Con un abrigo gastado y collar apareció mientras paseaba a su perro, lo rescató y ocurrió algo inesperado: “Parecía que conocía la casa”
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Ese domingo no fue un día típico de fin de semana en la casa de Claudio y Cecilia, en General Pacheco. El frío era punzante y el silencio en el hogar todavía recordaba a Falkor. El querido compañero de cuatro patas de la pareja había partido poco tiempo antes en un accidente doméstico que dejó una herida abierta. Claudio salió a pasear a Lars, otro de sus perros, por la avenida Boulogne Sur Mer, sin imaginar que el destino ya había movido sus piezas.
Frente al shopping Novo Pacheco, apareció él: un cachorrito de unos 6 meses con signos evidentes de sarna, un chalequito gastado y un collar. Claudio buscó con la mirada a un rostro responsable, pero no encontró a nadie.

“Mi primer pensamiento sugirió que tenía tutor y estaría a unos metros de allí”. Sin embargo, cuando levantó la vista, la realidad era otra. “No había nadie”, recuerda con tristeza. Pero lo que siguió fue lo que él define como una conexión “inexplicable”. El cachorro, lejos de tener miedo, conectó de inmediato con Lars. En medio del frío, empezaron a jugar como si se conocieran de toda la vida.

Claudio no pudo dejarlo solo y se las ingenió para lograr que el pequeño perrito lo siguiera en su trayecto. “Desde ese momento, nos acompañó en el paseo e intentó ganarse el cariño de cada persona que cruzábamos. Mientras tanto, yo buscaba a su familia, pero perdía la esperanza con cada paso que dábamos”.

Así fueron hasta una suerte de sendero entre las vías y la calle Groussac hasta que llegaron al puente que debían cruzar para volver a casa. “Claro estaba que no podía dejarlo solo en ese lugar y con semejante frio así que lo llevé directamente conmigo”.

Una vez bajo techo y al activar las redes sociales para intentar encontrar a su familia, la historia de “Aldo” —ese resultó ser su nombre real— empezó a revelarse. Iara, una chica que trabajaba en una estación de servicio en Torcuato, a tres kilómetros de allí, lo reconoció. Ella lo había rescatado, le había comprado su saquito y lo cuidaba en una caja. Aldo había sido dado en adopción, pero lo habían devuelto apenas un día después porque había roto un almohadón.

Sin embargo, en la casa de Claudio, el panorama era distinto. “En cuanto entró, daba la sensación de que ya había estado ahí, que conocía los rincones. Desde el minuto cero sentimos que él y Lars se reencontraron nuevamente; que sus almas habían elegido el mismo lugar y que el alma de Falkor había encomendado que él apareciera en ese lugar”, relata Claudio con emoción.

La llegada de Aldo planteaba un desafío: ya había tres perros y dos gatos en la casa, y la familia tenía un viaje programado para el mes siguiente. Pero el espíritu “comprador” de Aldo derribó cualquier duda. “Tuvimos días de una dicotomía total por el viaje y la cantidad de animales que estaban bajo nuestro cuidado, pero las andanzas de Aldo y sus gestos, que nos recordaban tanto a Falkor, nos ganaron el corazón”.

Incluso el miedo de Aldo al agua parece un puente místico. Falkor -que ya estaba mayor y tenía problemas neurológicos- había muerto ahogado en la pileta de la casa tras desplomarse luego de un infarto. “Salió a hacer pis a la mañana y creemos que tuvo algún percance en su corazoncito y se cayó a la pileta. Cuando salí tres minutos después y lo vi, era tarde. Lo saqué e intente reanimarlo, pero fue en vano. Fue uno de los momentos más duros que me tocó atravesar”.
Aldo, sin razón aparente, manifiesta un temor profundo a los colectivos, camiones y, sobre todo, al agua. “Son esas conexiones cósmicas de los peludos de cuatro patas”, reflexiona su adoptante.

Hoy, Aldo es un integrante indiscutido de la “banda” de Pacheco, que ahora suma ocho integrantes con la llegada del gato Truji. Sus días transcurren entre largas siestas —en las que se hace el distraído para no levantarse— y juegos intensos con Lars y Luna. Aunque sigue siendo un experto en hacer pozos en el jardín, su capacidad para disipar cualquier mal día es su mayor talento.



“Es un alma libre que irradia felicidad. Si tu día viene mal, Aldito lo va a mejorar. Por eso, con Cecilia decimos: Don’t worry, be happy... be Aldi“, cuenta Claudio. Quien visita la casa sabe que terminará con el perro a upa: “No importa el cómo, pero lo va a lograr”.

Aldo, el perro que caminó tres kilómetros desde una estación de servicio para encontrar su verdadero hogar, hoy camina por la vida con la inocencia de quien sabe que, finalmente, está donde siempre debió estar.
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