Como Jada Pinkett. Perdió su pelo por la alopecia, se animó a dejar la peluca y a modelar. “No cambiaría nada”
Denise Cirone (31) es argentina, estudia Animación en París y hace 11 años convive con la alopecia. “Durante años, no me animé a salir a la calle sin peluca”, dice
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La primera calvicie apareció a la altura de la nuca. Era muy pequeña, del tamaño del lunar. Denise Cirone, de entonces 20 años, la encontró casi por casualidad una mañana de 2011 mientras se peinaba. Pero unos meses después, ese primer agujero empezó a replicarse en otros sectores del cuero cabelludo. Al tiempo, el pelo empezó a desprenderse de a manojos. La alopecia, un trastorno autoinmune que produce la pérdida de cabello de manera localizada o generalizada, había empezado a ganar agresividad.
“Fue todo muy irónico: mamá solía decirme Rey León porque tenía una mata de pelo muy pesado, en el colegio me decían mono… ¡Y terminé siendo un pelón!”, dice, entre risas, a una década de esa primera crisis.
Al principio, sin embargo, nada de esto le causaba gracia. Al año siguiente de haber empezado a perder el pelo, perdió las cejas, las pestañas y todo el vello corporal. “Parecía que estaba en quimio. Desde el principio, los médicos me bombardearon excesivamente con medicamentos: inyecciones en la cabeza, corticoides intramusculares, corticoides vía oral, cremas, lociones. El poco pelo que me crecía, crecía atrófico, como si fuera virulana, y lo tocaba y se me caía. Las corticoides me hacían muy mal al cuerpo. Todo esto derivó en una depresión. Mientras, tenía que seguir con mi vida: seguir yendo a la facultad, seguir saliendo a la calle. Era muy difícil”, recuerda hoy, a sus 31 años.

La peluca fue su refugio imprescindible durante los cinco primeros años. Para darle marco a su rostro, cada mañana se pintaba las cejas, pelo por pelo, con un pincel. Decidió dejar de hacer deporte y también empezar a rechazar actividades sociales de verano que incluyeran pileta o playa. Tenía miedo a que se le despintaran las cejas o que la peluca se le corriera.
Pero, más allá de todos las preocupaciones estéticas, Denise tuvo que empezar a luchar contra los preconceptos de la sociedad. “La gente me decía: está todo en la cabeza. Desestresate, que vas a ver como te vuelve a crecer’. Me daban ganas de contestar: ‘desestresate vos’. Todo el mundo hoy tiene algo de estrés, pero cada cuerpo reacciona distinto. Esos comentarios me hacían sentir culpa. Pensaba: ‘entonces, ¿yo me autogeneré esto?’. Yo venía de dos años muy duros, de cambiarme de carrera, de discusiones, temas familiares. Estudiaba dos carreras a la vez: Administración de Empresas y Bellas Artes. Me levantaba a las cinco y volvía a casa a las 11 pm. No escuchaba mi cuerpo. Pero a la alopecia no solo la causa el estrés, está comprobado que tiene un componente genético también. Además, después bajé un montón mi nivel de estrés, y el pelo no me volvió a crecer”, dice.

