
Solo en 2015, en el registro de perros de raza se inscribieron 11.285 cachorros de bulldog francés –comprados a un promedio de $ 20.000–, lo que ubicó a esta especie en el primer puesto en el ranking de elegidos. ¿Cada época tiene su perro preferido?
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Por José Montero
Definitivamente el bulldog francés es el perro de moda, como en las novelas de Philip Marlowe estaban de moda los criados filipinos. Ahora, ¿qué hizo que la mascota del deseo, la compañía canina por la que algunos pagan hasta $ 45.000, llegara al pedestal más alto? La respuesta la tenés en la punta de la lengua: medios, publicidad, marketing. Manija.
En la década del 50, la serie de televisión Rin Tin Tin hizo que los chicos lloraran por el ovejero alemán. Otro programa, Lassie, causó furor por el collie hasta los 70. En el medio, la película 101 dálmatas (aquí llamada La noche de las narices frías) aumentó las acciones de los perros moteados cual mapa del Mar Adriático con sus infinitas islas. Películas ochentosas nos trajeron al doberman y su presunta fama de asesino. Los 90 fueron el tiempo del labrador y del golden retriever como accesorios perfectos para completar la postal de la casa en el country (o el sueño de tenerla), y la crisis de inseguridad post-2001 motivó que muchos se pertrecharan con razas grandes potencialmente peligrosas: rottweiler, pitbull, dogo argentino, etcétera. Las consecuencias todavía se ven hoy con numerosos ataques a personas. En abril, un tribunal de La Plata condenó a ocho años de prisión, por homicidio simple, al dueño de un pitbull que mató a un chico de dos años. La sentencia todavía no está firme.

<b>LA ERA DE LOS CHIQUITOS</b>
El riesgo de los animales grandes, sumado a otros factores (como el alto costo de alimentarlos y la cantidad de espacio que necesitan, cuando la mayoría de la población vive en departamentos), hizo que en la última década el péndulo mascotero volviera hacia los perros chicos. Tuvieron su cuarto de hora el pug, el chihuahua, el caniche toy, el beagle. Y muchos siguen eligiéndolos, como otros siguen optando por razas que fueron populares y ahora no se ven tanto, como el siberiano. Pero el rey, el it dog, el supremo monarca del mondo cane es hoy el bulldog francés, esa bestia que, de tan fea, da ternura, y que rara vez ladra. ¿Será que se expresa mediante una voz en off (en francés, obvio)?
La Federación Cinológica Argentina (FCA) lleva el registro genealógico de los perros de raza y garantiza el certificado de origen, o pedigrí, de cada animal. El presidente de la entidad es Néstor Frascino, un abogado que dedicó 30 años al cocker inglés. Planilla en mano, confirma que el bulldog francés fue en 2015 la raza con mayor cantidad de cachorros inscriptos: 11.285 sobre un total de 67.534 (global que abarca más de 120 razas). El segundo puesto del ranking lo ocupa un clásico, el ovejero alemán, con 8.497 inscriptos. Ninguna de las razas que les siguen en orden decreciente supera los 3.500 cachorros.
Los números indican una realidad parcial, la de los perros que fueron comprados en criaderos oficiales y cuyos nuevos dueños inscribieron el pedigrí en la FCA. Quedan afuera los animales “con papeles” cuya adquisición no fue anotada (se hizo el 08, pero no la transferencia, si los comparamos con los autos) y los provenientes de un sinfín de criaderos truchos.
Frascino dice que el bulldog francés está de moda no solo en Argentina, sino en el mundo. Y apunta un dato: la preferencia actual es hacia los perros pequeños de pelo corto. Nadie quiere pasar horas cepillando el bicho. Antes, agrega, los criadores tenían otra actividad. No vivían de la venta. La comercialización de cachorros servía para solventar un hobby caro. Sin embargo, concede: “Mucha gente se puso a hacer esto comercialmente después de la crisis de 2001; crían bien, pero además viven de la cría”.

