Comienzo abrupto. Se inició en el negocio familiar por la bancarrota de su padre
Rogerio Fasano dejó su camino cinematográfico en Londres para regresar a Brasil. Allí pudo reconstruir el imperio con los ladrillos que quedaban.
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El lujo de Rogerio Fasano parece inteligente. Abrevó en los fracasos, el mejor sitio para aprender cuando se lo toma en serio. La historia comenzó en 1902, cuando Vittorio Fasano, un italiano de Milán y patriarca de la familia, llegó a Brasil e inauguró la Brasserie Paulista en San Pablo. Su hijo menor, Ruggero, continuaría su legado con numerosas apuestas, algunas acertadas y otras no tanto. Los emprendimientos gastronómicos se siguieron sucediendo hasta que el Winter Garden se transformaría en el epicentro paulista con visitantes como Nat King Cole, David Niven, Marlene Dietrich y Ginger Rogers; el príncipe de Gales, Fidel Castro y Dwight Einsenhower. Para 1982, la tercera generación había ensombrecido el pasado. Un par de golpes de mala suerte y decisiones equivocadas llevaron a la dinastía casi a la quiebra. Requirió de la energía de Rogerio para volverla al esplendor, quien dejó su camino cinematográfico en Londres para regresar a Brasil y reconstruir el imperio con los ladrillos que quedaban.
Rogerio Fasano nació en San Pablo en 1962. A los 18 años se afincó en Londres para estudiar cine. Su primer trabajo había sido en la compañía de ballet de su madre. Volvió a San Pablo con 20 años. Luego de un primer fracaso en la apertura de su restaurante iniciático, encaminó el grupo de manera extraordinaria y con una visión muy personal cuenta hoy con 24 restaurantes, 7 hoteles y emplea a más de 1.500 empleados en todo el mundo que lo llevaría a convertirse en el rey Midas de la industria.. Prepara su desembarco en New York y la apertura de 3 nuevos hoteles.
Tanto en sus lobbies, como en sus restaurantes o bares los líderes cierran negocios, los influencers instagramean y las celebridades se refugian de las multitudes. “Aprendí que si no se trabaja bien, hay cosas que se vuelven viejas, mientras otras se transforman en clásicos”, asegura.

¿Y cómo se hace para conseguir esto último?
Un aspecto común que acompaña a todos mis proyectos es la preocupación por la atemporalidad. Mis sentimientos y referencias personales también juegan un papel importante. Nunca creo un restaurante ni un hotel siguiendo las tendencias y nunca se trata solo de un diseño o solo de comida. Es una combinación de elementos que también tiene que ver con mi trabajo como restauranter. Quien solo piensa en enriquecerse tiene pobreza de alma, porque solo unos pocos pueden experimentar lo más caro, el resto depende de una clase media abundante.
¿Qué tradiciones ha heredado de la familia que puede detectar en su negocio?
Creo que tengo una forma de gestión más personal y sin reglas, además de tener hábitos simples. No creo que se herede, sino más bien que lo tenemos en la sangre. No hemos sido ricos. Todo lo que tengo lo reinvierto en mis negocios. Mi vida es muy diferente de lo que puede parecer desde fuera. Vivo en un apartamento de 200 metros cuadrados, muy cerca del hotel. Es el tipo de apartamento que puedo mantener. No me quejo, estoy muy centrado en la calidad, y esto tiene un precio en la vida
¿Cuáles son los cinco valores que debe tener un emprendedor?
Prepárate para decir que no; sé feliz y haz lo que amas; presta atención a los pequeños detalles; elige estar siempre presente y nunca renuncies a la calidad. Y sumaría un extra: la paciencia. Nuestro primer proyecto tardó 15 años en despegar.

¿Es la gastronomía la base de un hotel o viceversa?
Cuando se trata de Fasano, la cocina es la esencia. Somos una marca de gastronomía que se expandió a la hospitalidad siguiendo un deseo que tuve durante tanto tiempo que ya no recuerdo cuándo comenzó. Es fundamental encontrar aquello sobre lo que centrar la preocupación a la hora de emprender. La nuestra siempre estará en torno a la gastronomía, desempeñará un papel fundamental dentro de cada proyecto.
Usted considera que un hotel que te hace sentir como en casa es un fracaso. ¿Cómo debe sentirse un hotel?
Siempre pensé que si nuestros huéspedes se sintieran como en casa en nuestros hoteles, estaría haciendo todo mal. La razón es simple: no puede vivir en un hotel y no puede solicitar el servicio de habitaciones en su casa a las 4 de la mañana. Una vez que uno está en un hotel, tiene que sentirse como en tal. Uno de nuestros grandes atributos es que logramos que nos visiten los locales, creando así una identidad muy personal. Ellos vienen a estar en otro sitio que no es su casa en la misma ciudad que habitan. Lo hacen porque en nuestros emprendimientos se sienten diferentes. Especialmente diferentes.

¿A dónde va el mundo de los viajes en los escenarios globalizados y posmodernos?
No por la ostentación, sino por un lujo simple, donde la experiencia se grabe en la retina y no en los objetos. Mucho más aún ahora, en tiempos de pandemia. Son los milennials los que nos empujan a vivir de otro modo la suntuosidad. El tacto de la sencillez, la linealidad de las formas, la integración con el paisaje, los sabores básicos, la mano del artista y la armonía de todas esas sensaciones para lograr momentos especiales. La vida ya es demasiado complicada para que quieran poner pepinos en mi Gin Tonic.

Pensaba hacer cine y de pronto se vio salvando a la familia, ¿se arrepientes del golpe de timón?
Realmente no. Amé vivir en Londres y sigue siendo sin dudas mi ciudad favorita. Pero mucho de lo que hacemos hoy tiene algo de cinematográfico: es una superproducción que implica mucho trabajo, mucha técnica, mucha escenografía, mucho dinero y mucho talento.
Viajemos juntos por el mundo: ¿Qué ciudad? ¿Qué Hotel? ¿Qué restaurante?
Venecia; El Hotel Gritti Palace; restaurante Da Fiore. Repito muchos los sitios que visito. Me gusta la vida cool elegante; simple, pero bien hecha. Esa ciudad es la única en la que viviría, es simultáneamente la más local y cosmopolita del mundo. Me encantaría abrir un Fasano allí. Un emprendedor sueña primero, para que luego suceda.
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