
Con estilo romántico
Siempre envolventes y poco disciplinados, estos jardines evocan un clima de evasión e intimidad. Además, montan una escenografía misteriosa, con límites imprecisos y mágica
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El diseño de un jardín se basa en la conjugación de tres premisas: la técnica, que se traduce en saber seleccionar las plantas adecuadas; la funcional, que permite sectorizar el lugar a fin de sacarle provecho, y la estética, que significa equilibrar zonas frondosas y desérticas con colores y texturas. También es importante el estilo: esa cualidad que transforma el diseño en mensaje.
Uno de los estilos más destacados es el romántico. Surgió en Inglaterra como reacción ante la dureza del jardín francés y su lema de naturaleza domesticada (plantas y arbustos se moldeaban según el gusto del hombre).
La privacidad es un aspecto clave en todo ambiente romántico. Para lograrla, deben ocultarse cables de luz, piletas, entradas de autos o parrillas, entre otros. En los jardines urbanos, la intimidad se logra con las paredes, pero, para evitar la sensación de encierro, será preciso disfrazarlas con pinturas, murales, frisos o molduras. No conviene hacerlo con arbustos, ya que sólo se consigue superponer barreras visuales desperdiciando espacio y recursos económicos. La altura de las paredes puede disimularse con la ayuda de pérgolas, toldos o árboles que definan el sector buscado según la escala humana. Ocultar los límites es sólo el primer paso para obtener una atmósfera romántica. Le sigue la creación del misterio, que invita a recorrer y descubrir el espacio. Es fundamental establecer áreas que no puedan ser vistas simultáneamente. El recorrido debe definirse con barreras visuales (por ejemplo, cercos podados o libres, paredes de treillage con enredaderas). Así, se dará la ilusión de estar en un jardín más grande, de múltiples zonas y límites invisibles.
Para que sea verdaderamente romántico, tiene que transmitir vivencias a quien lo visita. Al final de una curva y escondida entre las plantas, puede colocarse una escultura; un bosque tupido desembocará en un claro, y un camino formal, en un prado de flores silvestres.
En esos casos, la plantación debe ser difusa, con varias capas superpuestas. Habrá plantas que se extiendan fuera de los canteros y desdibujen los bordes de los caminos o esculturas semicubiertas por la vegetación. Las variedades deben ser especies antiguas, perfumadas y simples, tonos suaves.
(Esta nota es una producción especial de la revista Jardín para LA NACION)
JARDIN sugiere
- Entre los arbustos de floración elija rosa, fucsia, camelia, azalea y jazmín del Cabo. Como pantalla utilice laurel, boj y viburno
- Las mejores enredaderas: ampelopsis, clematis, rosal trepador, glicina y jazmín.
- Herbáceas como campánulas, salvias, margaritas, lirios y gauras son ideales para los jardines muy románticos





