago, estoy ganando dinero de una forma que no me doy cuenta. Para mí es un placer", dice en una charla con la nacion al atardecer. Los colores se están yendo en la playa mansa de José Ignacio y el Chino apenas puede despegarse de Martina. Enamoradísimo, solo tiene elogios para ella y para la vida que construyeron juntos. En Tulum, el Chino sumó un nuevo oficio a su cartera, que ya incluía además de fotógrafo, diseñador de muebles, decorador, y hasta vendedor inmobiliario. Se convirtió en DJ de la mano del movimiento shamanic house y comenzó a presentar algunas de sus sesiones en Punta del Este este verano con gran éxito. Un atardecer en el Hotel Fasano el 1º de enero sirvió de lanzamiento para un año en el que piensa dedicarse mucho a su nueva pasión. Y a las que vengan también.
Que fluya es su máxima. El Chino y su familia eligen vivir no más de cuatro meses fijos en cada lugar. En Tulum pasan sus días más sedentarios. Luego viajan. De noviembre a marzo están entre la Argentina y Uruguay. José Ignacio es otro de sus lugares en el mundo. El lujo relajado que caracteriza estas playas son un imán para él.
–¿Cuándo empezó la aventura mexicana?
–Me fui a México, la primera vez en el año 98, abrimos un bar, con unos amigos, nos fue muy bien. En 2004 lo vendimos y me fui a Nueva York a trabajar. Ahí conocí a Martina, ella estaba en plena carrera como modelo. A mí me había quedado siempre pendiente volver a México, y en 2007 dijimos vamos a hacer algo... Me terminé construyendo una casa en medio de la jungla, cansado de la moda y de las ciudades grandes. Fue la mejor decisión que tomé en mi vida. Nos instalamos ahí, en 2013 nació Lorenzo, nuestro hijo, en Playa del Carmen, y no me moví más, es mi base. Pero somos muy viajeros, nos encanta viajar por el mundo y pasamos muchos meses afuera, somos un poco nómades.
–¿Cómo es criar a un niño nómade?
–Durante los meses que estamos en Tulum, hacemos home school en casa. Martina le enseña todo. Después, en cada viaje, lo mandamos a tomar clases en escuelas de arte, clases de surf, de pintura; allí donde va, aprende algo. Es una forma de educarlo diferente, veo los resultados entre él y los chicos que van al colegio. Tenemos una relación hermosa los tres, estamos todo el tiempo juntos.
–¿Cuál es tu relación con la moda, hoy?
–Estoy como saturado. La palabra "fashion week", moda, me satura. Los que diseñan son muy pocos, es todo copia, ahora todos tienen acceso a un montón de información, nadie crea, todos están esperando que un talentoso haga algo bueno para copiar. Me fastidia. Para mí la moda no existe más, no me interesa. La veo más en el arte, en lo que puede crear cada uno con su vestuario. Que tu personalidad no te la de una marca. Que la des vos. Que algo esté de moda es lo peor que te puede pasar. Yo me visto con lo que tengo, lo que veo y me gusta, me lo compro, no es el diseñador o la marca. Sí todavía me gusta Polo Ralph Lauren. Es la única marca que compro ropa.
–¿Usás las redes sociales? ¿A quiénes seguís?
–Amo mucho la decoración, sigo cosas que tienen más que ver con la deco en Instagram, o DJ que me gustan. Uso mucho las redes, me contratan por redes, me inspiro, busco música, no lo veo como algo negativo. Antes tenía que esperar que me llegara un fax para que me confirmen un trabajo. Ahora puedo estar en la playa y que me entre el mensaje. No lo veo de forma negativa. Mi hijo con el iPad puede hacer muchas cosas, diseñar casas, habla italiano gracias al iPad… Los niños son esponjas. Salimos a mirar el cielo y con el iPad reconoce las constelaciones. No hay que renegar pero hay que cuidar y guiar lo que querés que vean.
–¿Qué te inspira en esta nueva faceta como DJ?
–Crecí en una generación de DJ de música más tranquila, no me gusta la música de reviente. Me gusta un buen house un buen minimal. En Tulum se creó todo un movimiento de ceremonial y shamanic house que me mató. Es un concepto que nació prácticamente en Tulum. Es un movimiento que tiene que ver con esto que hablamos... Un cambio de hábitos. Ropa liviana, música, danza, agradecimiento, contemplar un atardecer. La gente no tiene ni tiempo de contemplar un atardecer. El concepto de shamanic house y ceremonial tiene que ver con eso, un montón de cosas que se pasan por alto. Al atardecer, agradecer que llegamos al final del día. Mañana será otro.
–¿Cómo sigue tu camino en la música?
–Me encantaría producir, me encantaría, pero tendría que pasar mucho tiempo con la computadora y me resisto a volver a eso. No quiero. Demasiado tiempo pasé por la fotografía. Y ahora con el teléfono.
–¿Pensás volver a la Argentina?
–No volvería. Lo más cerca que estoy es Uruguay. Amo José Ignacio. Siento que puedo tener acá la misma vida que tengo en Tulum. La Argentina está muy difícil. Cuando me fui siempre pensé que iba a volver. Pero veo que tenemos un montón de generaciones echadas a perder. Hay muchas cosas para hacer. Yo tengo séptimo grado aprobado y salí adelante de la mano del arte. Creo que la Argentina está quedada, en la música también. Se debilitó. Prefiero escuchar a Cafrune y a Los Chalchaleros que las letras de la cumbia. Para mí la música es más profunda. Sui Generis, Cerati, ya no hay gente que haga cosas como ellos.
–¿Qué argentinos te parece que están haciendo las cosas bien, en moda y en música?
–En moda, Etiqueta Negra es algo que usaría. En música, Hernán Cattaneo me parece que es un genio con lo que logró. Carlos Alfonsín fue muy exitoso en los 90, no se prostituyó, no es lo que está de moda, pero eso es lo que a mí me gusta.
–¿Seguís la actualidad argentina?
–Trato de elegir cada día cómo vivir. Agarro las noticias y pienso que tengo cosas para preocuparme en casa. Sé que es demasiado egoísta. Pero ningún gobierno te puede prohibir ser feliz. Yo en México no pienso qué gobierno hay. Yo creo que está en uno. Los sueldos no alcanzan en ningún lado. Yo pongo música, saco fotos, diseño muebles, vendo en una inmobiliaria, decoro, arreglo, hago mil cosas para poder vivir. Cosas que me gustan. A mí ningún gobierno de ningún tipo me regaló nada.
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