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Calidad de vida

Cómo es reparar un acuario con los peces y un millón de litros de agua adentro

Irina Sternik
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3 de mayo de 2018  • 12:31

El Acuario oceánico de Temaikèn tiene 1200 m2 y un millón de litros de agua salada por donde pasean confortablemente sus 100 peces de ocho especies diferentes: tiburones, rayas, chuchos, corvinas rubias, corvinas negras, besugos, meros y medusas.

Fue inaugurado en 2002 y desde entonces recrea la calidad de vida del mar argentino: pH alcalino, salinidad, temperatura del agua y la iluminación del entorno tal como tiene el hábitat real de los peces. Y como sucede en todos los acuarios del mundo, era tiempo de ponerlo a nuevo.

El acuario de Temaikèn es uno de los pocos en el país con estas características, además del de Mar del Plata. El de Mundo Marino tiene animales marinos de gran tamaño y peso, y el de Rosario, recientemente inaugurado, es de agua dulce.

El equipo en acción
El equipo en acción Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Massobrio

"Cuando empezamos los animales eran pequeños. Con el tiempo fueron creciendo y trasladarlos nos hubiera requerido armar una pileta paralela auxiliar con todas las condiciones de confort que tienen acá: temperatura del agua, equipos de filtrado y los equipos de la planta que no los podés usar a 200 metros" explica Federico Argemi, responsable del acuario de la Fundación Temaikèn.

Si bien el parque temático tiene otros acuarios en el parque, el problema de éste era la agresividad del agua salada, que produce más deterioro que el agua dulce: "Aquí tenemos la fauna del Atlántico argentino, pero estamos a 400 kilómetros del mar", indica Guillermo Musante, arquitecto del bioparque Temaikèn; y cuenta que es un ámbito circular, construido con ocho grandes paneles de acrílico que albergan más de un millón de litros de agua salada: "El promedio de todos los acuarios del mundo es el mismo; después de 15 o 16 años es necesario reparar la parte de los acrílicos y las ventanas".

Después de 16 años, era tiempo de ponerlo como nuevo
Después de 16 años, era tiempo de ponerlo como nuevo Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Massobrio

Las opciones no eran muchas: o se mudaban para arreglarlo, o contrataban al SWAT de la reparación de acuarios, la empresa Aquatic Solutions, única en el mundo en esta especialidad.

Sin cerrar el parque temático -ni el acuario- el equipo de trabajo de esta empresa de California se encargará de dejar a nuevo el recinto en un lapso de cinco semanas: "Vamos a reparar parte de concreto y hacer el sellado de siliconas de los distintos sectores que corresponden a la estructura de esas ventanas" dice Drew Anderson, presidente y creador de Aquatic Solutions.

Durante el proceso que durará la reparación se montó un centro de operaciones en el piso de arriba del acuario, desde donde se controlan todos los mecanismos. Allí, Anderson es el comandante de la situación. Al igual que en una operación a corazón abierto y en tiempo real, va vigilando y asistiendo todos los movimientos de su equipo en unos monitores creados para tal fin.

El centro de operaciones
El centro de operaciones Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Massobrio

Para esto viajaron 15 personas, entre los que se encuentran biólogos marinos, buzos y profesionales experimentados en la construcción. Los buzos trabajan en turnos de tres horas en constante monitoreo y comunicación con el centro de operaciones: cuentan con oxígeno, cámaras HD, micrófonos para comunicarse y la supervisión imprescindible para evitar cualquier tipo de problema dentro del agua. El desgaste físico de los operarios es notoria pasadas las tres horas. Por eso fue necesario el traslado de un gran equipo de trabajo y 4000 kilos de equipaje que tuvo que tramitar permisos y autorizaciones para poder entrar al país.

El director de Aquatic Solutions toca madera cuando se le pregunta si alguna vez tuvieron un accidente: "solo me corté el brazo cuando estaba levantando una lancha en San Francisco" dice, e interrumpe constantemente la entrevista para chequear que esté todo bien con los buzos. Se escucha la respiración de cada uno de ellos, con un sonido entre acuático y espacial. "Trabajamos con escafandra para mantener las cabezas secas porque después de cuatro horas es mejor así. Es mucho tiempo para tanto esfuerzo y concentración". La atención y tensión que se percibe en el aire tiene su correlato en la realidad: "Se el rendimiento exacto de cada uno de los buzos. Depende de la temperatura del agua, de cuánto durmió anoche", relata mientras sigue hablando con el intercomunicador con ellos.

El trabajo debe ser muy minucioso para evitar accidentes
El trabajo debe ser muy minucioso para evitar accidentes Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Massobrio

El trabajo es delicado por los peces y por los buzos. Por eso trabajan con equipamiento especial: "donde vamos llevamos compresores eléctricos que funcionan con gasoil (diesel); el tanque mayor va a la caja de control, que nos indica cuánto aire tiene cada uno de los buzos. Después tenemos otros dos tanques de emergencia, pero si llego a tener un problema con el compresor de afuera puedo abrir el segundo, y si tampoco ese anduviera, tengo un tercer nivel de emergencia en las espaldas de los buzos" va mostrando Anderson mientras chequea, minuto a minuto, que esté todo bien abajo del agua.

El panorama de la reparación es similar al tanque de la película de Guillermo del Toro La forma del agua, de donde sale el hombre anfibio: los ruidos de la inspiración amplificada bajo el agua, la pileta que da vida al acuario con sus tuberías, conductos y el aspecto de la trastienda del lugar que parece de ciencia ficción.

La vida secreta de los peces

El proceso durará hasta fines de mayo
El proceso durará hasta fines de mayo Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Massobrio

Por fuera del acuario están los tanques donde se filtra y procesan los cientos de litros de agua. Tantos, que era casi imposible reparar su interior de otra manera. Esa es la particularidad de Aquatic Solutions, empresa que no se creó por casualidad, sino porque su CEO era biólogo marino, trabajaba en el famoso acuario de la Bahía de Monterrey en Estados Unidos, y además era buzo. "Conozco la sensibilidad de los biólogos, de los animales y de los requerimientos y materiales que son necesarios para trabajar adentro del agua" explica. La empresa nació en 1991 y a lo largo de los años hizo todo tipo de reparaciones en diferentes partes del mundo. "No es como arreglar una casa. El trabajo que hacemos es único. A lo largo del mundo usamos diferentes técnicas, para diferentes acuarios. Hoy ya tenemos una muy buena receta para de cada problema que pueda suceder". Usan técnicas de pulido, de aspiración y de filtrado para que el concreto no quede en el agua y el proceso sea totalmente transparente. Los materiales también son especiales, desde la pintura hasta la silicona.

El proceso durará hasta fines de mayo. Quienes visiten el acuario en ese tiempo podrán ver a los buzos trabajando durante doce horas consecutivas para dejar las paredes a nuevo. Con una escafandra, un cable por donde pasa el oxígeno, una cámara en la cabeza, una pulidora y una manguera que barre toda la basura para filtrar y reutilizar el agua. Y también a los peces y tiburones, que llevan más de una década andando por allí.

Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Massobrio

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