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Finalmente, Claudio Paul Caniggia (52) y Sofía Bonelli (26) sellaron su amor en Tulum, frente al Atlántico. Tal como lo anticiparon en ¡Hola! Argentina, se comprometieron con una ceremonia maya, un ritual ancestral que se practicaba en la época precolombina entre los jóvenes para bendecir su unión. Fue el domingo 3, después de las 17:30, acompañando el atardecer, un momento que muchos locales aún consideran sagrado.
La ceremonia estuvo a cargo de la chamana María del Carmen y duró 45 minutos. Los novios llegaron juntos –y descalzos– a la terraza del hotel Azulik, donde los esperaban sus testigos e invitados. Entre ellos, algunos famosos, como Nahuel Mutti y Cata Spinetta. El lugar estaba decorado con velas, alfombras, almohadones, y un corazón hecho con pétalos de rosas. Sofía usó un vestido de Nicholas K, diseñador de Nueva York, de encaje y corte sirena, con escote en V profundo. Muy en sintonía con el lugar, el traje de la novia lleva etiqueta de "sustentable", porque está hecho con elementos naturales y atravesó un proceso de color muy delicado que no contamina. Claudio Paul –que "armonizó" su previa al ritmo de Guns N’ Roses– usó una camisa negra con flamencos rosas bordados y pantalón blanco.

El ritual empezó con la "limpieza" de los novios con humo negro de copal (una resina vegetal que los mayas solían utilizar como remedio medicinal o como ofrenda para los dioses). El propósito de la celebración, además de bendecir la unión, es espantar las malas intenciones, la envidia, el despecho y todo tipo de malas energías. "Esa fue una de las causas por las que decidimos comprometernos con este ritual maya. Quisimos bendecir y proteger nuestra pareja", aclara Sofía. Y, sin nombrarlo, se refiere a todos los comentarios que despertó su noviazgo con Caniggia (y a todo lo que se dirá una vez que se conozcan las fotos que acompañan este reportaje). Después de recibir el humo sagrado, sentados sobre almohadones, tomados de la mano, los novios comieron cacao y bebieron mezcal. En esta parte del ritual demuestran su intención de compartirlo todo y brindarse al otro.

Acto seguido, los invitados tomaron algunos instrumentos de percusión (maracas, palos de agua, tambores) y empezaron a hacerlos sonar, mientras intentaban seguir el ritmo que marcaba María del Carmen. En el cierre, con la puesta del sol como telón final, los novios bajaron a la playa para dejar sus ofrendas en el mar.
Estaba previsto que los novios intercambiasen alianzas frente a la chamana. Claudio Paul las compró apenas llegó a Tulum. Sin embargo, nadie se explica cómo se perdieron durante los preparativos. Los novios dieron vuelta su habitación pero no las encontraron. Las alianzas aparecieron, misteriosamente, donde ya las habían buscado, en la mañana siguiente. Uno de los mayas que participó en la celebración de su compromiso les dijo que esas cosas suelen suceder en Azulik, que está lleno de duendes que se divierten escondiendo cosas. Hoy, Claudio lleva su alianza. Sofía no la tiene puesta, dice que la incomodan los anillos.
La noche del domingo 3, inolvidable para Claudio Paul Caniggia y Sofía Bonelli, terminó con un banquete en el restaurante japonés que hay dentro de Azulik. Los novios y sus invitados comieron pulpo, sashimi y rolls de sushi (picantes en su mayoría). Después pasaron a un sector más privado del hotel, donde bailaron al ritmo de un DJ hasta el amanecer.

Elegimos comprometernos con este ritual maya porque queríamos bendecir y proteger nuestra pareja









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