
Conocerse es la clave
Parece contradictorio, pero no: la espiritualidad tiene que ver con una forma de pensar. Así lo cree Florencia Raggi: mujer, madre, actriz y ama de casa... con los pies en la tierra
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Hábil, en plena charla sobre inteligencias especiales ligadas a la espiritualidad y demás mecanismos para cuidar cuerpo, alma y emociones, ella –siempre con dibujada sonrisa– aclara con vehemencia que no es fundamentalista, que hace todo, pero que no se casa con nada. Que descree de los secretos bien guardados, las técnicas salvadoras y todo aquello que suene mágico y determinante.
Florencia Raggi (39) pide un café con leche bien espumoso y comienza a contar su recorrido espiritual, o como quiera llamarse, que ahora va por el lado del pensamiento analógico, aunque de eso se encargará con más soltura ya casi finalizando el encuentro. "Es que no es fácil explicarlo con unas pocas palabras. Se trata de un entrenamiento que busca llegar a un pensamiento natural, parecido al que aplicábamos cuando éramos chicos, potenciando la intuición y ejercitando la concentración. Es un pensamiento sin forma porque se desarrolla a partir de incentivar aquella instancia del campo mental aún no condicionada por lo formal", desliza con naturalidad.
¿Y esto cómo se traduce en la vida diaria? ¿Qué buscás?
Conocerme. Desde los 18 años que pruebo diferentes artes, ciencias, sistemas, filosofías si se quiere. Empecé con el yoga y sus variantes, desde el más suave y estático hasta el más power. Medité, empecé a estudiar profesorados, hice diferentes terapias alternativas, leí sobre religiones comparadas, seguí a diferentes gurúes y terminé el curso de milagros. Me hizo bien, pero la realidad es que no me hice fanática de nada. Creo que el fin de todo este abanico de opciones es el autoconocimiento; tomar conciencia de uno mismo. E insisto en eso de no llevar la bandera de nada. Ni siquiera soy vegetariana.
Eso suena original.
Lo lamento: yo necesito comer carne. En su justa medida, claro. Pero siento que me hace bien.
Ahí, según dicen los expertos, entra el escucharse. Entender lo que el cuerpo necesita.
Y bueno. No creo que lo espiritual sea mejor que el cuerpo. Me parece que el cuerpo es una expresión de lo espiritual y que somos espíritus encarnados en este cuerpo y con esta mente. Adhiero absolutamente a eso de escucharse y respetar los momentos. De hecho lo apliqué con mi carrera. A los 23 años, en plena cresta de la ola, abandoné el modelaje. Ya no me sentía cómoda; era algo que lo sentía acá [se señala la boca del estómago]. Y dejé. Ya venía estudiando teatro, pero inmediatamente puse mis deseos y energía en eso. Poco a poco fue saliendo.

No es sencillo el paso de la modelo top que un día quiere que la vean como actriz. Vos encima tenías el condimento del novio famosísimo, híperexpuesto…
No fue fácil, no. Pero lo elegí y finalmente fue una prueba. En algún momento pudo molestarme tener que haber trabajado el doble para demostrar tal cosa, entonces sí, quizá me la agarré con esa burbuja tan irreal que es el mundo del modelaje. Ahora miro hacia atrás y veo una chiquita que surfeó muy bien aquellas olas. Que gracias a su primera profesión pudo conocer el mundo, divertirse, ganar su dinero, admirar gente y ponerse objetivos. Estuvo bueno, tuve la claridad para avanzar, parar y direccionar.
¿Con Nicolás [Repetto, su marido] comparten este pensamiento?
Sí, claro. Pero lo de él es muy especial. Yo estoy un poco cansada de escuchar gente que pregona, alecciona, bla, bla. Con conocimiento limitado se habla hasta el hartazgo. Por eso empecé este reportaje con bastante precaución. A mí sólo me interesa contar lo que considero importante, que es la decisión de buscar más adentro que afuera. Listo. Porque la realidad es que hay mucha paparruchada. A veces me canso, siento que se está manoseando la palabra energía, buena onda, new age.
Y Nico cómo entra en todo esto. ¿Querés decir que es muy crítico de toda esta movida?
