
Con Internet cerca de la cama
1 minuto de lectura'
El hotel alojamiento al estilo de las películas de Olmedo y Porcel está en decadencia, especialmente para los jóvenes. En cuestiones que van desde lo estético a lo funcional, el famoso albergue transitorio hoy trasciende la idea de la trampa, de lo promiscuo y lo prohibido.
Ya hay más opciones a la salida erótica setentista de formas faraónicas con templetes griegos, fuentes de agua, alfombras, luces rojas, aparatosos espejos en los techos y ese barato perfumito a telo que es toda una marca registrada. Con la crisis económica, los cambios de consumo y la idea de atraer a la clientela más joven, los dueños de los hoteles alojamiento (un invento que se dice argentino y que se piensa ya en exportar) empezaron a poner en práctica otras formas para el encuentro dentro de cuatro paredes. Para empezar, como música funcional ya no se escuchan sólo versiones de clásicos instrumentales melosos. En las habitaciones hoy también suenan Los Redondos o un enganchado de reggaes por alguno de los canales de música; así lo programó, por ejemplo, uno de los hoteles más antiguos de Buenos Aires, el Tú y Yo, frente a la estación de trenes de Floresta.
Y esto no es nada si se piensa en cómo la tecnología está entrando en las habitaciones. Hay hoteles que ofrecen con cada turno el uso de Internet (Zeta), pantalla gigante con fútbol codificado, DVD a la carta (Hotel General Paz), Play Station (ETC), minicomponente y una pila de CD, cámaras Polaroid para uso exclusivo del cliente (Las Brujas de Rosario), y hasta cama solar (Faraón).
Pero el detalle que muestra la mayor apertura social del hotel alojamiento ha sido la muestra itinerante de los cuadros eróticos de Mariano Lucano, una apuesta de la compañía Prime organizada junto con los hoteles General Paz, Del Bosque y ETC. También la actriz Laura Oliva llevó su obra de teatro Todos tenemos problemas sexuales, al Hotel ETC, en el barrio de Belgrano.
Mientras desde el diseño lo kitsch retrocede, en estos hoteles avanza la onda minimalista.Grandes espacios, menos ornamento, luz natural y velas. Habitaciones que tienen más que ver con lo doméstico que con la fantasía alfombrada del oscuro templo del deseo. Hoy, el telo sale a la luz mucha veces. Algunos hoteles cambiaron sus ventanas de vidrios esmerilados por puertas que dan a algún jardín privado con yacuzzi al aire libre y hasta piscina personalizada (Le Village). Entre los cambios, y por razones de seguridad, se reemplazaron las volátiles tiritas que cubrían los garages por portones automáticos. Aunque algún dueño tramposo señale que también fue para evitar las marcas que dejaba la tierra sobre los techos de los autos.
"En un lugar lindo es difícil que no haya sexo -dijo Fabián Uriarte, diseñador y administrador del hotel El Bosque, considerado uno de los precursores en la nueva estética "hotelera"-. La gente agradede que exista luz natural en las habitaciones. Y la idea es tratar de brindar a la juventud esa imagen de sexo sano".
Pero como hay de todo para todos los gustos, también se mantiene la onda de las habitaciones temáticas con cuartos transformados en aulas, naves espaciales, establos; algunos con acceso a juguetes, juegos de mesa, disfraces y sillones para todo tipo de práctica (el Dallas, por ejemplo, muestra en su página de Internet al sillón erótico).
La crisis también consiguió que los dueños de los albergues transitorios alargaran la duración de los turnos: ya no son sólo de hora y media sino también los hay de ocho horas. Y si bien una de las reglamentaciones de este tipo de hotel es no ofrecer comida, algunos atraen al cliente del mediodía con un mini almuerzo. En hoteles de Capital y del Gran Buenos Aires es posible encontrar habitaciones que cuestan desde 21 pesos hasta cerca de 200.
Puertas adentro, el famoso telo confiesa las mil y una excusa. Hay parejas que pasan en una habitación toda la tarde del domingo, también se celebran noches de boda, y en algunos casos, esas horas han servido para apurar una madrugada de partido mundialista.
La condición primordial de un hotel alojamiento: entrar de a dos y nunca salir de a uno. Los que adhieren a la tendencia swinger igual encuentran su lugar: de a poco aparecen aparts hoteles que no figuran como albergues transitorios, pero que permiten la entrada hasta cuatro personas.
Si bien los dueños de los hoteles alojamiento de la Capital cuentan que tienen fuertes reglamentaciones que respetar (a partir de una ordenanza de la época de la dictadura), hubo en los últimos años un cambio significativo: ya no se trata de habitaciones para "parejas de distinto sexo" sino para "dos personas". Y existe la obligación de poner sobre la mesita de luz un preservativo.
En uno de los hoteles, el gerente mostró su poder a través de un programa computarizado con el que controla los movimientos del conserje y el tiempo de entrada y salida de las habitaciones, tanto de las parejas como de las mucamas. Hay dobles pasillos y lucecitas indicadoras de habitaciones vacías y ocupadas. Pero el límite, el espacio para la intimidad, lo impone la luz roja: ahí decide el cliente.






