
Cine que vuela
Una nueva sección del Festival de Berlín presenta ocho películas en proceso, únicamente argentinas
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Ningún oso suelto por Alemania quedará esta vez en manos argentinas. Un año después del resonante paso de "El abrazo partido" -con premios para la película y para Daniel Hendler-, la nueva edición del Festival de Berlín (que comenzó ayer) no cuenta, extrañamente, con films nacionales en competencia oficial. Pero el boom del cine criollo continúa con onda expansiva: este encuentro, uno de los más prestigiosos del mundo, inaugura el domingo un espacio exclusivo para películas argentinas en proceso, una oportunidad para ayudar o definir el futuro de ocho largometrajes. "El principal criterio para elegir los proyectos fue la diversidad, que representen al país mucho más allá del mote de Nuevo Cine Argentino, que ya nos tiene un poco cansados. Creemos que en este grupo está representada la variedad de miradas que existe actualmente en el país", comenta Hernán Guerschuny, director junto con Pablo Udenio de la revista Haciendo Cine, ambos responsables de la sección "Work in Progress" del Festival de Cine Independiente porteño (Bafici) y ahora también del flamante espacio de la Berlinale.
La idea es presentar material de cada película ante players internacionales (financistas, distribuidores...), para lograr acuerdos que permitan que, paso a paso, cada film llegue a los espectadores. Así como "Los Rubios", "Nadar solo" y "Tan de repente", entre muchas otras, pasaron por el WP porteño, las puertas de Berlín se abren ahora con mayores expectativas. "Están en el lugar donde suceden las cosas, en uno de los cinco mercados más importantes del mundo -agrega Udenio-. Si bien las ocho películas son muy diferentes, creo que hay novia para cada uno de los proyectos."
En la sección se presentarán operas primas y segundas películas: "Como un avión estrellado", de Ezequiel Acuña; "Mala Sangre", de Pablo Fendrik y Mariano Pariz; "Tatuado", de Eduardo Raspo; "Judíos en el espacio" (título tentativo), de Gabriel Lichtman; "Vida en Falcon", de Jorge Gaggero; "Un buda", de Diego Rafecas; "Cándido López, los Campos de Batalla", de Jorge García, y "Hogares", de Juan Ojuez.
"Los directores argentinos tienen la gimnasia de golpear siempre la puerta del Incaa, pero acceder a financistas de afuera aparece una alternativa real para plantear los proyectos de otra forma", dice Guerschuny. "Es darle un descanso a la teta del Instituto, pero también de ampliar la cabeza -agrega Udenio-. Puede ayudar a trabajar como en el Primer Mundo, donde hay una combinación de cosas. El Incaa siempre va a participar, pero estar en el mercado puede ayudar a realizar muchas más películas." Varios proyectos respondieron a una convocatoria general, entre ellos "Hogares", una mezcla de documental y ficción. "La idea es extender un cortometraje -explica su director-. Tenía ganas de seguir con ese personaje, el protagonista, que es mi hermano. Cuando decidieron internar a nuestra abuela en un geriátrico, fui con una camarita, filmé el proceso. La historia quedó como una relación entre ellos dos. Mi hermano tiene una mirada muy pura sobre la vida, una cosa de inocencia que me interesaba continuar. Es un genio. Además, uno le pone la cámara enfrente y para él no cambia nada."
"Judíos en el espacio" fue uno de los films que los organizadores convocaron directamente. Es una historia de amor en el marco de una fiesta judía. Según el director, poco tiene que ver con la mirada de Burman, que tanto gustó en Alemania. "El trabaja más con la descripción de un mundo interno. Lo mío es contar una historia a partir de un joven, donde el tema de la religión es un poco aleatorio. Son judíos, pero podrían ser tanos."