Denise recuerda un encuentro causal que la llenó de esperanza en medio de sus crisis interna. “Estaba en un casamiento. Y vi salir de la Iglesia a una mujer sin peluca. Era una mujer radiante de 60 años, con un vestido espectacular. Me acerqué y le dije: ‘gracias, te queda bárbaro. Yo no me animo a salir sin peluca’. Y ella me contestó: ‘ya lo vas a lograr, no te preocupes’. Ahí vi que era posible. Igual, me costó años dejarla. Llegó un momento en que dije: bueno, ya me enojé, ya pataleé, lloré. Pero nada de eso me hizo crecer el pelo. Ahora a aceptarlo y seguir adelante”.
La primera vez que Denise salió a la calle sin peluca, lo hizo de la mano de su mamá. Dio una vuelta a la manzana y volvió a su casa. Se sintió observada, incómoda. Pero también liberada. “Al principio me sentía muy incómoda con la mirada ajena. La gente me daba estampitas, diciendo: ’que Dios te bendiga’, pensando que me estaba muriendo. Con la peluca, sentís que te miran porque estás perseguida. Y sin peluca, te miran porque no tenés pelo”, dice y se ríe.
Hoy, cuando le dan estampitas por la calle, agradece, la mira, reza el Ave María y sigue. El proceso fue largo y arduo, pero por fin siente que se acepta y se quiere como es. “Los más graciosos son los chicos. Una vez estaba yendo a almorzar con amigos del laburo y había un grupo de chicos de seis años. Y uno dice: ‘Mirá, un hombre con vestido’. Estallé de risa. Y le dije: ‘¡Soy mujer!’. Las madres no sabían en dónde meterse. Ahí te das cuenta qué asociado tenemos el pelo con la feminidad”, dice Denise, que actualmente vive París, donde estudia Animación.
En los últimos años, Denise participó de dos campañas publicitarias para marcas de indumentaria. La primera fue para Isabel Englebert Studio y la segunda para Divina Bolivia. Lo hizo con el objetivo de concientizar sobre la alopecia. “A partir de las campañas, me contactaron un montón de personas con alopecia, contándome sus historias. Hablé con una chica, que hoy tendrá 16 años. También con mujeres que están casadas hace como 30 años y nunca estuvieron sin peluca con el marido. Muchas me preguntaban cómo lo superé. Muchos me agradecieron. Para mí hablar con ellos fue lo más gratificante”, cuenta. A distancia, reconoce que lo que más la ayudó a salir adelante y a aceptarse como es fue su red de contención: su familia, sus amigas, su novio de ese entonces, y también años de terapia.
A veces, sin embargo, la aceptación y el amor propio le siguen costando. Su confianza en sí misma volvió a flaquear a principios de 2020, luego de haber terminado una relación de 7 años de noviazgo y debió enfrentar nuevamente la soltería. “Cuando ya estaba lista para conocer a alguien nuevo... covid, cuarentena. Entonces, la única opción que había para salir con alguien eran las apps de dating. Me costó muchísimo hacerme el perfil de Tinder. Mi ex novio me conoció con pelo y me acompañó en todo el proceso. Y yo me preguntaba: ¿va a haber alguien que me vea atractiva? Fue muy difícil. Y dije bueno, pongo una foto con peluca y después una sin. He tenido comentarios desagradables de hombres y súper dulces de otros”, comparte.

A su actual novio lo conoció por una aplicación. Con él se sintió cómoda desde el primer momento. “Odio Tinder, pero le agradezco. Cuando conocí a mi novio, me dijo: ‘vi tu foto sin pelo y me encantó’. Y me contó que siempre le atrajeron las mujeres con pelo corto. Y le dije: ‘Bueno, exageraste un poco conmigo, porque directamente no tengo”, dice, entre risas, desde su departamento parisino. Allí, en la capital de Francia, se siente menos observada cuando camina por la calle.
Nunca fue de mirar los Oscars. Pero hace pocas semanas vio por las redes lo que sucedió en la última edición del premio, cuando el presentador Chris Rock hizo un chiste sobre la alopecia de la productora y actriz Jada Pinkett Smith y su marido, Will Smith, subió al escenario para golpearlo.

“Me parece muy interesante la visibilidad que tuvo la alopecia con una portavoz famosa. Cuando me enteré de la noticia, se la mandé a mi novio y le dije: ‘Mirá qué interesante’. Y él me respondió: ‘Uy, ¿viste el video de la cachetada? -se ríe-. Me di cuenta de que terminó teniendo más eco la cachetada de Will Smith que la misma Jada. La atención se fue a algo muy superficial. Podría haber sido una gran oportunidad para comunicar mejor desde otro lugar, y no desde el cholulaje”, opina.
Hace tiempo que Denise tiene especial interés en empezar a tomar un rol activo en la concientización sobre la alopecia. Quiere inspirar a otras personas que lo sufren con su propio testimonio de superación, tal como lo hizo cuando participó en las dos campañas.

Ella afirma que no cambiaría en nada el camino que la llevó hasta el presente: “Hoy soy la mujer que soy por todo lo que viví. La alopecia me hizo trabajar mucho mi autoestima. Bajé mucho el nivel de exigencia. Era muy autoexigente. Y la verdad es que, al final, a las notas del boletín se las lleva el viento. Aprendí mucho sobre mi cuerpo. Antes, siempre ponía el cuerpo al límite, en el sentido de la exigencia. Estudié arquitectura y a mi cuerpo lo dejé en el plano número 10. Recién ahora estoy bien. Me sigue costando un montón, pero siempre tuve una fuerza de voluntad enorme y eso fue lo que me sacó adelante. Todavía sigo aprendiendo a relacionarme con mi cuerpo y a hacerle mimos. Con la alopecia aprendí a decir: hasta acá puedo”.