No. Lo que quiero decir es que hay gente que habla mucho y no lo aplica. En cambio a Nico no le interesa para nada el tema ,pero hace mucho más que aquellos. Intuitivamente busca el conocimiento. Es muy profundo, sabe escucharse como si hubiera hecho ocho mil cursos. Es un autodidacta. Nosotros creemos en la honestidad, en ser auténticos. Ni siquiera nos casamos por iglesia y nuestros hijos no están bautizados.
¿En qué creen?
Personalmente, en una energía superior. Me parece un error buscar afuera lo que para mí sin dudas está adentro. Tampoco creo que una mágica solución nos venga a ayudar.
¿Los milagros no existen?
La vida es un milagro. Que dos semillitas formen un ser es un milagro; que crezcan las plantas. No descreo de lo milagroso, pero lo hacemos nosotros mismos.
¿Cuándo fue la última vez que rezaste?
A los 18, cuando me quité las ataduras y la culpa que inculca la religión católica.
¿También te liberaste de los miedos?
Eso es medio imposible. Todavía hay mucho trabajo por hacer. Pero si sos madre, tenés una familia divina y seres que amás resulta inexorable el tema de los miedos. Trato de no pensar en aquellas cosas que no quiero que pasen. Y es un poco lo que practico en la Escuela de Desarrollo del Pensamiento Analógico. Se llama CNF [por Carlos Norberto Ferruelo, su fundador] y lo resumo como un camino de libertad para la ampliación de la inteligencia formal e intuitiva. Implica un cambio en el modo de conocer.
¿La idea es ser más feliz, más bueno, más sabio?
Yo busco el conocimiento. Poder elegir y vivir mejor. El conocerse más es la clave de todo, me parece.
Siempre agregás el me parece.
Es que justamente no quiero dar lecciones de nada. Además, no es que estoy todo el tiempo con esto. Voy a estas clases así como también hago cross fit, que es una gimnasia muy guarra, de mucha fuerza, que me ayudó muchísimo a construir el personaje de mi próxima película. Y me enojo, me desenojo, tengo momentos fabulosos y otros no tanto con mi pareja. Como todo el mundo. Tampoco es que porque practico esto me transformé en un ser elevado o distinto. Soy madre, actriz, ama de casa, con todo el caos que significa eso. Estoy intentando cocinar y me fascina el mundo de los vinos, además de beberlo, claro. No adhiero a ningún prototipo de mujer, sino a la que uno va pudiendo ser, a fuerza de prueba y error.
Convengamos que está en alza el prototipo lo puedo todo. La madre múltiple que vuelve al gym a los tres días del parto, que trabaja, va a los actos del colegio y es perfecta esposa…
¡Ja! Bueno. Me interesa el tema. Me parece que todo se empieza a resolver con una pregunta, y es ¿qué quiero? Si hay mujeres que son felices teniendo mil quinientos chicos y esforzándose como locas para llegar a todas partes, lo celebro. Pero el tema es saber si realmente lo disfrutan. En mi caso, sé que con Renata (13) y Francisco (11), que están entrando en la adolescencia, más el tiempo que de a momentos me quita mi profesión, es más que suficiente. Voy balanceándome, y así soy feliz.
¿Te falta algo?
No. Me siento muy afortunada. El trabajo, la familia hermosa que con Nicolás formamos hace 17 años. Son cosas que me sucedieron y agradezco. No hay fórmulas. Bueno, tal vez sí: quererse. Y eso va trascendiendo cualquier crisis y cortocircuito que, como dicen de las brujas, que los hay, los hay. Pero seguimos nuestro camino, pasando pruebas, que siempre son interesantes.
MUJER FUERTE (Y MALA TAMBIEN)
Le encanta el cine. Ganó premios con La antena, de Esteban Sapir, y Tres deseos, de Vivian Imar y Marcelo Trotta. Próximamente se la verá en Mala, película de Israel Adrián Caetano, con quien siempre quiso trabajar. "Hago de una justiciera a sueldo que mata hombres que maltratan o abusan de otras mujeres. Muy fuerte. Para ese papel tuve que prepararme mucho, sobre todo físicamente. La experiencia superó mis expectativas. Fue un máster. Él es muy buen director, se disfruta muchísimo." Paralelamente, acaba de terminar de rodar otro film, Dulce de leche, de Mariano Galperín, y participará de Historias clínicas, unitarios históricos escritos por Felipe Pigna.