<b>LADRIDOS PRIME TIME</b>
¿Cómo fue que explotó el bulldog francés? Según distintas fuentes, la raza ya existía acá alrededor del 2000, la cría aumentó a partir de 2006 y el boom se produjo en 2011 a raíz del programa de Tinelli, donde Peter Alfonso le regaló en cámara a Paula Chaves un cachorro llamado Moro, proveniente del criadero El Cuervo, de Ezeiza. En poco tiempo, Moro fue uno más de la troupe, como el Mago sin Dientes o el Negro de Zaire.
El Cuervo no llegó a Tinelli por la afición sanlorencista (aunque después resultó un dato fundamental), sino a través de una marca de alimentos para mascotas que pautaba sus PNT en el ciclo. Para mostrar el producto necesitaban cachorros; El Cuervo los puso gustoso y así obtuvo publicidad a cambio de animales.
No obstante, en El Cuervo explican que el fuerte de ellos son los perros grandes (dogo de Burdeos, cané corso, entre otros). Habían sumado al bulldog francés por gusto personal, no lo criaban en forma intensiva. “De pronto recibíamos 150 llamados y no teníamos un cachorro para vender. Vendieron todos los demás gracias a nosotros”, dicen.

Una de las beneficiadas fue Eva Borasi, dueña del criadero Tesoros y Miniaturas, especializado en razas chicas. Reconoce la influencia de El Cuervo y de Tinelli, pero los critica: “A mí me pedían perritos del programa y yo nunca quise. No los presto porque no son juguetes”. Eva arrancó con el bulldog francés en 2010. Dice que trajo a sus reproductores de Hungría, Brasil y Estados Unidos, pagando de US$ 5.000 a US$ 10.000 cada animal. Eso la habilita a pedir por sus cachorros entre US$ 2.000 y US$ 3.000.
Lejos del techo de Eva, pero con un número similar al piso, Andrés Armelín, del criadero Prados y Praga, ofrece a sus hembras frenchies en $ 30.000 y a los machos en $ 20.000. ¿Por qué la diferencia? Por el vientre. Ellas pueden tener camadas de cinco cachorros promedio. El semen, de última, se compra.

La inseminación artificial es la moneda corriente. Muy pocos machos llegan a montar a las hembras, porque las patitas cortas y la barriga prominente se los impide. Una opción es que los dueños los ayuden. Andrés, más práctico, resuelve el problema “a mano”. Los masturba, recolecta el esperma en un frasco esterilizado y lo congela. Cuando la hembra entra en celo (dos veces al año), la preña con la ayuda de una pipeta para inseminar vacas, convenientemente acortada, y una jeringa. ¿Sexo real? Ni hablar. Andrés dice que, en 10 años que lleva criando bulldogs franceses, uno solo de sus machos pudo montar. Fue algo tan raro que le sacó fotos.
El período de gestación es corto: 60 días. Los nacimientos son siempre por cesárea. El canal de parto es estrecho, los cachorros sufren en la parición natural y capaz que la mitad de la lechigada muere. Para que quede claro: el bulldog francés no existiría ni persistiría sin la intervención del hombre. Es una raza creada a fines del siglo XIX, en Gran Bretaña, a partir de otras, entre ellas el bulldog inglés.

El bulldog francés es un perro muy tallerista. Va al veterinario con frecuencia. Suele tener problemas respiratorios (derivados de su trompa achatada) y roncar como un vikingo. También se enferma de la piel y de los ojos.
Para la inmensa mayoría de la gente que tiene mascotas, la realidad es otra. El perro más común en Argentina es el mestizo. El marca perro. Como Balcarce, que llegó a sentarse en el sillón presidencial de la mano (o de la correa) de Mauricio Macri. Mientras los criadores enarbolan las banderas de la genética, la belleza y la estirpe, los proteccionistas insisten con sus latiguillos: adopción, castración, no a la cría, no al negocio.
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